Contraloría social

En momentos de incertidumbre como estos en los que sobrevivimos es cuando más se necesita que la gente se interese por las cosas públicas, que participe activamente, que no se quede de brazos cruzados, que sea políticamente activa sobre todo en materia del combate a la corrupción.

La participación mejora la calidad de la democracia, mejora la responsabilidad de la ciudadanía, es la mejor forma de combatir el clientelismo y el uso patrimonial del Estado, reduce tanto la corrupción, como la exclusión social y fortalece la institucionalidad. Observo una tendencia preocupante a creer que la lucha contra la corrupción es sólo una responsabilidad gubernamental y a ver el combate a la corrupción casi exclusivamente en sus aspectos judiciales.

Por eso creo que entre las muchas maneras de participar que existen, la más necesaria en estos momentos es la que llaman “contraloría social”. ¿Qué es controlaría social? Es la vigilancia que pueden ejercer los propios ciudadanos en un sistema democrático. Exigir que las informaciones sobre los asuntos del Estado sean accesibles a las mayorías, hacer más transparente la toma de decisiones sobre compras, contratos y actividades legislativas.¿Qué ventajas tiene la contraloría social? Hace más efectivas y eficaces las tareas legislativas, del Gobierno, de los síndicos y regidores; también permite optimizar los recursos del Estado y hacer de los mismos un uso más acorde con las necesidades de la población.

Reduce la corrupción y se puede convertir en una mejor forma de evaluar la calidad de los funcionarios y las gestiones gubernamentales. Así la ciudadanía puede tomar sus decisiones a la hora de votar de manera más informada sobre el desempeño de los funcionarios de cada partido.

¿Cómo hacer la contraloría social? Hay muchas formas, en lo inmediato es importante demostrar que somos numerosas las personas dispuestas a enfrentar la corrupción, para lo cual hay que sumarse a las organizaciones que reclaman transparencia en sus diversos ámbitos de acción.

Hay que conocer las herramientas disponibles, como la ley de acceso a la información pública que obliga a los funcionarios a dar cualquier información que se le solicite sobre las compras, licitaciones y adjudicaciones.

También el decreto 39-2003 que crea las comisiones de Auditoria Social, lo que permite que las comunidades organicen comisiones para velar porque las obras que se realicen con fondos públicos se hagan según el tiempo planeado, usando los recursos estipulados en el proyecto y según el cronograma establecido. En estos momentos necesitamos un Estado responsable y transparente, y una ciudadanía activa, vigilante, dispuesta a defender los fondos públicos porque son fondos nuestros, propios, de todos.

Ramón Tejada Holguín

De fieras, ley de la selva y padres de familia

Las instituciones son esencialmente reglas, pautas de conducta, formas de relacionarse la gente basadas en los comportamientos esperados.

El análisis del transito vehicular es un gran laboratorio para ver cómo funcionan las instituciones y para explicar con el ejemplo la importancia de estas.

Verbigracia la circulación de vehículos a la derecha. Si cualquier persona puede decidir si circula a la derecha o a la izquierda, cuando se encuentren de frente ninguno tendrá certeza de cuál de los carriles tomará el otro, por eso hay una regla de que se debe manejar a la derecha, si todos respetan dicha regla, no habrá colisiones entre vehículos que vienen de frente. O sea, cuando hay instituciones que se respetan, las relaciones entre los seres humanos se hacen más fluidas, menos costosas, de menor nivel de riesgos y con menos enfrentamientos.

Las razones de circular a la derecha y no a la izquierda tienen que ver con tradiciones y convencionalismos. En Gran Bretaña, y algunos de los países que fueron su colonia, se circula a la izquierda, y no hay evidencia de que existan mayores o menores accidentes que en los países que se circula a la derecha. Imaginemos por un momento que la decisión de guiar a la derecha o a la izquierda dependa de cada persona, el número de accidente irá en aumento, uno no estará seguro para dónde moverse, la gente estará nerviosa e irritable, el costo en términos psicológicos de manejar sería mucho mayor del que ya es.

Esto aplica en el ámbito general, y particularmente el estatal. En nuestro país hay muchos accidentes estatales porque hay gente que se cree más diestra en el manejo que las demás, confía demasiado en sus propias habilidades y quiere adaptar las normas a su visión particular y propia. Una institución lo que hace es pautar un tipo de comportamiento esperado en situaciones similares. Si dos vehículos vienen de frente, lo normal es que cada uno tome su derecha, así evitan un accidente.

Lo necesario es crear instituciones, reglas del juego, que normalicen el comportamiento de quienes ejercen una función pública, que cuando se vea en una situación determinada, el comportamiento esperado esté claramente establecido, sea la persona honesta o no. El caos en el transito vehicular dominicano parecería ser una metáfora de la ausencia de reglas claras y respetadas por todos. El problema de la institucionalidad dominicana es que las excepciones a la reglas son más que las reglas. Aquí el dicho es inverso: “toda excepción tiene su regla”.

Sí, en el país hay expertos en excepciones. Por ejemplo, La Ley no. 114-1999 que modifica y amplía la Ley 241 sobre transito de vehículos dice en el tercer párrafo del artículo 161: “Igualmente, todo vehículo de motor que transite por las vías públicas deberá estar provisto de tantos cinturones de seguridad como capacidad de pasajero tenga en los asientos delanteros, cuyo uso será obligatorio, con excepción de los autobuses, así como de los carros del transporte público urbano”.

El chofer de carritos del concho que se para donde quiera, que rebasa como le da su santa y real gana está exento de respetar una disposición de transito que puede salvar su vida y la del pasajero. Sospecho que la filosofía que está detrás de está excepción es que por encima de todas las reglas y las leyes está la búsqueda del sustento. Idea que en apariencia parece buena, pero que es perniciosa, porque es como aceptar que la Ley de la Selva está por encima de la racionalidad humana y la moral. Las fieras tienen derecho a comerse a los débiles porque ellos, los indefensos, son el sustento de las fieras.

Ya sé que entre quienes me leen de vez en cuando, hay gente pensando que voy a comparar ciertos servidores públicos, incluyendo secretarios de estado y otras yerbas aromáticas, con fieras que aborrecen de las reglas humanas. Pero en realidad me pregunto: ¿Nosotros a quienes no quieren comer estas fieras seguiremos de brazos cruzados?

Ramón Tejada Holguín
4 de Julio 2007