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Diminutos espacios homogéneos

Hay quienes crean espacios diminutos en los que solo caben quienes comparten las mismas ideas.

Las redes que ponen en contacto con el mundo y la diversidad son usadas para excluir y satanizar. 

Es como si la homogeneidad deviniere en espíritu de la época.

Paradójico: en un mundo con tantos medios y redes para expresar y confrontar ideas, hay tendencia a una sordera elegida, autoimpuesta. 

La conversación parece ir hacia un olímpico desencuentro con la racionalidad y la reciprocidad verbal.

Vemos a la sinergia huir despavorida por la boca y lengua de quienes creen tener la razón absoluta, y condenan a quienes no son como ellos y ellas.

No hay primera piedra que tirar, sino ideas que enfrentar y contrastar, conclusiones a la cuales llegar en base a un dialogo franco.

La democracia es debate, convergencia de lo disímil, ideas sin dueños o dueñas que se enfrentan... con argumentos. Ideas que no debe importar quien las postule, sino su validez intrínseca.

Hay amistades y cariños que la historia, no la histeria, deberá absolver, que no absorber.

Propicio es este momento para escuchar a Dave Mason y su We Just Disagree: "No hay un tipo malo, ni hay un tipo bueno, es que simplemente no estamos de acuerdo”

Obviamente esta historia debe llamarse la muela del juicio


...todavía nos estamos riendo mostrando la muela del juicio, ¿juicio ? La verdad es que no debería mencionar de nuevo esa palabra, después de lo que nos pasó. Les cuento. Estábamos comentando una disparatada comedia y mi amigo entre risotadas usa una hipérbole jamás escuchada: “me reí mostrando la muela del juicio”. Así mismo lo dijo, y me provocó  una carcajada, y otra y otra. Por eso me sorprendí cuando mi otro amigo, abogado, que acababa de entrar en la sala, con un truño terrible nos reconvino casi a gritos: “Ustedes están burlándose de una cosa tan seria, esas son las vainas de este país, carajo, estamos hablando de un juicio de suma importancia para la nación, para el sistema político, qué decepcionado estoy de ustedes… es más, me voy”, y salió dando tremendo portazo. Mi amigo y yo, atónitos, nos mirábamos, creo que ambos pensábamos en el sinsentido de una situación provocada por el autismo de unos que creen que de lo único que se habla es de lo que tienen en sus neuronas, por la irreflexión, por la impulsividad, por el prejuicio y por esa predisposición de ciertas personas a introducirse en conversaciones y temas sin detenerse a escuchar un instante. Al margen de lo patético del momento, la pregunta de rigor fue “¿de qué juicio habla?”, hubo un silencio de película y de repente de nuevo mi amigo y yo comenzamos a reírnos mostrando la muela del juicio. Sí, todavía nos estamos riendo mostrando la muela del juicio, ¿juicio ? La verdad…

Ramón Tejada Holguín
16 octubre 2013

Nuevo traje del Emperador

En otros momentos he contado la historia de aquel Emperador al que unos modistos le propusieron hacerle un traje de seda cosido y bordado con hilo de oro y con brocados de diamantes que sólo podía ser visto por personas puras de corazón y ministros eficientes. Sé que quizás no tenga que ver con la realidad dominicana, pero desde la subasta del presupuesto nacional en la Cámara de Diputados y Diputadas, me acosa de nuevo esta historia.

He soñado con esa prenda y con los estrategas políticos del Congreso y el Poder Ejecutivo; perdón, con los modistos del Emperador. Veo al presidente de diputados y diputadas, ¿el gran visir de Sotheby?, con su enorme mazo exigiendo que el traje sea terminado lo antes posible, para que las masas irredentas del reino se deleiten ante tan sublime ropaje.

Los modistos fueron sinceros, ¿sí?, la magnífica prenda de vestir sólo puede ser vista por personas de gran inteligencia y capacidad de diseño de estrategias políticas exitosas. Los saltapatrás, demócratas y promotores de la participación de la ciudadanía serán incapaces de apreciar su belleza inconmensurable y su efectividad política a la hora de responder a los deseos de los súbditos que ansían vivir en un reino esplendoroso con educación de calidad, respeto a las leyes y una institucionalidad a prueba de modistos que hacen trajes invisibles, ¿no?

Excusen, ¿divago? No sé muy bien la razón por la cual no logro sacar de mi cerebro tan fascinante historia del más grande de los escritores de cuentos infantiles: Hans Christian Andersen. Sí, escribí Hans Christian. No saquen conclusiones erróneas, ni piensen en otro autor. Escribo una historia edificante ideal para ser contada en las sobremesas luego de comer bolas y cables y vidrio. Nada que ver con la realidad, ni el presupuesto que nos subastaron.

Cada vez que el Emperador iba al atelier de los modistos, estos colocaban sus manos y brazos como si tuvieran una cosa preciosa sobre ellos. El Emperador y su séquito decían “bellísimo”. Unos dicen que la estrategia política más exitosa puede ser la más sencilla: diga la verdad, promueva las virtudes de lo que hace, responda a sus súbditos correctamente y olvide eso de usar "remúas" de seda y oro allende los mares.

Recuerden, no solamente los colores y los dibujos eran hermosísimos, sino que la prenda confeccionada poseía la milagrosa virtud de volverse invisible para todas las personas que no fuera apta para su cargo o que fuera irremediablemente estúpida.

El día que el Emperador usó el traje una niña, pura de corazón, dijo, “mira, el Emperador va desnudo”, así todos se dieron cuenta que los modistos eran unos farsantes, pero ya habían huido con el oro y los diamantes. Quizás por eso pienso tanto en el cuento del traje del Emperador, porque en cierta manera es necesario que los liderazgos personales fuertes tengan cerca a gentes que sean como niños, que dicen lo que ven y no engañan.

Ramón Tejada Holguín
El Caribe
Perspectiva Ciudadana
24 octubre 2011

Los cinco años de Jazz en Dominicana

Fernando y algunos feligreses. Foto robada a César Sánchez


Hubo una época en que andábamos a la caza de buen jazz en vivo.

Cintas, Largas Duración y Discos Compactos no sustituyen la delicada fruición de lo efímero, el placer que el jazz en vivo provoca. Es metáfora de la vida como instante capturado y contrapunto entre el cuerpo y el espíritu.

El saxo de Sandy y Sandy.
Foto Robada a César Sánchez
Cada interpretación es singular, tiene su magia interna, y sus sabores y colores particulares.

Cierto que uno que otro músico allende los mares venía a transportarnos al nirvana momentáneo de un concierto en vivo. Pero, a veces los presentaban en lugares incómodos y no preparados como salas de conciertos, a veces en la acogedora Casa de Teatro y en ocasiones el motivo de la visita era algún festival. Era ese el momento en que se disfrutaba del que venía y de nuestros músicos, que servían o como teloneros o como parte de la banda y en ocasiones eran mejores que la estrella invitada.

Qué de buenos músicos de jazz tiene nuestra nación.

Uno se movía para Puerto Plata que allí el Sandy hará reír y llorar el saxo.

O se enteraba que por ahí Moreno con su épico trombón dominará el mundo ganando la carrera a Pinky y Cerebro.

En Casa de Teatro se hacían diversas presentaciones. Pero, el asunto no era sistemático o como diría un sociólogo de los del número del Distrito, no era sistémico. Teníamos, como quien dice, chubascos aislados de buena música en vivo. Pero, era difícil encontrar un lugar cualquier día de la semana, en cualquier mes, de cualquier año donde sentarse a oír cualquiera de las variantes del jazz.

De repente, hace cinco años, un octubre de 2006, el jazz comenzó a ser más cotidiano, cuando Fernando Rodríguez de Mondesert dijo hágase Jazz en Dominicana. Fue así como reconfirmamos que nuestra nación tiene excelentes jazzistas, que hay músicos para jameos de calidad todos los días.

Lograr sobrevivir por cinco años promoviendo la creación de espacios para saborear "la música de los músicos" de ahí ahí, no es paja de coco.

De todos los espacios promovidos por Fernando, mi preferido es el Fiesta Sunset Jazz, los viernes, en la Azotea del Dominican Fiesta.

Moreno y su trombón.
Foto robada a César Sánchez
Termina la semana y uno se zafa de la mochila de conceptos que debe llevar sobre sus hombros. Guarda el manojo de barajas políticas que todo sociólogo debe leer para dar cuentas de los entresijos del poder. Deja todo intento de racionalizar el entorno, y se entrega, cual adolescente que descubre el orgasmo, a la enervante sensualidad del jazz, al placentero e intenso sabor de un Gran Duque de José Alfredo, al torbellino de matices que el Cubaney hace estallar en las papilas. Nada de reflexión: atrapado por la emoción, por los sentidos, por las tardes y noches del viernes en el Fiesta Sunset Jazz.

Como he dicho en otras ocasiones: en algún momento de su vida Fernando descubrió que el jazz puede ser sacerdocio, y vaya que ha logrado una parroquia grande y armoniosa, con fervientes seguidores y un conjunto de oficiantes

Ramón Tejada Holguín
Perspectiva Ciudadana
El caribe
11 Octubre 2011

Lo que será, será

La nigromancia es el arte de la predicción del futuro a través de la invocación a los espíritus. Quienes la practican se llaman nigromantes. Las palabras de los diversos líderes políticos dominicanos se asemejan a los espíritus: son ligeras, invisibles, inasibles y pocas personas pueden conceptualizarlas.

La política dominicana tiene un lenguaje secreto en el cual no existen ni el "sí" ni el "no". Para algunas brujas existen "sí" y "no", pero "sí" significa no, y "no" significa sí. Druidas babilónicos plantean que cuando un líder hace lo imposible para evitar decir "sí" o "no" en realidad está diciendo "soy como He-Man, tengo el poder, negocien conmigo, soy quien reparto las bendiciones en forma de dos millones de votos que tengo en mis manos, soy el sumo sacerdote guardián del cofre que contiene la pócima necesaria para gobernar estos tres cuartos de isla que ya me queda chiquita".

Según la nigromancia, lo que dice un líder político tiene un sentido distinto al que tienen las palabras para el común de las personas, los simples mortales. En su boca, las palabras son conjuros que construyen realidades en las que ni usted ni yo somos usted y yo, pero podemos ser ese tipo de gente que no sabe cómo se hace política en el país y no entiende que el líder no se debe a sí mismo sino a un grupo de alabarderos que le atosiga para que siga en donde un papel llamado Constitución le dice de mil maneras que no puede seguir. No, no es confuso, estoy hablando claro, muy claro, y si no me entienden, pues aprendan nigromancia política a la dominicana.
No lo olviden, nigromantes son quienes quieren saber si él va o no a la reelección. Ya sé que mis años de estudios en la universidad y la lectura de tantos libros se han vuelto obsoletos. Como soy un hombre moderno que me gusta estar actualizado y saber qué pasa con el sistema partidario estoy haciendo un curso de hechicería avanzada por correspondencia. Soy estudiante libre de la respetable escuela en la cual Harry Potter obtuvo su doctorado en brebajes para crear zombis institucionales.

No me da vergüenza admitirlo, estoy sustituyendo el análisis del discurso por las barajas. Cambiando el estudio de la realidad concreta por la lectura de la taza. He descubierto que la historia política, del trujillismo al balaguerismo, nada nos enseña, por lo que me parece más estimulante y creativo desentrañar el futuro del sistema político dominicano en las tripas de un cerdito jondeado a la multitud por Amable Aristy Castro.

Echo las cartas para saber qué significa el acto del domingo y la torre de Babel se hace presente: el Rey de Diamantes dice que no va, la Jota de Espadas quiere ir y el As de Corazones siente que debemos preocuparnos más por los verdaderos problemas nacionales, ya que las cosas se decidirán el 10 de abril, cuando los oficiantes peledeístas se reúnan y tomen la decisión que les fue encomendada. Como pichón de nigromante veo en el futuro la realización de unas internas y él fungiendo como el gran árbitro.

Ramón Tejada Holguín
El Caribe
Perspectiva Ciudadana
29 de marzo 2011

La historia natural de la ciudadanía dominicana y sus mutaciones

Elaborar la "historia natural" de una especie (animal o vegetal) es describir su conducta y su interacción dentro del grupo y con otras especies. Estos son apuntes para hacer la "historia natural de la ciudadanía dominicana", tarea necesaria y pendiente.

La especie ciudadanía es víctima de diversas aves de rapiña, entre las que se encuentra el "chofer padre de familia", género compuesto por Conatra, Fenatrano y otras subespecies terminadas en ano que andan como chivos sin ley atropellando a diestra y siniestra. Pido perdón a las cabras por la comparación.

La especie Amet tiende a no cumplir sus funciones reguladoras, pero cuando intenta cumplirlas, cierto género de comunicadores y politicastros la crítica. Así ocurrió cuando Amet intentó poner coto al comportamiento suicida y nocivo de la sub-especie motoconchista.

Es inevitable preguntarse: ¿abomina la heterogénea fauna dominicana de las normas? Ciudadanos y ciudadanas deben ser conscientes de la necesidad de la regulación para que la comunidad funcione correctamente y evitemos caer en una selva en la cual la ley del sálvese quien pueda rija y nos destruya.

La especie "alto funcionario" con complejo de señor feudal no respeta los reglamentos y se le importa el gasto en gasolina, tiempo y paz espiritual que significa tener parado el tránsito por veinte minutos en espera de que su majestad el funcionario omnipotente pase por la esquina 27 de Febrero con Tiradentes. Yo, humilde ser perteneciente a la especie ciudadanía, lo escribo con padecimiento de causa. No todos los funcionarios pertenecen a dicha categoría, hay unos pocos que forman parte de la especie pende... perdón especie ciudadanía.

La relación entre las diversas especies que vemos en el tránsito, se repite en todos los ámbitos de la vida política, social y económica.

La especie ciudadanía de ambos sexos se ve sometida a diversos depredadores, ya sea haciendo una fila en el cine, intentando obtener algún servicio de una clara y jodida telefónica, o comiéndose un cable sin ver televisión.

En general nuestra especie tiende a ser paciente. Usa las herramientas del dialogo racional y la reflexión democrática para que las personas comprendan sus funciones y las desempeñen bien. Grita a voz en cuello que todos tenemos derechos y deberes. Sostiene que, aunque usted no lo crea, si se respetan las reglas del juego todos y todas saldríamos beneficiados.

En muchas ocasiones la especie ciudadanía no logra hacer que las demás especies entiendan su punto. Hay quienes llegan a creer que ciudadanía es sinónimo de cobardía. Pero no, cuando las herramientas de la razón y la democracia no surten los efectos deseados, la ciudadanía hace uso del boche infinito, dice cuatro coños que hacen temblar los cimientos de la nación y exige sus derechos con furor.

En nuestro país hemos llegado a un lamentable punto en el cual de manera cotidiana se hace necesario usar este recurso extremo. Es así como emergen el "tíguere complicao" y "la tipa complicá" como sinónimos de la especie ciudadanía. Uno oye cuando dicen "atiende a ese, que es un tíguere complicao". Así nos llaman quienes han hecho de la indolencia y la apatía su modus vivendis.


Ramón Tejada Holguín
El Caribe
Pespectiva Ciudadana
8 de febrero del 2010

Una generación Necesaria

Hay en la sociedad dominicana una pasión por el inmovilismo en el pensamiento: ¿haraganería intelectual o miedo al poder establecido? Hay una nueva generación de ciudadanos y ciudadanas que se gesta al amparo de una sociedad en mutación vertiginosa, en proceso de adaptarse a un mundo cada vez más competitivo, cada vez más exigente, cada vez más hostil para las sociedades inmóviles y sin pensamiento. Hay la necesidad de una nueva generación de pensadores dotados de creatividad y pasión por la inteligencia y el debate de las ideas.

Hay la demanda de hombres y mujeres que se remonten por encima de sus maestros y de los Señores del Castillo para ir transformando el espíritu dominicano, la dominicanidad, en el marco de esta mundialización indetenible, de esta globalización salvaje. No es suficiente debatir sobre un TLC, el sentimiento de formar parte de una comunidad internacional, y creernos globalizados porque sabemos usar la Internet y miramos cientos de canales de televisión. La República demanda una vida intelectual rica, que piense la nación de forma creativa y nueva, afirmándonos como nación individual, seremos más capaces de internacionalizarnos, globalizarnos, mundializarnos en mejores condiciones. A veces creo que nuestro parnaso intelectual demanda de alguien como K., el personaje de la novela “El Castillo” de Kafka. Este K. que me imagino ha de ser joven de espíritu, con una visión del mundo fresca y atrevida.

Según la novela Kafkiana, el Castillo se ubica lejos, lugar de pesadilla al que sólo tienen acceso los burócratas y sus ordenanzas. Los Señores del Castillo vigilan, dominan, regulan la vida de la aldea. El común de la gente ni siquiera sabe si en el Castillo hay salas de espera. Es una estructura impenetrable y difusa. Se sabe que está ahí, que tiene poder para decidir sobre la vida y la muerte, pero su presencia sólo se intuye, no se ve. Los Señores del Castillo son omniscientes y ubicuos. No se equivocan en lo más mínimo, según el pensar de quienes habitan la aldea:

“La autoridad tiene por principio de trabajo que no se cuente con la posibilidad de una falla” (Kafka, Frank: “El Castillo”, Alianza Emecé, 1982, pág. 76).

K. cuestiona la autoridad, ha sentido el poder de Klamm, uno de los Señores del Castillo, en su propia alcoba; pero aún así cuestiona ese poder y trata de desentrañar la razón de su imperio sobre la aldea. Pero la gente lo acusa de no entender nada:

“Sólo por esta razón le diré que es tremendamente ignorante respecto a las condiciones del lugar; le estalla a uno la cabeza al escucharle y al comparar, mentalmente, lo que usted dice y piensa, con la situación real” (pág. 66).

La gente se aferra a la realidad que conoce y sabe que está ahí y ahí seguirá, se aferra a una forma de ver el mundo que ha sido la misma desde tiempos inmemoriales y esa forma de ver la realidad es uno de los sostenes más importantes de los Señores del Castillo. K. sabe que todo está en la cabeza de la gente, sostiene que el poderío del Castillo es pura leyenda, sólo el temor y la aceptación de la opresiva realidad que vive la aldea dan vida y sentido al poder del Castillo.

“No es una leyenda”, dice la mesonera, “es, por el contrario, producto de la experiencia general”. “De manera que puede refutarse mediante nuevas experiencias, dijo K” (pág. 100).

Esta frase es una brecha genial en la realidad, en esa pedestre realidad que nos ha creado el pensamiento conservador, esta frase, “de manera que puede refutarse mediante nuevas experiencias”, es el gran desafío del pensamiento dominicano contemporáneo, o sea la búsqueda de cómo refutar el poder de lo viejo con nuevos proyectos que sean experiencias novedosas. Experiencias viejas contra nuevas experiencias. Es evidente que hablo de la necesidad de una generación con pensamiento propio, capaz de criticar lo existente, que no se detenga ante lo inmutable y el inmovilismo que nos quieren inculcar. Que enfrente esas aparentes ideas modernas que no son más que una forma de cambiar para que todo siga igual.

Construir una nueva realidad. No eternizar lo actual. Desafiar la idea del presente como algo eterno. No ser el soporte intelectual de los Señores del Castillo. Es urgente la presencia de un K. que cuestione, cual bufón de la corte, esta realidad opresiva y muelle, que nos ayude a crear un futuro lleno de nuevas y ricas experiencias, que nos permitas una apertura del pensamiento, que coloque el intelecto al servicio de causas, de proyectos, no de personas y el poderos caballero don dinero. Que no vea la globalización como una forma de permitir que las potencias se sirvan con la cuchara grande de este país de enorme corazón. K., se me antoja como metáfora de una generación necesaria, que se incuba pero no acaba de salir del cascarón. K. es la generación necesaria.

Ramón Tejada Holguín

Rosa de los Parques

Rosa Parks, nieta de esclavos, murió. Tenía 92 años. Era una simple costurera que un día dijo: “Freedom is not free”, la libertad no es gratis, y pagó el precio de su autonomía. Pero, no es por eso que hoy les escribo sobre esa mujer, negra de Montgomery, Alabama, costurera, muerta en olor a rebelión el lunes 24 de octubre del año del señor 2005.

Rosa Parks era de una humildad sincera y elemental: a pesar de ser llamada “la madre de los derechos civiles”, se veía a sí misma como una admiradora de Martin Luther King y hablaba de lo bien que se sentía marchando con él y los más de 300 mil activistas que llegaron a Washington exigiendo que a las gentes negras se les consideraran personas con iguales títulos y derechos que a las gentes blancas. Pero, no es por eso que hoy les escribo sobre esa rosa de los parques multicolores.

En 1987 fundó el Instituto Rosa y Raymond Parks para el Auto-Desarrollo, una institución educativa que, según sus propias palabras, desea “ayudar a los jóvenes a buscar su propio potencial. Uno de los principales puntos que enfatizamos es el trabajo comunitario y mi filosofía de Serenidad y Fortaleza”. Pero, tampoco escribo de ella por eso.

La verdad, siempre me han fascinado los héroes y las heroínas que se forjan en la cotidianidad. Quienes con actos sencillos, realizados de la forma más normal y sin pretensiones, dan un nuevo giro al orden de cosas y eso hizo Rosa Parks la tarde del primero de diciembre del año 1955.

Regresaba de su trabajo, tenía 42 años, y estaba cansada de ceder. Subió a un autobús, quizás el mismo al que subía todas las tardes, se sentó, posiblemente con una espléndida sonrisa de satisfacción y sintiéndose dichosa de haber encontrado un cómodo asiento. Ubiquémosnos, estamos en Montgomery, Alabama, una tarde de diciembre y Rosa Parks, costurera negra, va sentada en un autobús segregado, con una parte para negros y otras para blancos, va en un banco con otras tres personas negras, quizás Rosa va pensando en qué va a cocinarle a su esposo, Raymond.

Sube al bus un joven blanco casi rosado, que imagino fornido, mira en derredor y no ve asiento libre, decide ir de pie. Pero, el conductor, un blanco que me figuro con cara de buey, no soporta ver negros y negras sentados y a este joven blanco y fuerte de pie. Servil hacia uno y agresivo hacia otros, pide a Rosa Parks y las otras tres personas que se levanten y cedan el asiento al joven blanco que no ha pedido sentarse. La costurera de 42 años dice no. Piensa que ella tiene derecho a viajar cómodamente por la vida. El conductor con cara de buey llama a la policía y es arrestada Rosa Parks.

No sabía el conductor que estaba desatando los ángeles de la rebelión, no sabía que esa mujer, negra y pobre, se convertiría en el símbolo de una lucha que no pararía hasta lograr eliminar la segregación racial de los Estados Unidos. Rosa Parks pagó 14 dólares de multa, pero la compañía de autobuses fue boicoteada por los negros de Alabama durante 381 días y perdió mucho dinero.

Un joven pastor fue elegido vocero del boicot, un pastor casi desconocido que más tarde nos hablaría del sueño que tenía. Sí, el movimiento por los derechos civiles de los afroamericanos y el liderazgo de Martin Luther King tienen como raíz la negativa de una costurera negra de Montgomery, Alabama, a darle su asiento a un joven blanco, porque ella estaba cansada de ceder. Sólo por eso escribo de Rosa Parks y pido que jamás sean olvidados ni su nombre ni su ejemplo.

Ramón Tejada Holguín

A veces sucede

A veces sucede, no sé si les ha sucedido a ustedes, que una especie de sopor me embarga, que cortinas de humo me nublan la vista de esta grosera realidad y por unos instantes no sé dónde estoy, ni lo que hago, ni porqué y para qué, me siento flotar en un mar de indiferencia, veo rostros desinteresados, gente que camina muy tranquilas por las aceras, parecería que no les importa el lodo, la pus y la baba que acompañan la vida pública en la República Dominicana. A veces sucede, no sé si les ha sucedido a ustedes, que creo ser uno de los muy pocos que se preocupan, sé que estoy equivocado, porque ustedes, sí, ustedes que me leen se preocupan y otros que no me leen también, pero a veces siento que somos muy poco y nos encerramos en pequeños hábitats, en nosotros mismos, en compartimientos estancos, como que nos solazamos en la soledad, siento que no nos conocemos y que hacemos pocos esfuerzos para saber uno del otro, una del otro, otra del uno, otro de la una, quizás somos más de lo que imaginamos y lo ignoramos. A veces sucede, admito que me ha sucedido y no sé si les ha sucedido a ustedes, que preguntas terribles martillan mi cerebro: ¿Hemos perdido la capacidad de indignarnos ante la injusticia, de asombrarnos ante las barbaridades de actos corruptos, ante la forma en cómo se premia el dolo descarado? ¿Somos como aquella periodista que admira la sagacidad para engañar, mentir y traicionar? ¿Es la política irreductible al comportamiento moral? ¿Acaso la sinceridad, la honestidad y una vida pública basada en la transparencia son vistas como cosas de dementes o son repudiadas como signos evidentes y claros de debilidad o de estupidez? ¿Estamos atrapados y sin salida en este torbellino clientelar? La sociedad dominicana está cambiado el sentido de lo imitable, de lo heroico. La medida de los héroes de un país nos habla de sus aspiraciones como nación. ¿Quiénes son nuestros héroes? ¿Admiramos al que vive dignamente acorde con sus ideas, o a quien recién se monta en una yipeta mil veces más grande que su estatura moral, en una yipeta del tamaño de su ambición monetaria? Y que conste el problema no es la yipeta, sino el cómo la obtienes, la forma en que la consecución de bienes materiales se convierte en la medida del éxito social. ¿Qué decir del profesor que tiene 20 años dando clases, que ha sido inspiración de generaciones y apenas puede andar en un carrito de los noventa o una yipetita de más de 5 años? Cuánta admiración por un hombre que tiene la suerte de dominar el bate y la pelota y el glamour y el jet set y el derroche de dinero, mientras aquel sacerdote que tiene un average de más de 30 años en los barrios pobres del Distrito Nacional, que ha contribuido como nadie en las luchas por viviendas dignas y contra los desalojos, que ha participado en la fundación de organizaciones para la defensa de los pobres, que ha contribuido con el conocimiento de la realidad, ¿sabe usted cómo se llama? ¿Sabe usted dónde está en este momento? No digo que lo admiremos por sacerdote, que no, que los hay de todos los tipos y colores, respetémoslo por sus acciones, que lo conozcamos “por sus hechos”. No me malinterprete no es que no me guste el deporte, ¿cuál debería ser el ejemplo de las generaciones por venir? Ahora me viene a la memoria otro cura, insisto no es por cura, sino por lo que ha hecho, Santiago Hirujo, ¿sabes quién fue? Hoy no me sucede eso que digo que a veces me sucede, hoy la indignación me embarga y me incendia el corazón y grito a voz en cuello que vamos por mal camino y te reclamo que cambies de héroes, que dejes de admirar la capacidad de robar y mentir y comiences a pensar que esos que admiras están llevando el país a la ruina, y te llevan a ti a ser más pobre, te pido que incendies tu corazón y busques algún espacio desde el cual puedas ayudar a cambiar esta realidad insoportable. Vamos no te achicopales, somos más de lo que piensas. Comienza por indignarte, luego haz algo.

Ramón Tejada Holguín
El Caribe
7 de diciembre 2006

Solo de René en cuando

Hay quienes gustan poner etiqueta a diestra y siniestra, quienes sostienen que saben qué es la buena literatura y qué no, pero al final del día la literatura se revela y se rebela de tal manera que sólo el tiempo -que es el mejor de los críticos literarios– dirá qué perdura y qué ha sido paja molida defendida por los grupos de mutuo alabamiento.

Las etiquetas, enmohecidas, se desprenderán del cuerpo literario quedando la obra, el texto, sólo el texto para defenderse en función de su calidad intrínseca.

No sé a quién se le ocurrió decir que René Rodríguez Soriano, escritor forjado en Constanza y la capital de la República que llegó a Miami con voz y talante propios, pertenece a la Diáspora. Hace un lustro, día más día menos, que partió de Santo Domingo de Guzmán.

Antes de etiquetar al escritor habría que responder unas cuantas preguntas para saber si existe algo como un movimiento o generación o grupo de escritores y escritoras que pueden ser agrupado bajo algo llamado “La Diáspora”: ¿Existe un “ethos” común entre escritores de la “Diáspora”? ¿Existen similitudes en su forma de abordar el objeto artístico? ¿Escriben todos y todas en el mismo idioma? ¿Hay temas, talantes, estilos, e ideas comunes? Hasta el momento quienes han hablado del tema sólo han podido establecer que los escritores y escritoras de la Diáspora comparten la condición migratoria. Pero, no es cualquier migrante: ser de la Diáspora significa haber emigrado del país hacía Estados Unidos, no importa si tienes uno o dos años viviendo en algún bucólico pueblito del sur o el centro, o si sobrevives en New York, tampoco es relevante si tenía 7, 15, 45 ó 60 años de edad. Vivir en Estados Unidos y escribir algo es ser de la Diáspora. ¿Hay un movimiento literario más amplio y abarcador en el mundo? Podría asumirse la Diáspora como un movimiento intelectual pero no hay evidencia de que sea un movimiento literario.

Digo que René no es “escritor de la Diáspora” porque cuando salió de Santo Domingo sus temas estaban ya definidos, así como su estilo y la mayoría de sus cuentos ya habían sido escritos. Es pues que él es un escritor nacido en Dominicana que vive en Miami. ¿Por qué escribo de René? Porque acaba de publicar una selección de sus cuentos, o relatos como diría nuestro amigo común Rafael García Romero. “Sólo de vez en cuando” se llama el libro. Es una colección de lo que Eduardo González Viaña, antólogo, y el propio René, entienden que es lo mejor de lo mejor de los textos narrativos de mi “enemigo cordial” Rodríguez Soriano.

LA CRITICA LITERARIA HONESTA Y SERIA HABLA DE LO QUE CONOCE A PLENITUD

En los textos de este libro hay ocasiones en que René se ve influenciado por la brevedad de la poesía -es poeta el muchacho- sus textos nos dicen que la literatura es un juego y su legitimidad le viene dada por el hedonismo de las palabras. Quizás por eso algunos de los “pone etiquetas” autonombrados críticos –qué risa- lo ubican como un cortazariano jugador. ¿Es que no han leído a ese desconocido llamado Felisberto, acaso? ¿No saben quién es García Ponce? ¿Qué decir de ese fabuloso “escribidor” Salvador Elizondo, el de la Crónica del instante? Ni hablar del Carlos Fuentes que nos estremeció hace un tiempo a ambos, o del Cabrera Infante que de manera infame se la pasó jugando con las palabras.

Cortázar parecer ser el único de los grandes jugadores que han leído algunos ese tipo de seudo críticos, en especial esos que pululan en la Internet y poseen una vasta cultura en lectura de solapas de libros y reseñas periodísticas pero no les alcanza el talento para llegar más allá que los correos de amigos y redes de “mutua celebración” metafísica. Esos que agreden el lenguaje, la sintaxis y la ortografía alevosamente, por lo cual sólo saben colocar la etiqueta de cortazariano. El René es un escritor que bebe de diversas fuentes literarias: si un mar bravío alimentó el boom Latinoamericano, René bebió de ellos y con ellos, salvando las distancias temporales, claro.

ENTRANDO EN MATERIA: RENÉ Y SUS PIRUETAS VERBALES

Malabarista de la palabra bien dicha y mejor colocada que abre puertas insospechadas: “Oí tus pasos en la escalera y me escondí apurado en las páginas de un libro, éste que tú al salir pusiste en la cartera.” Pero, no digo que sea un escritor ligero o superficial, que sólo sabe poner vocablos hermosos uno detrás de otros con ritmo y cadencia enervantes. Este joven adulto asume seriamente la idea de que la literatura es una realidad paralela que se construye para que lectores, lectoras y escritor paseen sus respectivos “yo” por realidades alternas que nos permiten sobrellevar un poco menos tensos la “realidad real” y pedestre. Dice René: “Porque él –el animalito–, es verde y tiene la cola roja y –por lo que tengo entendido–, come piedras y no puede comer otra cosa. Cosa que, de acuerdo con los últimos adelantos de la fenomenología orgánica, sería un solemne disparate”, como si quisiera decirnos que la literatura es un juego en donde lo que se dice es negado a continuación sin ningún problema.

René echa mano de su entorno para convertirlo en algo contable, no en sentido de entrada y salida de dinero, que de eso no sabe nada el pobrecito, digo contable en el sentido de narrable, de enumeración, de clasificación, de catalogar lo que ve y siente. Sus referentes -las influencias diría un “cítrico” literario- no son sólo literarios. Provienen de otras artes: la música, el cine, la plástica. Leer, por ejemplo, “Alguien vuelve a llenar la tarde de palomas” es escuchar un sólo de saxofón parado en una esquina de Milano que se parece mucho a una esquina de la Zona Colonial y quedar aturdido sin saber dónde se está. Claro, si usted ha leído al René podrá decir que ese cuento se desarrolla en Roma y que la presencia en el texto es de una orquesta de Jazz. No me importa, porque escribo sobre el ritmo, las cadencias de las palabras usadas por este narrador y no del contenido. Si me da la gana digo que es Florencia y hago uso de la autonomía que da René a sus lectores y lectoras. René no es escritor que impone su visión a nadie, ni al lector, lectora o personaje. ¿Caja de Pandora?

LA SUMA DE TODAS LAS ARTES

Hay textos que se leen como una pieza de jazz de estío mediterráneo, otros son boleros tristes y hay baladas nostálgicas. Puede ser que aparezca algún sólo de guitarra española, puede ser, pero no estoy seguro. Lo que nunca he encontrado en René es un texto que sea música caribeña de la bailable, o unos palos que recuerden nuestra herencia africana. Pensándolo bien, hay algún merenguito “apambichao” en el cual René toca la música en voz queda mientras sus lectoras y sus lectores bailan sin guardarle rencor a nadie. Quizás porque es de Constanza la música interna de sus textos tiene ese ritmo de efecto retardado. ¿Será el clima y la montaña?

En la primera parte del libro, la saga Julia, hay una sinfonía silenciosa. Julia es una mujer orquesta. Es, además, la BB, mohín hoyuelos y esos blancos dientes. ¿Qué? ¿No menciona los dientes el René? Bueno, Julia ya no le pertenece, es nuestra, es mía como lector, y a mí me gustan sus dientes. Los textos de este escritor no tienen una sola lectura, ya dije que son plurisignificantes. Cada quien aporta algo a la historia, al texto, a los personajes. No es de esos escritores que te llevan del punto A al B y dices, guao que historia, no. Si te asomas al libro de René correrás el riesgo de ser parte activa de las historias, las podrás construir y reconstruir a tu antojo, perseguirás a Julia o a Rita o a Laura por las canaletas que separan ficción y realidad. Bucearás sin escafandras por las cañerías de la ciudad sin nombre y sin límite. Hay también su poco de ballet en la última parte, pienso en Laura no sólo por los zapatos, sino por la forma de caminar, de nadar, de volar de ella. ¿Cómo hacen el amor las ballerinas?

La mujer en los textos de René es la protagonista indudable e incuestionable. Hay un enorme faro de teatro que la alumbra en el centro del escenario, y ellas no lo saben, o lo saben y se sonríen con gran picardía. ¿Notaron el cambio del singular al plural? Todas las mujeres de René son “una sola mujer”: una mujer resbaladiza incapaz de ser aprisionada por la cotidianidad de la vida de un escritor. Todas son una sola: esa que se le escapa por una rendija de la realidad real. Hay tristeza. Melancolía. Nostalgia. Saudade. Aunque parezca mentira, así es como yo, que no soy crítico literario –Dios me libre- lo percibo. Qué nadie diga que juego con ventaja porque lo conozco… ya lo dije, somos enemigos íntimos.

¿Qué decir del cine? La mezcla de todas las artes es el cine y René ha querido hacer cine en la Literatura. La voz en off, el manejo de planos paralelos, el uso de la disolvencia para pasar de una escena a otra, cambios de escenas vertiginosos como despiste para el lector que tarda en darse cuenta que la escena ha cambiado. Y todos sus personajes femeninos son una diva del cine italiano de antaño. No, nada que ver con la Anita de la “Dolce Vita” y esa fuente… Es BB la mujer que lo atormenta y se le escapa rauda y veloz en cada narración. El desencuentro con ella es grande, y lo atestigua “Alguien mueve los hilos del azar esta mañana”. Esos ojos de la Brigitte Bardot me asesinan. Pero, René es loco con los hoyuelos de Julia, las piernas de Marlene Dietrich y la voz de Blanca Rosa Gil. ¿Construye René su mujer ideal en noviembre, leyendo estos papeles y con Julia de testigo? ¿Será la novia del monstruo del doctor Frankeinstein pero en clave hermosa?


CONCLUSIÓN: BURURUN BARARAN, ¿DÓNDE ESTÁ LA REALIDAD?

Ya sé que ustedes se preguntan si está presente la realidad real y pedestre en este libro. Hay pinceladas, o quizás esa es la realidad real de él o quizás la realidad es una mujer que se ha transformado en estrella fugaz. La verdad es que no me aventuro a decir nada más, simplemente creo que ese señor vive en mundos paralelos al nuestro y sus narraciones son “un algo” que soñó mañana.

Ramón Tejada Holguín
Suplemento Areito, del periódico Hoy
5 de Junio del 2005

La privatización del salitre y el derecho al ocio

Necesitamos tener la mente fresca, en el caso de los que trabajan con el cerebro, y los músculos relajados y dispuestos a la faena en el caso de quienes hacen labores manuales. Pero, la ciudad, el país completo en ocasiones, es contrario al sosiego. Hay que plantearse seriamente la defensa del derecho a lo lúdico. No desdeñemos el ocio. Debemos verlo como una forma de cargar las baterías para poder enfrentar los retos colectivos y personales con más fuerza y firmeza de carácter.

¿Acaso no hay derecho a que un domingo de aguacero uno pase el día yendo de la cama a la cocina, libro en sobaco o trago en mano? Ay, pero cuánto cuesta meterle el pico a un buen libro.

Quienes confeccionan los impuestos parecen creer que los textos son artículos suntuarios. En un país de escaso hábito de lectura, se desincentiva el placer de un buen libro. Ni qué decir del aumento de las bebidas espirituosas, que bien usadas nos dan el solaz necesario para olvidar la basura que atosiga la ciudad.La reducción de los salarios reales, y todas esas cuestiones monetarias que uno cree que no afectan la economía del placer, pero que sí lo hacen porque para esto y todo lo demás no hay tarjeta ni préstamos rápidos, los bancos prestan para cosas serias y a tasas de intereses inaccesibles. Olvidemos libros y tragos, que alguien dirá que esas son veleidades “pequeñoburguesas”. Veamos televisión que es barato casi gratis. Pero no. Si como a mí, a usted le gusta ver películas, está frito. Olvídese del entretenimiento bueno, económico y asequible porque lo primero que necesitará son los servicios de una compañía de cable, que no está a chele, ya que encontrar buenas películas en la televisión nacional a la hora que usted dispone para verlas le resultará difícil. ¿Frivolidades de clase media otra vez? ¿Será que en la nación sólo las clases altas y medias tienen derecho al goce?

Si no tiene cable sólo le queda divertirse con la gran cantidad de cómicos que aparentan ser gente seria y dicen cualquier barbaridad sobre cualquier tema que desconocen y hacen enjundiosas entrevistas que resultan tragicómicas. Ah, pero si es un dichoso clase media y tiene cable y en el cable encuentra una buena película, o un excelente programa en uno de esos canales de Historia, es probable que la energía eléctrica, sin aviso previo, le dice adiós en el momento más interesante o se daña no sabe usted que fuente del telecable que para colmo es el único que tiene servicio en su barrio y su atención al cliente compite en ineficiencia con las peores o el cable no tiene generador propio o a su inversor se le acaba el agua.
Dios mío, ¿se han puesto a pensar en cuántas cosas hay que estar pendiente hoy en día para poder divertirse unos minutos? Para lograr unos momentos de ocio y paz hay que trabajar demasiado, a menos que usted tenga no se cuantos empleados a sus servicios que hagan las cosas por usted.

Quizás lo que hay que hacer es ver los programas de humor y ciencia-ficción, sí, esos programas de la mañana, la tarde y la noche –están a todas horas- en los que unos políticos parlotean de la situación que usted vive y sueltan una cháchara sobre una cosa esotérica y misteriosa llamada economía, según la cual cuando un arcano llamado macroeconomía se mantenga bien estable, el “boroneo” hacia la microeconomía provocará que los pobres también tengan todo el derecho del mundo al ocio, a ver una buena película, a tomarse unos tragos con quien les venga en ganas y donde deseen e incluso a leer libros.

En fin, ya que en el hogar no hay ambiente para el placer, podría uno salir a la calle tras alguna deliciosa actividad al aire libre, gratis, porque el cine, cenar fuera, ir a bailar son cosas prohibidas, lamentablemente. Por lo tanto, en lo que ese “socialismo neoliberal” que proclaman los economistas que economizan lo suficiente para divertirse llega hay que disfrutar de la quietud del mar cuando se mira desde el malecón porque pronto una isla nos privatizará hasta el salitre.

Ramón Tejada Holguín
Clave Digital,
22 de febrero 2005