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Irse por la tangente aleja de lo esencial y de la ciudadanía también


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Quisiera decir que me ha dejado atónito la forma en que muchos comunicadores, periodistas y personas que están en los medios, pero que actúan como activistas sociales o político y no como analistas políticos o periodistas que deben comunicar las diversas aristas de los problemas han analizado la entrevista concedida por el Presidente Danilo Medina a Jatnna Tavares. Pero, no me ha sorprendido, lamentablemente. Hace tiempo que la sociedad dominicana tiene serios problemas para establecer un debate político enriquecedor, democrático y que busque mirar el panorama completo, no solo una reducida esquina del mismo.

Días antes de que la entrevista fuera puesta en antena, empezó una campaña por la redes sociales contra la señora Tavares, se le acusó de cobrar 10 millones de pesos por la entrevista con el presidente y se llamó a realizar un boicot a la entrevista.

De los insultos a la señora Tavares se pasó a criticar al entrevistado,  sospecho que, en algunos casos, sin haber visto la entrevista.  Hubo quien a pesar de haber vivido los 12 años de Balaguer olvidó la juventud diezmada y “los muertos cuyas sangre tiñeron de rojo las cunetas” y tuvo la osadía increíble de sugerir que Balaguer fue más democrático que Medina, porque... daba más entrevistas. Eso ya no es solo fanatismo, sino obcecación y obnubilación.

Pocos se preocuparon por analizar la entrevista desde el punto de vista de su contenido, y de si cumplió el objetivo de llegar a un gran segmento de la población. Pocos se preocuparon de analizar la respuesta de la ciudadanía a la entrevista.

Pocos analizaron la respuesta de la oposición y si dicha respuesta podía llegar o no a la ciudadanía, de manera que el discurso opositor fuera el de una opción efectiva para el 2020.

Los activistas que dicen ser comunicadores o comunicadoras y la oposición pusieron como tema de debate lo accesorio y no lo substancial. Así hubo quien quiso hablar de si el presidente puede o no reelegirse, o si movía las piernas como siempre las mueve en cualquier reunión en que esté. Ah, pero alguien dijo que era señal de que estaba nervioso.

Sin embargo, en un breve sondeo realizado entre ciudadanos y ciudadanas, la percepción de la entrevista fue muy distinta. Me dijeron que lo vieron como un ciudadano trabajador, que duerme siesta algunos sábados y que le habría gustado pasar más tiempo con sus hijas y esposa.

El presidente respondió a la gente. Les trasmitió, en un lenguaje sencillo y con emoción, su proyecto de nación, su visión del legado que desea dejar. Habló de que desea que la economía esté al servicio de la gente y no viceversa. Y explicó como ha subido el Producto Interno Bruto en República Dominicana. Precisamente, recientemente la CEPAL publicó un informe en el que plantea que el PIB del país crecerá en 5.4%, con lo cual RD liderará el crecimiento económico regional al cierre de 2018.

Pero, la oposición y diversos activistas que se dicen analistas y comunicadores, solo hablaban de algo que dijo el presidente no está en su agenda en este momento, porque está trabajando y será en marzo, como ha acordado el organismo máximo de su partido, que hablará de reelección.

El presidente explicó sus políticas sociales, cómo desea que para el 2020 la matricula estudiantil esté en la jornada extendida y con educación en artes, ciencias y tecnología que permitan a la juventud integrarse como ciudadanos y ciudadanas. Pero, la oposición parecía no escuchar y hablaba de lo que no habló el presidente: de la reelección.

Cuando se le preguntó si se sentía agredido por la frase “todos los políticos son corruptos”, dijo “Yo como Danilo Medina no me siento agredido porque yo sé con la pulcritud que manejo el Estado, yo me he encargado de ponerle controles a la administración pública para impedir que la gente se corrompa.”

Y, digo yo, ahí están la Cuenta Única del Tesoro, el decreto de racionalidad del gasto, el portal transaccional, el sistema de seguimiento de las metas presidenciales y sus diversos indicadores para atestiguar y fundamentar sus palabras. Pero, oposición y activistas de radio, televisión y prensa escrita, hicieron oídos sordos, y hablaron de lo que no habló el presidente. Desaprovecharon la oportunidad de debatir o conversar o demostrar si esos controles realmente existen y si funcionan.

El Presidente tocó todos los temas de gobierno, y explicó su historia personal y su deseo que cuando termine su mandato si alguien lo detiene en la calle sea para decirle: “gracias a su gobierno cambió mi vida para mejor”.

Habló del crecimiento de la clase media, de como hay más clase media que pobres: 30 % de clase media y 25 % de pobres, pero reconoció que existe una franja grande que ni es pobre, ni es clase media, y, que si descontamos el 5% de clase alta y otros 5% de clase media alta, el grupo que sale de la pobreza, pero no es todavía clase media llega a 35 %.

Se desaprovechó la oportunidad de buscar cifras que desmienten o afirmen tales datos. Como por ejemplo, las informaciones de CEPAL, del Banco Mundial, del Banco Interamericano de Desarrollo. Se fueron por la descalificación olímpica sin datos y ni se molestaron en indagar qué dicen los organismos internacionales al respecto.

Me dicen que vieron al Presidente como un ser humano sensible, que cuando tiene tiempo ve una serie de televisión, que duerme siesta algunos sábados, que está en contacto con la gente, pero sobre todo que domina muy bien las estadísticas gubernamentales, las políticas públicas, las acciones que emprende en favor de la ciudadanía.

Una pena que desde las oposiciones -ya sea dentro del partido de gobierno o la externa- no hicieran un buen análisis de la entrevista y se diera un debate serio sobre el cómo gobernar, sobre las políticas públicas y acciones gubernamentales que necesita el país y si las existentes son efectivas, sobre el tipo de liderazgo que la ciudadanía necesita y sobre todo sobre que tipo de gobierno diferente se puede ofertar.

Pero, estos activistas y las oposiciones se admiran de que las encuestas sigan dando un alto nivel de aceptación al gobierno.

Mi hipótesis es que ese al nivel de aceptación de debe  a que mientras los hechos muestran acciones gubernamentales exitosas y un Presidente que domina el arte de gobernar, la oposición interna y la externa se preocupan de lo accesorio, de las cosas nimias, se van por la tangente y una gran parte de los comunicadores se comportan como activistas con orejeras que no informan todas las aristas de los problemas, sino que muestran sus preferencias. Pero, no soy absoluto, no todo el mundo es igual, y cada quien que se ponga el sombrero que más le guste.

Ramón Tejada Holguín
25 agosto 2018

Si usted...

Si usted ve que un presidente viaja por el mundo, vendiendo su país como el más estable y seguro para la inversión extranjera, pero un seguidor muy cercano al presidente desconoce sus esfuerzos y sale del país a explicar cómo podría ser violada la Constitución para que la reelección del presidente sea posible, ¿invertiría usted su dinero en esa nación?

Si usted ve que un presidente contrata un economista de fama mundial para que le ayude a construir una estrategia nacional de desarrollo en función del dialogo y la concertación con todos los sectores nacionales, y el asesor sostiene claramente que es necesario restablecer la confianza en las instituciones públicas, y mientras el presidente piensa como restablecer la confianza y sentar a todo el mundo en la mesa de concertación un grupo de congresistas que dicen ser sus seguidores ponen en manos del presidente una reelección oprobiosa, que solo es posible con un cambio constitucional o desconociendo la Constitución, ¿confiaría usted en la propuesta de concertación y en que la estrategia tenga éxito?

Si usted sabe que la economía no va muy bien, por lo que si no se restablecen los niveles de confianza entre los diversos actores sociales el futuro que le espera a la nación es una lucha fratricida que nos puede llevar a una situación similar a la crisis que vivió Argentina a principios del siglo en términos políticos y económicos. Sin embargo, usted cree que el presidente cumple su palabra y está realmente interesado en prevenir el desastre, pero sabe que una parte de su entorno sólo piensa en la manera de perpetuarse en el poder. ¿Le pediría usted al presidente que antes de concertar con los demás partidos y con el empresariado y con las organizaciones civiles, primero se pusiera de acuerdo con el partido que le ha llevado al poder y dejara en claro que la reelección es imposible?

Ramón Tejada Holguín
Perspectivaciudadana.com
9 de diciembre 2010

La otra cara de la reelección

Texto publicado el 9 de noviembre del 2010. Hago constar que la reelección de Leonel Fernández solo es posible modificando la Constitución, y que tomando en cuenta la coyuntura política de ese momento y el nivel de rechazo que tenía Fernández el proyecto reeleccionista solo podía ser impuesto a fuerza de papeleta y desinstitucionalización. Pero, además, que estaba destinado al fracaso, porque aún intentara la respostulación le sería muy difícil a Fernández ganar las elecciones presidenciales.

El debate sobre la reelección se ha centrado en dos preguntas. La primera es: ¿La Constitución permite la respostulación del Presidente? y la segunda es: ¿está el Presidente interesado?

Sobre la primera hasta Vincho Castillo, un cercano colaborador del presidente Fernández ha sido claro: la repostulación del actual presidente de la República y del PLD sólo es posible modificando la Constitución.

Castillo propone agregar al artículo 124 (que establece la no reelección consecutiva)* un párrafo que permita la realización de un referéndum, para que los y las votantes digan si desean o no la repostulación excepcional del Presidente. Es decir, cualquier intento de ir por la reelección, sin modificar la Constitución, sería un "golpe de estado institucional".

Responder la segunda pregunta, ¿está el Presidente interesado?, es un ejercicio de psicología política, a mi entender, estéril.

La pregunta relevante es: ¿qué posibilidades tiene un proyecto continuista en la actualidad? Independientemente de la voluntad de las personas, las condiciones políticas, sociales y económicas tienen la última palabra en esta cuestión.

Y todas les son adversas al intento reeleccionista. Alguien podría recordar que Hipólito Mejía se embarcó en un loco proyecto continuista, a pesar de que no había condiciones favorables para el triunfo. Precisamente, aprendiendo del caso Mejía, Fernández, quiera o no repostularse, prestará más atención a la correlación de fuerzas existentes, antes que al deseo o a corifeos que insisten en que vaya por una reelección más; lo mismo harán las fuerzas sociales y económicas que le han apoyado. Y la correlación de fuerzas existente no le favorece.

La única manera legítima de repostularse es modificando la Constitución, pero el proceso sería traumático y el nivel de liderazgo que ha logrado el Presidente podría verse dañado. El costo económico de un referéndum es demasiado alto como para que el Estado lo financie. Además, Fernández no cuenta con la cantidad de legisladores incondicionales necesarios para la modificación (el PRD no apoyará un cambio constitucional, y en el PLD hay fuerzas importantes que saben que abrir las puertas a una repostulación va contra su futuro político).

¿Compra de legisladores?, en los momentos actuales el precio sería muy alto, y se corre el riesgo de que ocurra lo que a Hipólito: que el cambio constitucional sea la principal fuente del desgate del liderazgo presidencial. ¿Cómo modificar una Constitución que tiene menos de un año de promulgada y que el propio Presidente dijo que era la más moderna y la posible en la actual República Dominicana? La imagen internacional del Presidente, la cual ha sido construida con esmero y cuidado, se deterioraría. La opción de ir por un cuarto periodo sin cambio constitucional es impensable para un presidente que ha construido su liderazgo en base al respeto de las formalidades democráticas.

A lo interno del PLD, la respostulación sería vista como un mensaje de que ninguno de los coetáneos de Fernández podrá aspirar, ¿se quedarán estos de brazos cruzados viendo sus proyectos desvanecerse en el aire? Finalmente, los problemas económicos y sociales del país, no favorecen la repostulación, sino todo lo contrario.

Ramón Tejada Holguín
El Caribe
Perspectiva Ciudadana
9 de noviembre 2010


* Algunas personas han querido interpretar a Castillo, quien es furibundo reeleccionista pro Leonel, como lo fue reeleccionista pro Trujillo y Balaguer, e intentan decir que sostuvo que no es necesaria la Reforma Constitucional. EL texto de Vincho, sin embargo es clarisimo. Según el Diario Libre, sostiene Castillo que la reelección debe hacerse en función de tres acciones constitucionales: "la primera, el Referendo Consultivo, para saber si cabe o no la modificación; segunda, aprobación o desaprobación de la reforma a cargo de la Asamblea Nacional; y una tercera que sería el Referendo Aprobatorio, a fin de que el pueblo se pronuncie en relación a la decisión. Sostuvo que el proyecto de ley necesario para el Referendo, no debería ser iniciado, en ningún caso, por el Poder Ejecutivo, ni por obra espontánea y grupal de legisladores, refirió en una exposición escrita suministrada a DL". Ver la noticia completa en:


Las Fuerzas de la Negatividad y el Pesimismo se refutan con nuevas experiencias


Agrego este texto (Abril 2015) sobre Novela El Castillo de Franz Kafka, por entenderlo de interés de los lectores de este artículo.

Veo tanta gente que actúa como si el país fuera el mismo de hace 20 años. Son muchas las personas que creen que nada ha cambiado, como si la historia fuera una sucesión de hechos que se repiten. Cual si el eterno retorno de lo mismo fuera el sino de quienes vivimos en esta nación . Pero, no, no es así, la nación ha cambiado y mucho. Pero, no, no estamos condenados y condenadas a repetir lo peor de nuestra historia, ni a repetir como buenas y válidas crueles praxis trujillistas.
Podemos ser dueños y dueñas de nuestras propias vidas, protagonistas del relato social y político dominicano. No hemos sido condenados a padecer hasta el infinito la estulticia de una parte del liderazgo político, ni de Fuerzas Negativas Partidarias y revejías que creen poder pisotear leyes e instituciones en nombre de valores que no practican y quedar incólumes. No estamos obligados y obligadas a soportar el desencanto que en apariencia ha arrasado el ánimo de una proporción de las elites sociales. No es necesario festejar el descreimiento que parece dividir a una proporción de los medios de comunicación y sus principales representes.

Hay esperanzas de construir una mejor República Dominicana. Podemos tener una democracia de calidad. Pero, no será posible con unos cuantos. Actuamos como colectivo, o seguiremos siendo las víctimas pasivas de sabichosas Fuerzas Negativas Partidarias que solo buscan el beneficio personal sin importar si llevan la sociedad al borde del abismo y el caos.
Pensando en estas cosas, recuerdo a Kafka y su novela El Castillo. Para el común de las personas los Señores del Castillo son omniscientes y ubicuos, no se equivocan en lo más mínimo, por lo cual sostienen que: "La autoridad tiene por principio de trabajo que no se cuente con la posibilidad de una falla” (Kafka, Franz: “El Castillo”, Alianza Emecé, 1982, pág. 76).
K. , protagonista, ha sentido el poder de esa pesada autoridad en su propia alcoba; pero aún así cuestiona ese poder y trata de desentrañar la razón de su imperio sobre Dominicana, perdón sobre la aldea de la novela. La gente lo acusa de ignorante: “Sólo por esta razón le diré que es tremendamente ignorante respecto a las condiciones del lugar; le estalla a uno la cabeza al escucharle y al comparar, mentalmente, lo que usted dice y piensa, con la situación real” (pág. 66).

La gente se aferra a lo que conoce, se ata a una forma de ver el mundo que ha sido la misma desde tiempos inmemoriales. Esa manera de ver la realidad es de donde emana el poder de los Señores del Castillo. K. sostiene que el poderío del Castillo es "pura leyenda", sólo el temor y la aceptación de la opresiva realidad que vive la aldea dan vida y sentido al poder del Castillo. “No es una leyenda”, le dicen, “es, por el contrario, producto de la experiencia general”. A lo que K. riposta: “De manera que puede refutarse mediante nuevas experiencias,” (pág. 100). Y ese es el tema: no temer al cambio, refutemos lo actual con nuevas experiencias.
Vamos, vengan, refutemos con nuevas experiencias este poder maligno basado en el miedo. No podrán con lo nuevo y menos si cada vez somos más.

Quizás no, pero ¿y si sí?

Hasta hace poco el Presidente Fernández había cuidado las formas institucionales y cuando violaba una norma, buscaba una justificación que legitimara su decisión. Algunos analistas han sostenido que el azar (o la fortuna, como diría Maquiavelo) lo ha llevado a convertirse en el principal líder político. Sabía aprovechar su suerte, y con inteligencia y astucia sorteaba las circunstancia adversas. Fortuna y voluntad lo han llevado a donde está. Por eso creía que Fernández jamás cometería el error de promover un proceso de cambio institucional a toda costa para reelegirse inmediatamente, creía que sólo respetando las formalidades lo haría. Exclusivamente una situación muy excepcional (y para mí improbable) llevaría al PLD y a su Comité Político a la locura de un proyecto continuista.

La revisión de la coyuntura electoral actual y el discurso del 27 de Febrero, sin embargo, sugieren que puedo estar equivocado. El Presidente ha sido excesivamente generoso con un PRSC otoñal que marcha inexorablemente hacia su conversión en partido minoritario. El PRSC carece de un liderazgo capaz de entender el papel que puede jugar en estos momentos, y ni siquiera trata de diseñar una estrategia para romper el bipartidismo existente. La dirigencia del PRSC desconfía tanto de su partido que ha ido aliada a uno de los mayoritario en las dos últimas elecciones congresuales y municipales. No posee una visión de fortalecimiento interno: hay reformistas en todos los partidos, hay reformistas en el poder y en la oposición, hay reformistas al por mayor y al detalle. Y hay reformistas que sostienen que el líder del PRSC es Fernández. ¿A qué se debe que se le haya danto tanto al PRSC?

El acuerdo PLD-PRSC ha llevado el desencanto a diversos comités intermedios, pero en particular a la dirección de Santiago, que es la tercera provincia en cuanto al número de electores, y una de las zonas más ricas del país. No hay dudas: a los reformistas se les ha dado mucho, y se ha sacrificado la institucionalidad del PLD. ¿para qué necesita el Presidente al PRSC? El acuerdo es hechura de Fernández. ¿Qué ofrece el PRSC al PLD? Muy poco.

En su discurso de rendición de cuentas en febrero del 2007 Fernández dijo, refiriéndose al Metro: "Les diré que albergo la esperanza que para el próximo 27 de Febrero, al terminar nuestra intervención ante la Asamblea Nacional, les pueda invitar para que juntos realicemos el recorrido histórico que ha de conducirnos desde la estación, aquí cercana, del Centro de los Héroes, a la siempre entrañable comunidad de Villa Mella". Cumplió, el 27 de Febrero de 2008, año electoral. Aquella visión del Presidente montado en el Metro se convirtió en la metáfora de la promesa del progreso dominicano. Sabemos que el Metro es deficitario, pero la ciudadanía, mirando la televisión, creyó ver un camino hacia el desarrollo, y el Presidente fue reelecto.

Como si fuera posible repetir la historia, el 27 de Febrero de este año, en su discurso de rendición de cuentas el Presidente dijo, sobre la segunda línea del Metro: "Mantengo la confianza de poderles invitar de nuevo a que me acompañen a su inauguración en febrero de 2012".

Yo sinceramente no quiero pensar que, en 2012, año electoral, alguien haga lo mismo que hizo Hipólito Mejía en el 2004.

Ramón Tejada Holguín
El Caribe 8 de Marzo 2010

El tonto de la colina mira al presidente buscando la reelección (partes 1 y 2)

1

En la canción “El Tonto de la Colina”, los Beatles nos hablan de un hombre al que nadie quiere conocer, que a nadie agrada, y ninguno escucha. Un ser humano que, tranquilo y sereno, mira el mundo dando vueltas, le dicen tonto porque los ojos de su cabeza miran el ocaso del sol con placer.

Un fresco día, el Tonto de la Colina fijó su vista en República Dominicana, vio a un presidente buscando la reelección de su partido. En la cima de su colina, aislado, ubicado fuera de las pasiones políticas, trata de ver diversas aristas del tema.

La primera pregunta que se hace es de orden ético ¿un presidente puede involucrarse en campaña política y al mismo tiempo cumplir con su deber de presidente? Con la vista perdida en el proceso electoral, piensa que la pregunta no tiene respuesta simple y monosilábica, y se formula otra pregunta ética ¿que tan frágil es la línea que separa al ciudadano Leonel Fernández, como candidato, del doctor Leonel Fernández como presidente de la República Dominicana?

El de la Colina cena solo, come lo que la colina produce, pelando una naranja se hace una pregunta que nada tiene que ver con la ética ¿conviene al país la reelección?

El ciudadano presidente y los derecho políticos

Todo ciudadano tiene derecho a tener preferencias políticas y trabajar a favor de ellas, el presidente es un ciudadano, luego tiene el derecho de participar en la campaña política y presentar su candidatura, piensa el Tonto. A seguidas trata de ver el asunto desde otro punto de vista: El presidente, se supone, encarna los intereses colectivos del país, es el gobernante de todos los dominicanos y como tal debe mantenerse por encima de las luchas entre las diversas facciones políticas.

Hay pues que separar el ciudadano del presidente. No debe ser el presidente quien se involucre en la campaña, debe ser el ciudadano. Al Tonto no le importa que los presidentes de otros países se presenten o no a la reelección, él quiere pensar el problema desde el exclusivo mundo dominicano. Mundo en el cual el hilo que separa al ciudadano del presidente es tenue y difuso. La capacidad de desdoblamiento del ser humano es limitada. El de la Colina se percata de que el problema que le ocupa no debe ser visto en abstracto, por lo que se plantea el análisis de una actividad cualquiera y pone de ejemplo una cena para recolectar fondos.

Digamos que el doctor Fernández Reyna llama por teléfono a algunas personas para que asistan a una cena para recolectar fondos, una cena hipotética para asistir a la cual la contribución mínima sería de un millón de pesos, eso según las malas lenguas que dicen que la cena no fue hipotética. Cuando el presidente llame a las personas para invitarles, o si llaman sus asistentes y asistontos ¿deben decir que es Leonel Fernández el candidato o que es el presidente de la República? Quienes quieran asistir quizás tengan algunos asuntos pendientes de conversar con el presidente, quizás tengan alguna solicitud que hacerle, probablemente algún contratista del estado quiera, legítimamente, agradecer la confianza depositada en él o ella, asistiendo a la cena.

Quizás algunas personas no saben que quien convoca a la cena es el ciudadano candidato, y asisten a la cena por temor a algún tipo de represalia del presidente que corre a la reelección.

El Tonto ha leído las Encuestas Nacionales de Cultura Política realizadas en el país, en las cuales se plantea que este es un país presidencialista. Aunque, para el de la Colina las cosas están cambiando, si bien el presidencialismo tiene mucho peso entre diversos sectores de la sociedad, parece perder fuerza. Entonces se pregunta ¿el hecho de que el presidente se involucre en política partidaria en su calidad de ciudadano no forma parte del proceso de democratización? Además, él no es culpable de que los que asisten a la cena lo hagan porque desean hablar con él, o porque quieran estar donde “el capitán los vea” o porque quieran agradecerle una contrata.

Una valoración ética complicada

El asunto, en términos de valoración ética, es complicado, piensa el de la Colina, y no es tan fácil como lo ven muchos analistas políticos y conductores de programas noticiosos. La verdad es que a nadie se le puede negar el derecho a la participación política.

Cuando el doctor Fernández expone sobre el desempeño de la economía dominicana en su período gubernamental, y establece lo que entiende son los logros y los desafíos que en el contexto de la globalización tiene el país, habla el presidente. Pero, cuando dice que para dar continuidad a sus logros, es necesario ser reelegido, habla el ciudadano.

El doble rol se hace patente cuando sostiene que la economía en el país no solamente va bien, sino que va en la dirección correcta y que las dificultades tienen que ver con la situación internacional. Otro partido no sabría manejar las dificultades internacionales, por lo tanto el 16 de de mayo, las urnas dirán que la política también va bien, y que el candidato que ha de emerger triunfante será el del Partido de la Liberación Dominicana.

La verdad es que no hay doble rol en el caso dominicano, es imposible separar al activista del presidente. Resulta evidente que el presidente corre a una reelección y cree que es la mejor opción.

O sea, el rol de presidente no puede ser separado del de ciudadano, y los derechos políticos de ninguna manera deben ser vulnerados, por lo que el Tonto llega a una primera conclusión: en el plano ético, el presidente tiene todo el derecho a involucrarse en la política partidaria, y de correr a la reelección. Pero, y vaya que hay pero, el problema es que se corre el riesgo de que el ciudadano use los recursos del estado para promover la reelección y eso no puede permitirse.

2

Uso de los recursos gubernamentales en la campaña

El uso de los recursos gubernamentales en las campañas políticas ha sido uno de los elementos más perniciosos de los procesos electorales, principalmente en un país pobre como el nuestro. Ese es un elemento que no necesita explicación. De hecho, no importa si el candidato es el presidente, cuando los partidos van a la reelección el riesgo de que se usen los recursos del estado para promover al candidato del partido en el gobierno es similar.

El Tonto reflexiona, se da cuenta que el presidente es un recurso humano del estado, por lo que en cierta manera entiende que el presidente o toma una licencia para participar en política, o sólo puede participar en las actividades de promoción de la reelección en su tiempo libre. El de la Colina de repente recuerda que en al año 2000 Leonel Fernández convocó a una cena similar a la hipotética cena, pero para beneficiar a Danilo Medina que era el candidato del partido del presidente.

De hecho en aquella ocasión, según los recortes de prensa de la época, el presidente mismo llamó a varias personas que asistieron a aquella cena, y el Tonto de la Colina, que en aquella época escribía los análisis políticos para El Siglo, escribió un artículo similar a éste. Y, haciendo un paréntesis, ¿no les parece que la vida política de este país se torna circular y repetitiva, y que uno bien que podría tomar artículos escritos hace 8 años y sorprenderse por su frescor?

Pero, volviendo a nuestro tema, el presidente de la República es un recurso humano del gobierno central, el principal recurso humano, y si usa parte del tiempo que debe dedicarle a sus labores como gobernante a hacer política, está usando los recursos del estado en asuntos personales. Por lo tanto, las actividades políticas reeleccionistas deberían realizarse en el tiempo libre del presidente. Pero, ¿Tiene tiempo libre un presidente? Eso no lo sabe el de la Colina, ya que nunca ha sido presidente de nada. Ahora bien, el presidente tampoco puede desplazarse en su vehículo oficial, ni desplazar a los periodistas que cubren la fuente de Palacio en los vehículos que normalmente los transportan a las actividades oficiales, ni a toda esa comitiva que viaja con él y que tiene un costo enorme para las arcas del estado.

Ay, pero qué complicada es la cosa, al mismo tiempo es un riesgo enorme que el presidente no se mueva con toda esa seguridad, y para colmo si el estado le impide la movilidad, le está impidiendo sus derechos políticos. Desconcertante, ¿verdad?

Ausencia de reglamentación

Hay mucho que reglamentar en eso de la participación política del presidente. En el plano ético, no hay una solución clara. Resulta evidente que desde un punto de vista es saludable la presencia del presidente en las actividades políticas, ya que se convierte en un signo de madurez democrática. Por el otro, ya sea consciente o inconscientemente, será inevitable que los recursos del gobierno sean utilizados en las actividades proselitistas del presidente, aunque sea en mínimas cantidades.

El de la Colina está estupefacto, no sabe que decir, ni que hacer, y piensa que la reelección en sí misma no es el problema, sino que hay algo más grave y es la crisis de liderazgo del país, la desigualdad en la lucha política y el tipo de institucionalidad que favorece la impunidad, la inmunidad y resulta ventajosa para el poder político y económico y social constituido. Y eso, dice, no se resuelve simplemente prohibiendo la reelección.

Sostiene el Tonto que Hipólito Mejía intentó reelegirse y desde el inicio resultó obvio que no lo lograría, y efectivamente no lo logró. La ciudadanía y el voto actuaron como el ente regulador del sistema. Pero, en el caso de Fernández las cosas son distintas: todo parece indicar que este presidente que se “repostula” tiene posibilidades de lograr la reelección. Entonces, las cosas se complican, porque no se trata de un presidente que tiene el nivel de oposición de Balaguer o que tiene un plan B como se decía de Mejía, sino de un presidente que tiene apoyo de la gente, por lo tanto, la ciudadanía como ente regulador, y “objetador” de la reelección no funciona.

Y la cosa se complica más si tomamos en cuenta que otros partidos controlan instituciones gubernamentales desde las cuales se pueden usar recursos para las campañas, aunque, claro, en menor medida que el gobierno central. Amable Aristy Castro por ejemplo, controla la Liga Municipal, varias senadurías, diputaciones y varias sindicaturas. El PRD y su candidato tienen el apoyo de senadores, diputados, síndicos y regidores.

A la conclusión que llega el tonto es que seguir insistiendo en el tema de la reelección como una forma de descalificar al candidato Fernández no conviene a la oposición y es dudoso que le reporte votos. Que lo que conviene es demostrar que son capaces de hacer las cosas mejor que el presidente Fernández y mantenerse atentos y vigilantes para evitar el uso de los recursos públicos en la candidatura del presidente.

En realidad el tema es peliagudo. Cada partido debe buscar formas de evitar que el contrario use los recursos públicos en sus campañas. A quienes más les conviene establecer controles es a los partidos que no controlan el gobierno central (PRD y PRSC), ya que el gobierno central, o sea el Ejecutivo, tiene más recursos que otros poderes e instituciones estatales. Deben mantenerse vigilantes y ser ellos ejemplos, y evitar que los acusen a su vez de hipócritas.


Ramón Tejada Holguín
Parte 1 Publicada en
Suplemento Areito, del Diario Hoy,
16 de Febrero 2008
Parte 2 Publicada en
el mismo suplemento el
23 de febrero 2008.

Los bemoles de la reelección: entre Danilo, Leonel y las municipalidades

En el pasado proceso electoral se repostularon diversos síndicos y la mayoría se reeligieron. En algunos casos la reelección se explica porque esos síndicos han realizado un trabajo que los y las munícipes califican de excelente. Entre los municipalistas hay sindicaturas mitológicas como la de Villa González y síndicos “históricos” como el del municipio de La Vega, que ha ganado todas las elecciones desde que son separadas. Un caso de estudio es Santiago, en sus 7 municipios los síndicos y sindicas se reeligieron: dos del PRSC (Jánico y Santiago), tres del PRD (Villa González, Tamboril y San José de las Matas), dos del PLD (Navarrete y Licey al Medio). Eso a pesar de que la senaduría la ganó el PLD. De los 151 síndicos del país, 56 fueron reelectos, se calcula que más o menos el 70% de los síndicos que aspiraron a reelegirse, lo lograron.

En algunos casos la reelección de síndicos y sindicas se debe al clientelismo y uso de los recursos públicos. En otros es porque hacen su trabajo correctamente, interactúan con los y las munícipes, y fortalecen cada vez más su relación con la ciudadanía. Por lo que la reelección es un premio.

Sé que algunas personas están pensando “Dios mío, qué herejía”.

Pero, sí, sostengo que la reelección puede ser un premio, y los datos en términos de las municipalidades así lo sugieren. La posibilidad de reelegirse, al menos a nivel municipal, puede convertirse en un estímulo para que los síndicos y las síndicas hagan un mejor trabajo, sean más transparentes en sus gestiones y respondan más directamente a las demandas de los y las munícipes. Las municipalidades se pueden ir convirtiendo así en canteras para forjar nuevos liderazgos, y la posibilidad de reelección ayudaría al avance dentro de los partidos de estas personas. Los municipios modelos tienden a ser los más pequeños y medianos, con tradición previa de participación de la gente y las organizaciones en los asuntos municipales.

La conclusión es que la reelección no es dañina, ni perjudicial por sí misma, puede ser un estímulo para que los presidentes traten de hacer el mejor de los trabajos posibles. Pero, deben darse ciertas condiciones previas para que esto ocurra: 1) la existencia de una ciudadanía más activa y preocupada por las acciones gubernamentales, que presione por la transparencia y el buen gobierno; 2) la existencia de una prensa independiente que informe correctamente sobre las ejecutorias gubernamentales y sus consecuencias; 3) la existencia de controles sobre el uso del erario en las actividades políticas; 4) la existencia de sanciones a funcionarios públicos nombrados y electos si descuidan sus funciones para andar haciendo política por cualquiera de los candidatos ya sean del partido gobernante o de otro partido. Estas condiciones no están presentes en el país, por lo que la reelección en las presidenciales es perniciosa y onerosa para la nación.

El tema no es monocromático, los matices son diversos, por lo que prohibir la reelección no es la panacea, ni demiurgo creador de una nueva institucionalidad; auque admitimos que en nuestra nación puede ayudar, claro. Lo más importante, según mi humilde modo de ver las cosas, es comenzar a tomar medidas para crear las condiciones señaladas más arriba, esa sería la opción más seria, duradera y sostenible. Un matiz que a veces parece olvidarse: la reelección es partidaria también, y cualquier candidato de un partido de gobierno y sus parciales no resistirán la tentación del uso del erario.

Sí señor, se reeligen personas, y partidos. Si el partido es fuerte y unificado, ¿no usará los recursos a favor de su candidato? Si no tenemos las condiciones previas señaladas más arriba, un partido en el gobierno podría elegir un candidato distinto al presidente, con lo que no se reelegiría la persona, pero sí el partido. En ese escenario cualquier candidato de un partido de gobierno y sus parciales dentro del tren gubernamental, congresional y municipal pueden hacer uso de los recursos de que disponen, incluyendo los bienes públicos, para sus campañas políticas. La reelección, por lo tanto, no es el problema principal, es consecuencia de otros de mayor jararquía: la falta de instituciones fuertes que reduzcan los niveles de clientelismo y la existencia de una ciudadanía de baja intensidad que cada vez se hace más apática y marcada por el desencanto, que ya ve como normal el uso de los bienes públicos para la promoción de los candidatos e incluso de los aspirantes a candidatos.

Ramón Tejada Holguín
El Caribe
25 de Enero de 2007