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Julia, Junot, Franklin y la "mano visible" que moldea los gustos literarios

Sostiene Franklin Gutiérrez: "En cuanto al mercado en inglés, las voces conocidas son las de Junot Díaz y Julia Álvarez, un fenómeno para discutirse aparte, porque hay otros casos como Angie Cruz y Loyda Maritza Pérez, que han escrito lo mismo que ellos pero no han trascendido de igual modo. Pero a Junot y Julia les favoreció el hecho de que el mercado norteamericano estaba buscando dos figuras para comercializar la literatura de una comunidad como la dominicana que ya tiene millón y medio de habitantes en Estados Unidos y no contaba con representantes literarios importantes. Y entonces los eligieron a ellos." (Entrevista realizada por Luis Martín Gómez y publicada en el Diario dominicano Hoy el 3 de septiembre del 2010)

Gutiérrez ofrece una opinión, sólo una opinión que puede estar motivada en múltiples razones. ¿Puede dicha opinión ser vista como proveniente de un análisis o estudio sobre la literatura escrita por autores de origen dominicano en "los" USA?

1. Para que sea un juicio literario basado en un estudio exhautivo y  honesto debe responder las siguientes preguntas: ¿Por qué él y ella, y no otros? ¿Sus lectores provienen de la comunidad dominicana, de ese millón y medio que dice Gutiérrez o provienen de otros ámbitos? No sé mucho del mercado del libro estadounidense, pero, ¿cuántos de ese millón y medio compran libros en inglés, o traducciones de libros en inglés? Recordemos que los autores señalados por Gutiérrez escriben en inglés. ¿Realmente es apetecible el millón y medio de dominicanos que vive en Estado Unidos para el mundo editorial en inglés? Sabemos que hasta las librerías especializadas en textos dominicanos quiebran o la pasan mal en New York.

2. Su argumento de que "el mercado norteamericano buscaba dos figura para comercializarlas" choca con varios hechos: 1. Julia y Junot no son contemporáneos, sus momentos de emergencias difieren substancialmente, 2. no se puede hablar del mercado como una unidad que decide tomar esta o aquella, por encima de la otra y el otro, sin demostrar que existe una cierta homogeneidad en ese mercado, o al menos un a mano visible que lo mueve.

¿Hay evidencias de que sea así? Creo que no. Julia y Junot surgen en coyunturas distintas, el texto que da a conocer a Julia es "How the García Girls Lost their Accents", de 1991, antes, en 1986 había publicado un libro de poesía, la editorial que publica a Julia es Algonquin Books of Chapel Hill. Junot se da a conocer con Drown y lo publica Riverhead en el 1997. Él publica 6 años después que ella y en editora distinta, por lo tanto es difícil demostrar que ambos forman parte de un mismo proyecto de la mano visible de un mercado manipulado para favorecer a esos dos.

3. Pero, además que él y ella surgen en coyunturas distintas, Angie y Loyda vienen después de ambos. O sea que no puede decir: "porque hay otros casos como Angie Cruz y Loyda Maritza Pérez, que han escrito lo mismo que ellos pero no han trascendido de igual modo". Porque los cuatro comenzaron a publicar en momentos distintos, no se puede decir que coexistieron en una misma coyuntura y hubo que elegir entre ellos.

En efecto, la primera novela de Angie Cruz es Soledad, de una editorial distinta a las anteriores, Simon & Schuster,y se publico en el 2001, a diferencia de Julia y Junot que nacieron en Dominicana, ella nación en New York. Pero, en su biografía coloca el acento en que es descendiente de dominicanos. En cierto sentido ¿para el mercado "gringo" sería más lógico vender alguien así?. La novela de Loyda Maritza Pérez "Geographies of Home", se publica en Penguin, en el 2000. ¿No sería más probable decir que, como ha ocurrido con otros mercados, Julia y Junot le abren las puertas a estas autoras que Gutiérrez quiere poner como ejemplo de que Julia y Junot son producto de la mano visible de un mercado que buscaba escritores dominicano?


4) Sostiene Gutiérrez "que han escrito lo mismo". Frase que como todo es sólo una opinión de un lector, pero que no se sostiene cuando se hace un estudio de los textos de Julia y Junot, para poner el ejemplo de los más conocidos. La literatura de Julia y Junot están en las antípodas. No son estilos asimilables, ella es más convencional en lo que narra y la forma en que lo narra, es más políticamente correcta. Él, en particular en Oscar Wao, es más libre, desmadrado, cachondo, novedoso.

5) Finalmente, sería bueno que Gutiérrez nos respondiera las siguientes preguntas: ¿Cuál es la característica de la coyuntura que posibilita el surgimiento de Julia y Junot? ¿Quien dirige ese mercado? Ya vimos que no podemos decir que es la misma editorial ya que cada escritor y escritora de origen dominicano señalado por Gutiérrez trabaja con una editora distinta. Incluso todos enseñan en universidades estadounidenses, y lo hacen en universidades distintas. Son preguntas que hago con mucho respeto, y respetando el derecho a opinar que tiene todo el mundo, ah, me gustaría conocer el método de investigación literaria que sostienen intelectualmente los argumentos de Gutiérrez.

Ramón Tejada Holguín
5 de Septiembre 2010

Puesta en circulación de La verdadera historia de la mujer que era incapaz de amar


Querido amigo, querida amiga, te invito a la puesta en circulación de La verdadera historia de la mujer que era incapaz de amar, de Ramón Tejada Holguín. La actividad se realizará en la Sala de Arte Ramón Oviedo, ubicada en la sede del Ministerio de Cultura, a las seis de la tarde del siete de julio del 2010. La presentación del texto estará a cargo de dos conocidos narradores, Manuel García Cartagena y René Rodríguez Soriano.

La verdadera historia de la mujer que era incapaz de amar, es un texto escrito en claves de relatos y poemas pero que puede leerse como novela. Es un archipiélago de historias signadas por el amor fallido, la amistad inquietante y el cariño sincero, que se enfrentan, se contraponen y predisponen para dar pie a otra historia que es o engendra los relatos de vida de unos personajes que rondan y se instalan en los más sórdidos y perturbadores territorios del amor.

Ramón Tejada Holguín obtuvo el primer premio en Concurso de Cuentos de Casa de Teatro. Ha obtenido, además, diversas menciones honorífica, y segundos y tercer premio. Durante los noventa publicó tres texto escritos en complicidad con René Rodríguez Soriano: Así Llegaste tú (Relato), Probablemente es Virgen (cuentos y relatos), Blasfemia Angelical (ensayos).

Diversos autores han escrito sobre las obras literarias de Tejada Holguín:

"En esta orientación se plantea una cuestión importante, el problema de lo urbano y el aterrante ritmo de una ciudad que se dilata y congela en el hastío. La cotidianidad como símbolo es, definitivamente, el hilo de Ariadna que desmadejan lúcidamente estas historias. Aparecen como formas de vida y de conciencia así como también lo fugaz y efímero de la vida postmoderna. El aburrimiento es lo cotidiano, discurrir de bostezos y angustias. Época de vaciedad y tristeza: "Tratando de escapar sin saber a qué, ni hacia qué". "El asunto anda -dice el propio Holguín- por el aburrimiento, la falta de novedad, la tibieza de esta vomitiva vida, la ausencia de verdaderas emociones fuertes""

Plinio Chahin, en “¿Literatura sin lenguaje? Escritos sobre el silencio y otros textos”, (2005)



“...cierto autor que podría ser el mismo Tejada, ha recibido la sugerencia de crear un relato con nombres ficticios que no sabemos ya si lo son o no, y que el autor acepta, mezclando para siempre los hechos, adjudicándolos a su antojo, en una haz de personajes que reflejan las angustias intelectuales y sexuales de una sociedad joven, con las manos atadas sobre el pubis o sobre el instrumento de Adán”.

-Marcio Véloz Maggiolo, “Ventana”, Listín Diario, 16 de enero de 1994



“En su obra la sensación de vivir aparece como ruptura y desamparo. Los personajes Holguinianos parecen dialogar con su nada refleja en una experiencia totalizadora. En Holguín, los juegos verbales son juegos de máscaras que se transforman en transgresiones corporales y, a veces, etéreas”.

-Julio Adames, “Plural”, Hoy, 30 de abril de 1994



“Un texto altamente sicológico, maltratado y maldito que, utilizando El recurso de la cámara lenta, nos proyecta la película que nos retrata de cuerpo entero a nosotros que ‘seguiremos siendo el tema de fondo, una metáfora incomprensible, extras mal pagados’”.

-René Rodríguez Soriano, “Biblioteca”, Última Hora, 17 de septiembre de 1995

Diminuto Hábitat

Texto literario en versos libres que narra la historia de un joven, su amor por una mujer de más edad, su soledad y su resurrección


Diminuto hábitat

Por Ramón Tejada Holguín


"A quien en la ciudad estuvo largo tiempo confinado"
Keats.

i. Adolescente y mujer: Boceto.


"¿Y quién puede decir
cómo hombres y mujeres reaccionarán
entre sí...?"

Edgar Lee Masters.


1

Esta tarde lluviosa de mayo
es una de ésas
en que el sexo se encuentra
a primera página.
Los recuerdos de amigas
se suceden
hasta que elige una
perfectamente sensual
y la desnuda.
Luego
tendido en la cama
extasiado
el joven se maldice
por haber hecho
la cosa más natural del mundo.


2

Cuando aquel primer día
anduve por su cuerpo
acariciando
hurgando
buscando todo eso que tanto le gustó
que buscara.
Cuando
sentí sus senos
estrujarse en mi pecho
y
ofreció su cuerpo a mis inexpertas manos
y se sometió a mi capricho
y fue señora de mi voluntad
descubrí que el amor
no era como en la televisión.


3

Ella despertó
al ritmo de un tierno
persistente pensamiento
del simpático joven
que la amaba.
Aquella mañana
él estuvo presente
en fugaces
apacibles ideas
hasta que llegó la tarde
llegó alguien
ella sonrió en sus adentros.
Esa tarde
por unas horas
olvidó
al gracioso joven
más joven que ella
que la amaba.


ii. Diminuto Hábitat

"...el cataclismo se ha producido, estamos entre ruinas, comenzamos a construir hábitats diminutos..."
D.H. Lawrence.


4 LUNES, ELLA Y YO.

¿Me huyes?
¿Qué decir de tus fantasmas?
Sólo alcanzo a ver tu magnífico trasero
alejarse en vaivenes sinfónicos.
Y dices que soy el que huyo.
Tu espalda desviada a la altura de los lumbares
es lo que me ofreces.
Pero como siempre
soy el infantil de la película.
Al olmo no se le pide peras.
Eres maravillosa ¿quién lo niega?
Siempre de alguna pata se cojea.
E insistes en aferrarte a mis fantasmas.
Algún día será tarde.
Las lágrimas nada resolverán.
¿Cuánto cuesta un pasaje sencillo
al Medio Oriente?


5

El aire queda inmóvil
sin tiempo definido.
Se enrarece el ambiente.
Algo extraño
e inimaginable ocurrirá ahora.
Nada.
Los minutos retornan a su lugar.
Sólo fue uno más de sus recuerdos.





6 SIN ELLA


Las horas se esconden del reloj.
Los minutos descubren la nostalgia
de un cobrizo cuerpo
desnudo y suave.
Los segundos se rascan la cabeza
buscando algún oficio productivo.
No hay lluvia:
hoy podría ser una tarde propicia
para la playa, el alcohol y los amigos.
Las colillas
inundan el piso de la habitación
como para decirnos que un hombre
no sabe que hacer con su tiempo,
con su breve vida.
La cama rememora viejos desenlaces:
empezábamos con inocentes caricias
y terminábamos haciéndonos
adolescentemente el amor.
Tarde sin ella.
Tarde en desánimo.


7

Madruga.
Despierto.
En la penumbra
se va conformando un rostro.
Intenta disolverse.
Se materializa.
Ella está entre mis piernas
mis manos acarician la cabeza:
suavidad
rapidez.
Parsimoniosa
me mira enseñándome
sus carnosos y risueños labios:
se desvanece.
Exhausto vuelvo al sueño
y despierto en la mañana
fresco y radiante
pero sin ella.


8 MUJER Y CIGARRILLO.

Sentado
oyendo su disco de Astrud Gilberto
el que tiene su nombre en la antecara
dedico este último cigarrillo
a su recuerdo
a la orgía de incomprensión
que escenificamos por tres años
a las marcas imborrables
al tanta veces buscado culpable
a estos meses de separación
a sus idiotas maneras de hacer lo que me gusta
a sus blancos dientes perseguidores.
Les dedico este último cigarrillo
y que conste
no son los centavos que valen
lo que ofrezco en libación:
ofrendo la imposibilidad de comprar otro.
Dedico este último cigarrillo
a la mujer que hoy volví a ver
y en plena calle
se atrevió a besar mis labios
así como si nada...


9 DE HEGEL, ELLA, LA OTRA Y YO.

Ella es otra.
Aún así me descubro
en sus blancos dientes
y termino blasfemando
entre sus lechosos senos.
Pero entiéndase
yo no soy otro.
No sé porqué ella insiste en ser otra
a pesar de la lógica aristotélica
a pesar de la ternura que juega a las escondida
a pesar de las caricias clandestinas
a pesar de que es infeliz siendo otra.
Se castiga por culpas no cometidas
y no es que sea sádica
o cristiana
es otra.
No es fiel exponente de la lógica hegeliana
es otra.
Será mejor que olvide su pasado
y renuncie a sí misma
o a la otra
o que se vaya directamente
a la porra.


10

Recostado
mirando el techo
de un cuarto vacío
son muchas
las cosas en que se piensa
principalmente
cuando ese cuarto
sólo tú lo habitas
sólo tú lo habitas.



11

Un final majestuoso
vale más que la permanencia estéril.
Debemos admitir que la locura nos abandonó.
Poco podemos ofrecernos.

Vivimos un tiempo extra
que no nos pertenece.
Seguir es ir contra nuestra vida anterior.

¿Cómo recordar nostálgicos
aquélla orgía de nuevas experiencias
si de por medio se encuentra
una resistencia humillante
a la separación definitiva?

Quedémonos
con nuestras complicidades orgásmicas
en la memoria.
¿Por qué ser tan amantes del status quo
emocional?

No lo entiendo.
Este cursi final
nos ha manchado para toda la vida.


iii. Fantasmas resurrectos.

"Algo que fue navío, soledad del delfín
sueños de hombres.
Así el Arte.
Y las cenizas del amor"

José María Álvarez.

"Y aquel terrible desamor que suena
en lo más apacible de la noche."

Luis Alfredo Torres


12

"Hay golpes en la vida, tan fuertes...yo no sé
César Vallejo

Los Heraldos Negros
los culpables de los golpes fuertes
fuertes de la vida
me visitaron
llegaron y entraron a mi casa
como entra el mejor de mis amigos
se quitaron el sombrero
e hicieron suya mi morada
vinieron con sus golpes.
Yo
indefenso
impotente ante los embates de los Heraldos Negros
sin algo o alguien con que defenderme…no sé



13 AUTOBIOGRAFIA.

A duras penas
te alejas de tu antigua edad
adolescente
y ya sientes la nostalgia
de la época en que amaste la vida
a través de los dientes de una mujer.
Casi pasas del cuarto de siglo
y descubres
que el hombre no debe madurar demasiado
porque puede llegar a podrirse.


14 THE DRAKE'S PUB.

Después de profundas investigaciones
de noches insomnes
recorriendo borrachos
la Zona Colonial
en busca de una rendija
para mirar desnuda a Doña María de Toledo
-blanco cuerpo de erectos pezones-
estamos capacitados para decir
que somos depositarios de la verdad.
Estos edificios coloniales
nada tienen que ver con la estética
la nostalgia
la historia
o los desesperados poetas.
Estas ancestrales construcciones
son el gran meadero
de los noctámbulos de Santo Domingo.


15

La Radio del vecino
no lo deja dormir.
Levantóse
al compás
de rítmicos
precarios movimientos.
Se acercó al espejo.
Vio un hombre
una borrachera más viejo
dueño de un ligero dolor de cabeza.


16

Hay que sacudir este polvo
que se ha pegado en a la piel.
Aquello que una vez fue
y uno no sabe por cuál sortilegio
insiste en ser.
Un recuerdo es un recuerdo
grato o ingrato:
cenizas
no una razón de vida.
Ningún arrepentimiento.
Algo ha de hacerse con el horizonte
que exige
sacudir el polvo recalcitrante
que ha intentado hacer de nosotros
su morada.


17

Ahora sí que veo las cosas
más claras.
Qué belleza nos da la vida.
¡Oh, esos atardeceres de otoño!
Gracias doy
por estos espejuelos.
¿Habrá lentes para cerebros?


18

Se suceden frente a mis ojos
sucesivas imágenes
de todo cuanto he hecho y deshecho
y lo descubro.
Nunca estaremos contentos
con esto
que otros dicen
nosotros somos.


19

Un hombre sentado
en el muro del Alcázar de colón.

Una mujer parada
en la Placita del Reloj de Sol.

Nadie mira las estrellas.

La mujer desaparece en la penumbra.
Aparece.

El está absorto
en sus pensamientos:
trata de saber con cuáles ojos
ella mira el río.
Si con los de nostalgia y desamparo
o los de soledad y plenitud.

La penumbra se traga a la mujer.
La libera.

Ella no es una aparición
ni Doña María de Toledo que regresa.
El hombre
hipnotizado
la observa como si lo fuera.

Amos de un mismo territorio.
Fantasmas resurrectos.
Encontrarse es el inicio
de otra historia.




20 De penumbra y amores elementales

He oído hablar de la penumbra con poco acierto.

Se ha hablado de los que se esconden en la sombra, de los que alojan su espíritu en una recóndita rendija de su cuerpo, de los enamorados que prefieren los rincones en penumbra y la soledad.

Ella y yo estamos siempre en compañía de los muchachos y las muchachas, jugando a la alegría y la felicidad.

Sin embargo, a veces sucede, admito que me ha sucedido, que la penumbra remite a la solitud, entristecemos, uno se siente flotar en los nubarrones de la melancolía.

En otras ocasiones la penumbra fascina, ese escrutarse a media luz, el misterio del mágico encuentro entre las fuerzas de la luz y las de la oscuridad es insondable.

Sé que se tiene miedo de hablar de la penumbra y el amor en tono adolescente. Pero cuando la penumbra seduce y ella está a mi lado, otro tono es imposible.

Por ejemplo, si las luces se apagan y sus manos y las mías bailan la danza Taína del amor, las manos son hechiceras, yo me siento colegial, regreso a los parques, al verdor de la grama cuando la tarde, moribunda, se va, al no pise la hierba, pero ella y yo estamos sentados en el pasto.

Retorno al recreo, a las miradas fugaces de la joven amada, o sea ella, al cándido beso que la brisa lleva a la boca del enamorado, yo, mientras los amigos ríen y, bullangueros, me pasan las manos por la cabeza.

Hay la puerta a algo familiar y lejano, desconocido y muy nuestro.

Cuando beso sus labios, pintados de rojo chinatown, sólo penumbra quiero.

Creo que los amores elementales y secretos, los de quienes buscamos los rincones en penumbra y las cervezas más frías, los de dos amantes que inocentes y desnudos se hacen el amor con adolescentes glosas corporales son los mejores del mundo.

Pero las cosas no son siempre como uno quiere. Las cervezas están tibias, ojos de buitres acechan nuestras vidas como si nuestros cuerpos fueran carroña. Salgo por la puerta principal y regreso furtivo por el garaje.

El calor es insoportable. La conjunción de nuestros sudores simboliza nuestros cuerpos y placeres.

Uno somos.
Su pecho: alimento para mis ávidas manos.
Piel tersa y tierna que da de beber a los sedientos labios del que acaricia.
Muslos y manos.
Boca y senos.
Pecho versus pecho.
Manos y manos.
Sexo y sexo.
Paz. Pero paz que se desvanece de repente, que sacude los cuerpos, y regresa lentamente.
Caricias que desean la sordera.
Voz: seré tu maestro.

Lo cierto es que soy esclavo de su cuerpo y de su espíritu, de su increíble y joven manera de estar siempre en pie de lucha, de esos labios chinatown que hablan del mundo y de la protección de las ballenas del Banco de la Plata y nunca del futuro del amor, porque viven este presente que somos.

Ahora, exhaustos, acostados, entrelazados, con las miradas en el cuerpo del otro, las manos hacen torpes intentos de caricias, miramos más allá...

Pensamos en nosotros, olvidados, por hoy, los rostros de los fantasmas que exigen ser dueños de nuestros presente y pasado.



iv. Epílogo.

21

Entiendo
porque te escapas de la oficina
para visitar el espacioso y solitario
Jardín Botánico los miércoles en la mañana.
Pero,
¿a qué se debe
tu insistencia en abrir todas las puertas
y ventanas de nuestra casa
para hacernos el amor a pleno día?

Carlos Fuentes: Presencia que husmea y palpita en el imaginario latinoamericano



Ramón Tejada Holguín

El cumpleaños 80 de Carlos Fuentes y la celebración de los 50 años de la publicación de “La región más transparente”, ocasión para la cual Alfaguara y la Real Academia de la Lengua (RAE) han realizado una excelente edición de esta novela (1), es la coartada perfecta para revisar su obra y declarar nuestra fascinante perplejidad por el discurso de este latinoamericano nacido en México.

De la novela se ha escrito mucho. Se dice que es la primera novela urbana de México, es más que eso. Es una ácida crítica del legado de la Revolución Mexicana y la forma en que el PRI –Partido Revolucionario Institucional- llevó a México a la modernidad. Es una novela fundacional, que inicia el discurso que Fuentes irá construyendo a lo largo de su vida literaria e intelectual, que nos habla de la identidad mexicana, conociendo la crueldad de los ritos de la nación precolombina y la puerilidad de las ceremonias que gobiernan las relaciones sociales y políticas del México que es esa “región más transparente del aire”(1).

Quiénes somos: el manipulador de símbolos

Escribir en presente del indicativo y en tono erudito, pronunciando pedantescas afirmaciones que pretenden ser la última palabra sobre su obra, es imposible: Fuentes no se presta a interpretaciones lineales. Así como Carrol, en “Alicia en el país de las maravillas” habló de palabras-maletín, sobre Fuentes podemos hablar de ideas-maletín, verdaderas cajas de sorpresas que contienen en su interior aquello que las afirma y que las niega. Semillas de insólitas dudas sobre lo aparentemente indudable, múltiples interrogantes acerca del origen, presente y futuro de México.

Sus narraciones están marcadas por la maldición o la bienaventuranza de lo abierto, plural, ambiguo. No encontramos interrogaciones maniqueas que se respondan con un simple sí o un olímpico no. ¿Habrá en su obra algunas de esas preguntas llamadas ontológicamente sin respuesta? Si asumimos que Fuentes narra las historias de las colectividades en busca del “ser” latinoamericano, ¿es posible llegar a saber quiénes somos?

Desconcertante creador de atmósferas en las que personas de cuerpos mestizos bailan al compás de voces salidas del “mito” y de “la historia”, conjugando el mismo verbo en más de un tiempo, unificando ficción y realidad. Conocedor y manipulador de símbolos y claves causantes de la misma inquietud que provoca saber la crueldad de los ritos que ayer nos regían y la puerilidad de las ceremonias que hoy nos gobiernan.

¿Testimonio de un hombre que oscila entre diversas fuentes culturales o de quien conoce a la perfección las culturas de un conjunto de naciones de bastardo origen?

Su discurso se refiere a pautas culturales que norman la acción social de los mexicanos y de paso nos guiña un ojo al resto de la bastardía iberoamericana. ¿Nos intenta decir que para conocernos debemos escarbar en nuestras raíces, imaginar un futuro, identificamos con algo, con el mito o la historia, con una utopía o una anti-utopía? Crea un colorido teatro carnavalesco, en donde la memoria del pasado y el futuro nos juegan la más pesada de las bromas: identificamos con algo es insuficiente, no basta sabemos de origen bastardo. En última instancia identidad no es conformismo, “debe ser” deseo, voluntad, de transformar esos pueriles ritos que nos identifican y gobiernan.

Utiliza el presente, ¿sólo lo utiliza?, para contar nuestras raíces indígenas y ‘judeocristianas”. ¿Simbiosis cultural?

Autor de intenciones totalizantes, escribe sobre todo lo que conforma “la modernidad” en México. Desde la capital, esa “Región más transparente del aire”, con sus relaciones económicas, socioculturales y políticas, hasta la frontera y los tensos nexos con la cultura del “Gringo viejo” (2).

La modernidad Hic et nunc.

Escritor que manipula los mitos del viejo mundo y la cultura indígena, y los mitos indígenas y la cultura de la Europa conquistadora, para hablar de eso que llaman “modernidad”. ¿Qué significa “modernidad” para Iberoamérica? La modernidad, nace en franca oposición al pasado, a lo caduco, es fundación del presente. Sin embargo ha devenido en la definición de una “actualidad” que pretende perpetuarse, en la visión de un progreso y un desarrollo ligados al bienestar económico de los Artemio Cruz (3).

Si es cierto que la ideología de la época, de la modernidad, se ha convertido en espejuelos oscuros asesinos de preguntas y búsquedas, ¿es Fuentes un crítico de la modernidad? ¿Es su crítica sólo a la idea del tipo de progreso que nos gastamos o íntegra un rechazo a toda la visión del mundo que se reclama como modernidad?

Qué confusión: ¿critica a la modernidad como totalidad, y la modernidad, a su vez, fue una crítica del caduco pasado que pretendía perpetuarse? ¿Moraleja? Decidido: es un provocador de profesión que nos interpela sobre la cultura y el individuo en tanto que ‘conjunto de relaciones sociales”, síntesis de sus circunstancias socioculturales y materiales.

Fuentes, el interrogador, nos pasea por lo cotidiano y lo extraordinario significando cómo lo uno está contaminado de lo otro. Una nada asombrosa decisión se convierte en el hecho extraordinario que fijó el rumbo de un conjunto de vidas humanas: un profesor influye a un jovencito para que se decida a participar en la revolución mexicana, del lado de los revolucionarios, y nace el todopoderoso burgués Artemio Cruz(3), que por amor a una niña se convierte en héroe.

La duda productiva

Que nadie se engañe. Un provocador de profesión busca algo. ¿Pretende mostrarnos el lado ridículo de los hechos que constituyeron la construcción una nación, qué tontería es aferrarse a aquello que perpetúa la ridiculez, quiénes son los tontos y a qué dislate histórico nos conducimos? Hemos llegado a un punto en el que es necesario saber si se nos pide intervenir de algún modo en el mundo que nos rodea, que recrea Fuentes.

Parecería que se desea sembrar una “duda productiva” en la mente del que se acerca al mundo fuentesiano. Una duda que catalice un pensamiento, pensamiento que opere como orientador de la acción social de Iberoamérica. Claro que la duda está dirigida a un tipo de lector, el lector-cómplice, y no lector rosadito: ¿Interpretación del que escribe, o intención de Fuentes?

¿Pide nuestra complicidad con el objetivo de desnudar valores soterrados que nos trazan pautas de conductas, que, a su vez, crean una mecánica del pensamiento favorable a esa modernidad de Artemio Cruz? ¿Hay valores que “se ocultan, husmean y palpitan en la oscuridad”(4) cuya existencia nos negamos a reconocer, pero que deben ser puestos en relieve? ¿No querer admitir la existencia de esos valores significa hacernos los indiferentes y seguir participando, como hasta hoy, en la eternización de “la misma tontería repetida donde la injusticia y la broma se confunden y disipan”(5).

Atrapados, pero con salida.

Se nos pide absolutamente nada, poseemos albedrío para hacer lo que nos venga en ganas, sólo se nos ha dado la oportunidad de conocer un mundo “distinto de la vida, (que) identifica a la vida”(6) ese mundo es la obra del fabulador que comentarnos.

Al salir del encanto que sus textos provocan, nos damos cuenta que nos ha metido sus fantasmas, que nos ha encerrado en una noche oscura, que la luz la debemos construir nosotros; nos atrapó, definitivamente nos atrapó, en la prisión que lo aprisiona: su cárcel es estar “situado entre una historia que rechaza y una historia que desea”(7).

Se podrá continuar acusándolo de ser “muy con conservador aunque él se autodesigna como intelectual independiente de izquierda”(8), o de ser izquierdista delirante. No importa, cada lector sabrá procesar una lectura de América Latina tan rica y múltiple como la que propone Carlos Fuentes.

Notas

1. Fuentes, C: La región más transparente. Alfaguara, España, 2008.
2. Fuentes, C: Gringo Viejo, FCE, México, 1985
3. Fuentes, C: La muerte de Artemio Cruz. Alfaguara, España, 2008.
4. Fuentes, C: Zona Sagrada. En “Dos educaciones” Alfaguara, España, 1995
5. Fuentes, C: Cristóbal Nonato. FCE, México 1987
6. Fuentes, C: Terra Nostra. Joaquín Mortiz, México 1984
7. Fuentes, C: La nueva novela latinoamericana. Joaquín Mortiz, editores. México 1986. Pág. 29
8. Villas, Luis M: Lenguaje y sociedad de consumo en la Muerte de Artemio Cruz, Revista Plural, no 198, México, 1988.

Carlos Fuentes: Presencia que husmea y palpita en el imaginario latinoamericano

En la obra de Carlos Fuentes historia y mito forman un contrapunto de voces que conjugan el mismo verbo en más de un tiempo, unificando ficción y realidad.

“La región más transparente”, novela fundacional, es un ejemplo de esta simbiosis. Se dice que es la primera novela urbana de México y una ácida crítica al legado de la Revolución mexicana y a la forma en que el PRI –Partido Revolucionario Institucional- llevó a México a la modernidad, pero es más que eso.

Es -para mí- un discurso sobre la identidad de un pueblo, el discurso de alguien que conoce la crueldad de los ritos de la nación antes de la llegada de los conquistadores y la puerilidad de las ceremonias que gobiernan las relaciones sociales y políticas del México que es esa “región más transparente del aire”.

Fuentes utiliza el presente, su presente, para contar las raíces indígenas de una sociedad moderna, judeocristiana, que da la espalda al pasado, y por dar la espalda a su historia se le hace difícil crear un futuro propio, distinto a las imposiciones de las diversa potencias que han gobernado el mundo.

La obra de Fuentes es un colorido teatro carnavalesco, en donde pasado, presente y futuro se funden tratando de encontrar la identidad mexicana. Entendiendo la identidad como algo en movimiento, como una indagación sobre el porvenir de México. Pero, si bien Fuentes habla de México, no deja de guiñarnos un ojo a toda América Latina, y de decirnos: mírate en este espejo, ¿esto es lo que quieres ser?

En el texto de 1969 “La Nueva Novela Hispanoamericana” Fuentes sostiene que el escritor latinoamericano está “situado entre una historia que rechaza y una historia que desea.” Parafraseando al mismo Fuentes, podemos decir que él se ubica entre una sociedad que rechaza y otra sociedad que desea.

Texto enviado por Ramón Tejada Holguín a la periodista Vianny Solano, en respuesta a sus preguntas. Ver lo escrito por la periodista en:

http://www.listindiario.com.do/app/article.aspx?id=88002

El mundo según Alf: modernidad, desencanto y desconsuelo en los 80

“...me pregunto con qué derecho un hombre se atreve a exigir a otro que mude sus gustos o que los modele de acuerdo con el orden social.”
´ Sade: Justine o las desventuras de la virtud

Introducción: gato al horno

Sé que algunos lectores se estarán preguntando quién es ese Alf. He de aclarar que no es un novel escritor recién descubierto por algún sabiondo gurú de la literatura dominicana, ni sagaz crítico que ha realizado el mejor de los trabajos, jamás escrito, sobre los jóvenes literatos de los ochenta.

Este Alf es un pequeño extraterrestre, que gusta del gato horneado, adobado con patas de perro y rabo de ratitas tiernas. Un manjar como éste no puede ser degustado en compañía de un vulgar beaujolais. La bebida, es evidente, ha de ser zumo de burro batido con una pizca de aceite de ricino.

Si alguien les dice que es el personaje central de un programa de televisión, posiblemente les esté mintiendo, es real. Dirán que se divierte con sus mordaces comentarios sobre la vida cotidiana, en el marco del paradigma de la cultura occidental: los Estados Unidos. Este extraterrestre le encuentra el lado oscuro a cualquier hecho o sentimiento optimista de la familia que le alberga en su tránsito por la tierra. La vida terrestre, vale decir la cultura judeocristiana, es comparada constantemente con la vida en Melmack, su mundo de origen, que es el reverso de la modernidad.

Década del desencanto y el desconsuelo

Así, como Alf, son los que se hicieron adolescentes en el marco de los doce años de Balaguer. Jóvenes que se desarrollaron, que conformaron su “estructura caracterológica”, en esos años en que el autoritarismo caudillista domesticó a la “sociedad civil”, que luego de la insurrección del 1965 se encontraba fragmentada.

La relación vertical y rígida del Estado y la Sociedad Civil, se manifestaba como una intromisión estatal en la esfera de la cotidianidad y marcó, de alguna manera, la visión del mundo de los dominicanos y dominicanas, en especial la de los jóvenes que despertaban al mundo en la época. Quizás por esta razón, se pensó que los cachorros de intelectuales podrían ser portadores de una suerte de conciencia democrática profunda. Que reaccionarían contra el autoritarismo, exigiendo mayores niveles de participación pública, tanto en lo cultural como en lo social.

Sin embargo, otros fenómenos contribuyeron en la constitución de las “estructuras caracterológicas” de estos jóvenes: la crisis de los paradigmas sociales, la crisis de las organizaciones políticas de izquierdas, el fracaso de los grandes proyectos societales y la forma en que las expectativas democráticas y de bienestar de la sociedad civil no fueron satisfechas por el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) a su paso por el tren gubernamental (1978 a 1986).

La visión del mundo y “la práctica intelectual” de los jóvenes escritores de los ochenta se vieron signada por estos fenómenos. Unos se asimilaron al Status Quo que reina en la sociedad, otros intentaron aprovechar los espacios de las izquierdas en busca de público y seguridad. (No debe olvidarse que el debate y la “praxis” cultural estuvo gobernada por el pensamiento “progresista” en los sesenta y setenta.) Hubo quienes se asociaron en “colectivos” y “talleres” en busca de una voz que se asumiera como “colectiva” y plural. Y algunos, como la mala res, rechazaron agregarse y marcharon con independencia los caminos de la literatura.

Si bien, como parecerían sugerir los planteamientos anteriores, no se puede establecer la existencia de una visión del mundo única, colectiva, de los escritores de los ochenta, sí puede hablarse de valores y de un cierto “aliento” que los unifica, dentro de la diversidad de pareceres, géneros y estilos que poseen.

Pensamos que los iguala el desencanto, el desaliento y la negación de la cultura actual. Se podría inferir que, aunque sea como intuición, los caracteriza la forma en que sus textos traslucen, que asumen que la crisis de las instituciones sociales remite a la crisis de los valores que las sostienen y, puesto que los valores no flotan en el aire, se está ante la crisis del sujeto, el hombre occidental. En algunos de los autores jóvenes esta idea podrá aparecer más o menos explícita. De todas maneras, la mayoría de los textos de esta generación pueden ser interpretados en este sentido.

Desde hace jazz mucho tiempo me paso el tiempo tocando tu sexofón”[1]

La cultura dominicana, que no ha logrado conjurar el fantasma del caudillismo, es esencialmente autoritaria. Y éste odia el cambio cultural, es desestimulador de la imaginación y el intelecto, no es inmóvil porque no tiene fuerzas para contradecir a Heráclito y a su río, pero a duras penas gatea. El mundo en el que despiertan los jóvenes es un mundo ya construido, que tiene la pretensión de presentare como inmutable a sus ojos.

Ante un mundo poco permeable a los cambios, y que deja escaso espacio a la libre creación, el aburrimiento, el hastío se generalizan, se posan en el alma de los jóvenes, ¿qué hacer con el tiempo libre? Escribir puede ser una forma de combatir el aburrimiento; pero, no siempre se desea escribir. La música, sobre todo el jazz y el rock, deviene en elemento importante en la vida de la juventud para combatir el fastidio y la aquiescencia dominicana: “El cigarrillo de esta trompeta se está muriendo de tedio”[2], dice Manolo. ¿Por qué una trompeta? ¿Por qué el jazz, el rock?

La soledad del trompetista es infinita. Un solo de trompeta puede ser lo más divertido o nostálgico o triste del mundo. Polisemia. Tal como la juventud lo puede ser. El jazz es la improvisación, libre albedrío del músico, una pieza de jazz nunca es la misma, nunca provoca los mismos sentimientos en el que la escucha, nunca es ejecutada de la misma manera. El rock es violento, contestatario, símbolo de la revolución sexual y de los hippies, esos vagabundos y desmadrados que tuvieron algo por lo cual vivir y luchar, que soñaban con “un mundo sin propiedades”, que perseguían su destino, en dóciles monturas.

Esa forma de mirar al pasado Hippie nos habla de las carencias del presente. El tedio, la ausencia de perspectivas y proyectos definidos de los de hoy contrasta con el viaje de amor y paz por las carreteras que marcó a la juventud de los sesenta. La desolación de los de hoy tiene sus raíces en los fracasos de los proyectos de los sesentistas, lo que deja pocos ídolos en pie, pocos símbolos a los cuales aferrarse. Se hace inevitable, entonces, preguntarse ¿hacia dónde vamos? Amable dice saberlo, y lanza su opinión con violencia, con cierta dosis de humor negro, hasta ciertos resquemores y resentimientos: “catalizamos la huida hacia la podredumbre”[3]. De seguro que la mayoría de su generación estará de acuerdo con él, aunque no lo admitan. Porque otra de las características de los jóvenes escritores es su individualismo, su tendencia a negar los aciertos de los que no pertenecen a su círculo interior.

¿Quiénes desean saber quiénes catalizan la huida hacia la podredumbre? Probablemente la mayoría, pero se quedan estupefactos ante la pregunta. Son la generación que interroga y no responde, pero responde sin saber cuál es la pregunta. Son un caos, a veces. Y otras veces, también. Pero el caos no les pertenece, les viene de fuera, del mundo que les rodea. Ese mundo que les acusa de ser un grupo de malcriados, inadaptados, que se aburren infinitamente, que prefieren mover la cabeza al compás de una música extranjera, antes que menear las caderas al compás del merengue. Pero, Julio Castillo, quién sabe por qué, de repente, en un extraño momento de lucidez, antes de abandonar la escritura y emigrar a New York (¿alguna metáfora en esto?), dice algo que, en cierta forma los define a todos como son: “una figura chinesca/ obscenidad escrita/ en el convento”[4].

No crea que el convento es la sociedad actual. El convento es el cuerpo. Ese fetiche de una sociedad erotizada y en ocasiones pornográfica, pero hipócrita, que exige emociones fuertes para combatir el aburrimiento. Pero, la censura pretende desterrar el cuerpo del idioma, por impuro. La reacción de los jóvenes es poner de manifiesto cuáles son los placeres soterrados que nuestra cultura del aburrimiento y la violencia crea: “Aún recuerdo como sangraste Pretty Doll cuando bañada en cerveza a horcajadas te abrieron sobre la mesa de billar y luego ese taco machacando tu virginidad que se resistía en vano a los empellones, hasta que tuvo que ceñirlo y teñirlo de niña”.[5]

Qué otra cosa pueden hacer, si no se reconocen en las actuales instituciones, si sueñan, ¿pesadillan?, un Melmack inexistente, que apenas se perfila en las cabezas de algunos, los más osados y apasionados. ¿Desean llevar hasta sus últimas consecuencias las ideas que los mass media les inculcan?: Beber, fumar, junto a hermosas y deslumbrantes modelos, de tersa piel, de perfectos senos reconstruidos, de labios increíbles y lascivos –colágeno incluido. Divertirse, divertirse, que la juventud es breve: y diversión significa consumo. Son sujetos que se rechazan a sí mismos, porque son producto de un mundo y un pensar que no les satisface. Un mundo que los seduce y los reprime. Que los alaba (la juventud es el futuro) y los bloquea (eres muy joven para entenderlo).

Entenderse parte de lo actual, de “la modernidad”, ese tótem que desea eternizarse, y de un futuro incierto que no llega, los segmenta y los lleva a afirmar, en sus textos, más de un “yo”, si bien es un yo plural, no es un nosotros, es un juego con el espejo y la relatividad.[6] Aunque es posible que la intención de algunos sea poner en evidencia todos estos elementos, demostrar la “contradictoriedad” del ser, pero resulta terrible ser un “yo” que habla en el vacío, que no se convierte en “nosotros” y no llega a “él” o a “ella” o a “ustedes”. Para Dionisio, ese contexto de desolación y desamparo convierte el suicidio en necesario, y reconfortante: “Luego de leerme estoy seguro, empujarás el puñal hasta tu pecho”[7].

La nostalgia de la época cuando las apuestas eran más simples

Cuando era niño, las apuestas eran simples. Existían amigos y enemigos. Seres amados y seres odiados. Se estaba a favor o en contra de algo, o de alguien. Vida llena de simpleza, pero vida chata, vida muelle.

Durante los años de gestación de los noveles escritores, la sociedad dominicana era como un niño: en lo político se estaba a favor o en contra de Balaguer. En lo intelectual se era o no marxista. Unos eran buenos, otros eran malos, y viceversa, todo dependía de la universidad que nos formara. Ese fue otro de los errores del movimiento “progresista”. Al ganar el PRD las elecciones de 1978, el mundo político e intelectual se complicó. Se empezó a captar lo complejo de la existencia. La simpleza de las apuestas se evidenció como falsa. Las izquierdas, que dominaron el panorama cultural de aquellos años, se vieron huérfanas. Ya no había contra quién hacer poesía coreada. Nada fue transparente, ni oscuro. Todo fue embargado por la penumbra, que es un espacio donde confluyen la luz y la oscuridad ocultándolo todo y, a la vez, mostrándolo todo.

En cierto sentido asumen la nostalgia desde diversos puntos de vista, pero, ¡qué maravilla es el pero!, no sólo es una nostalgia de la simpleza de la vida del infante. René Rodríguez Soriano, es un jodedor nostálgico, uno que oculta su deseo de retornar a la simpleza de su infancia, pero una infancia reconstruida, parecería que pide lo imposible: ser niño con las ideas y madurez del adulto que es hoy. René construye un pueblo imaginario (San José del Puerto[8]), que viene a ser un Constanza, su pueblo natal, cosmopolita y universal, un poblado rural con aires urbanos, es Constanza urbanizado, o Santo Domingo “constanzanizado”. Pero esta nostalgia no es meliflua, no es simple añoranza del pasado, es uso de la experiencia del escritor, de los fantasmas que atormentaron a un joven que despierta al mundo, queriendo algo más que un pueblo hostil a la imaginación y la libertad. Es una nostalgia que no es tal.

Y no es tal, porque en el fondo lo que aparece como nostalgia, es un “yo” diluido en el texto, el yo de la modernidad y los modernos. Es a veces una presencia cuasi imperceptible este yo. Pero aun en los textos escritos en segunda o tercera persona, en el escritor de la modernidad se siente el peso del yo. Modernidad, yo, humor y metáfora son indisolubles: “La introducción del yo supone la modernidad (…) El Yo es humorístico en cuanto que toma conciencia de su insignificancia en el universo. El Yo es metafórico en cuanto que se siente relacionado con todo, se siente todo, sin limitaciones religiosas, medievales, clásicas”.[9] Si en más de una ocasión se ha acusado de ser anacrónicos a los escritores dominicanos, la última promoción de escritores está definitivamente conectada con las formas de hacer literatura predominantes en el mundo.

Pero, la nostalgia tiene otros matices. Hay los que maldicen “saber”, el conocer esa mecánica que los aprisionó. El absorto hermoso y terrible del conocimiento deviene en pasión por el olvido y lo simple: “mis ojos no son ya mis ojos/ son dos puertas abiertas al olvido” [10]. A diferencia de René, que complejiza su nostalgia, Eduardo Díaz Guerra persigue la simplicidad y sencillez de las relaciones primarias, no es casual que la gran mayoría de sus poemas hablen de la relación hombre-mujer. Pero la mujer como la entendían los románticos, los de verdad, no los cursis. Mujer diferente a la de René, o la de Ángela Hernández, que es una mujer-problema, contradictoria como la época, con vida al margen del autor o autora o del enamorado, en fin, mujer con vida propia.

Miguel D. Mena nostalgia una ciudad de parques y áreas verdes, en la que los edificios de apartamentos no habían irrumpido en la cotidianidad de los barrios. Las chichiguas, las palomas que se posan en el cable del tendido eléctrico y una ciudad inmóvil son los elementos de la poesía de Mena. Su nostalgia, a fin de cuentas, es simple y fútil condena del progreso -vana esperanza la suya- y deseo de la inamovilidad del mundo, vida acentuada en la lentitud del tiempo rural y la negación a crecer, como manda la biología. Pero, el cambio es indetenible y no hay tiempo para llorar su aya perdida.

Toda la filosofía cabe en un bostezo (11)

Frente al inmediatismo y el presentismo reinante en la cultura occidental, potencializado por el peso que conserva “lo rural” en la dominicanidad, a pesar de que los escritores de los ochenta se han desarrollado en una sociedad eminentemente urbana, se conforma una literatura que ironiza las bases filosóficas de occidente y que apuesta por una cultura urbana, moderna o posmoderna. La ironía es parte del temperamento de los jóvenes, pero la ironía nada afirma, sólo niega, es burla inteligente que nada construye.

La razón, per se, no puede darnos una idea exacta del mundo inmediato, no puede decir el por qué duele tanto, y tantos tormentos provoca el vivir. Nada de cuartel para la razón, la realidad es lo que es, pero, no es lo que aparenta. El imaginario literario puede captar mejor lo real que la racionalidad occidental: “Esta realidad es un imberbe jugando en nuestro pecho”.[12]

La realidad es juguetona y es el juego a la vez. Los jóvenes son como el perro que juega a morderse la cola. La realidad es circular y repetitiva dice Jochi, “encuentro con las mismas otredades de las que sale uno victorioso y a las que vuelve siempre derrotado”[13].

La realidad de las instituciones sociales, el matrimonio, las relaciones de parentesco, son desmitificadas. La familia ya no es el refugio del sujeto. Los lazos de solidaridad se han roto. Las contradicciones y la crisis han penetrado en ellas. Una nueva moral hace de la infidelidad un gesto heroico. A veces, por no dañar al otro, nos convertimos en adúlteros, mentirosos[14], o simplemente escapamos a una realidad paralela.[15]

Y el amor, pregunta Aurora Arias, que como siempre llega tarde al convite, y luce un tanto despistada, ¿no puede ser un algo que nos redima?, agrega. Algunas escritoras le hacen eco: ¿No sería posible que a través de una redefinición del rol de la mujer y las relaciones entre las parejas encontremos un refugio? Gavino Severino, desde La Romana, les responde: “En su loca carrera/ hacia el orgasmo/ sus nalgas son dos monstruos/ resbalando al filo del cuchillo”.[16]

¿Qué o quién podrá redimirnos ahora?

Notas

1] Pedro Pablo Fernández. Nosotros mismos somos. Biblioteca Nacional, Colección Orfeo. 1986. Pág. 25. Si bien Pedro Pablo no pertenece a la última promoción, la de los 80, sus textos presentan la mayoría de los aspectos que sintetizan la personalidad literaria de estos: el erotismo, la música, lo lúdico, en fin el cachondeo infinito. Habrá de ser estudiado con detenimiento.

[2] Manuel García Cartagena. Reunión de poesías, poetas de la crisis. Miguel D. Mena, recopilador. Ver además, entre otros textos: Alguien vuelve a llenar las tardes de palomas de René Rodríguez Soriano, Su nombre, Julia (Alfa y Omega 1991)

[3] Amable López Meléndez. Estos días iguales, (1986)

[4] Julio Castillo. Reunión de… Ob. Cit.

[5] Manuel Llibre Otero. Anatomía de un desmayo presentido… Cuentos premiados 1988. Casa de Teatro, 1989.

[6] El juego con el espejo y el otro ha sido tratado por Ángela Hernández, José Mármol, Plinio Chahín, Julio Adames y otros.

[7] Dionisio de Jesús. La infinita presencia de la sangre, 1988.

[8] René Rodríguez Soriano. Julia, noviembre y estos papeles. Cuentos Premiados 1986, (Casa de Teatro, 1987), No les guardo rencor, papá, (Onap, 1989) y Su nombre, Julia (Alfa y Omega, 1991). Aunque Rodríguez Soriano, como poeta, puede ser analizado como perteneciente a la promoción del 70, en tanto que narrador y por el aliento de sus textos, está más cercano a los 80 que a sus coetáneos.

[9] Francisco Umbral. Las palabras de la tribu. Planeta, 1994. Pág. 248

[10] Eduardo Díaz Guerra. Nostalgia de Loris Lemaris. (Aladino, 1987).

[11] “Bostezar es uno de los pocos placeres auténticos que nos es permitido. Es condición humana, bostezar es sinónimo de libertad, de efectiva libertad. Ese acto de apariencia tan sencilla es comunión del infinito y el ser, reencuentro de lo humano con su propia naturaleza, con la metafísica. Revelación del Yo trascendental. Bostezo, luego existo y al bostezar me doy cuenta de lo infinito. Pero lo mejor del bostezo es cuando se convierte en cadena, uno sucede al otro…” Tejada Holguín, Ramón: “Así Llenamos Nuestros Espacios Temporales”. En Cuentos Premiados Casa de Teatro 1986”

[12] Reunión de poesía… Ob. Cit.

[13] José Mármol. Reunión de…Ob. Cit.

[14] Cfr. De Rafael García Romero. La sórdida telaraña de la mansedumbre, su mejor relato, en Bajo el acoso (1986)

[15] Cfr. Ángela Hernández. Cómo recoger la sombra de las flores. Cuentos premiados Casa de Teatro, 1989.

[16] Gavino Severino. Antología del colectivo de escritores romanenses. Biblioteca Nacional, 1986.

Publicado en:
1. Tejada Holguín, Ramón: Suplemento Coloquio, El Siglo. 31 de marzo de 1990. Págs. 12 y 13.
2. Revisado por el autor para su publicación en el libro escrito en colaboración con René Rodríguez Soriano: “Blasfemia Angelical”. Editora Taller, Santo Domingo, R.D., 1995.

De lo irreparable, la novela, lo humano, la familia y los protagonistas y sus metáforas

1. De lo irreparable

La novela Delirio1, de Laura Restrepo, parece ser la historia de algo irreparable que le ha ocurrido a Agustina. Lo dice Aguilar, su hombre: "Supe que había sucedido algo irreparable en el momento en que un hombre me abrió la puerta de esa habitación de hotel y vi a mi mujer sentada al fondo, mirando por la ventana de muy extraña manera"2. Pero, esa es la apariencia, la novela va más allá de Agustina. Lo irreparable le ha ocurrido a toda una nación que se encuentra fragmentada y cuyo imaginario de futuro son los émulos de Pablo Escobar convertidos en las figuras cimeras de la empresa privada.

Lo irreparable le ocurrió a Colombia, y la verdad que no sólo a Colombia. Ocurre en el seno de ese tipo de familia en la que el patriarcado quiere imponer, a sangre y fuego, una visión única de la realidad.

Lo irreparable le ha ocurrido al entorno que rodea a todos los actores del drama colombiano y que Agustina lo ve de muy extraña manera desde la ventana de esa habitación de hotel, pero Laura Restrepo lo observa muy claramente y lo cuenta con donaire, inteligencia y suspense desde este delirio de novela.


2. De la novela

Es una experiencia tan vivida, la que se nos cuenta en Delirio, que habrá quien afirme que es una novela en la que hay al menos una pizca de autobiografía. Pero, eso es intrascendente. Como escribió Milan Kundera en "La insoportable levedad del ser": "Una novela no es una confesión del autor, sino una investigación sobre lo que es la vida humana dentro de la trampa en que se ha convertido el mundo"3.

Restrepo indaga esos aspectos de las acciones humanas que algunos cientistas sociales desdeñan, antes de evidenciarse incapaces de estudiarlos en todo su esplendor. La novela navega por los intersticios de la realidad a los cuáles las ciencias sociales tradicionales desdeñan incorrectamente.

Este tipo de novela no es ni simple evasión ni petulante panfleto. Es intento de ubicar a sus protagonistas en un tiempo y un momento específico, al cual pertenece la autora, el cual define la actual alma humana colombiana, la que a su vez redefine el momento e impacta de lleno en la familia de Agustina y del Bichi. Es simplemente el deseo de uno ubicarse en la época, el mundo o la trampa, ¿la familia?, en que les ha tocado socializarse, de adaptarse a un mundo feroz por las cuatro esquinas.

Para conocer una sociedad no basta leer un lucido ensayo que nos explique las relaciones macrosociales, macroeconómicas y macropolíticas. Hay que mirar, también, al hombre y a la mujer en su cotidianidad: en toda la magnificencia y mezquindad del entorno familiar. Hay que interesarse por lo humano, aunque esta frase suene a cliché… quizás la vida misma es un gran cliché. Hay que indagar sobre cómo pueden sobreviven los hombres y las mujeres comunes en el seno de una sociedad devastada por el temor, y deshilándose las costuras de la cohesión social, ¿quién construye a quién, la familia a la violenta Colombia o Colombia a la rígida familia?

De eso nos habla Laura Restrepo, de cómo se sobrevive en la selva humana que es la Bogota aterrorizada por Escobar y sus secuaces. Pero, también de los malabares que deben hacer los hijos para encontrar sus caminos en el seno de familias estructuradas de manera autoritaria y castrante.


3. De lo humano

No se trata de ver el mundo como lo harían economistas que no les interesan las relaciones microsociales, por lo que observan a los seres humanos desde un Olimpo pedante, cual si fueran estadísticas sacrificables para que unos números digan que la economía anda bien.
Que no les importa saber si la sociedad satisface a la humanidad. Sí, hablemos de humanos, humanas y satisfacción. En cierto sentido ese es uno de los temas de la novela.

La principal meta de toda sociedad debe ser crear las condiciones para que las personas desarrollen sus potencialidades al máximo y alcancen la vida buena, y eso es lo que Colombia y una terrible tradición patriarcal que ha estructurado una familia como la de Agustina le han negado al pobre Bichi y a su hermana.

Es una tragedia griega traída a la posmodernidad latinoamericana. Es decir, se trata de narrar el enfrentamiento entre seres humanos con visión y proyecto de vida diferentes y que al parecer se presentan como irreconciliables. Así, Aguilar sólo quiere información de la bella Anita que, esplendorosa, lo espera en Don Conejo con su faldita a medio muslo, ardiendo por él. Lo único que le interesa al hombre de Agustina es saber qué le pasó a su amante en ese hotel en el que Anita trabaja, y su ardor lo reserva, fiel e intacto, para la que mira lo irreparable desde la ventana, la que francamente, para mí y a pesar del cariño con que la trata la Restrepo, no es más que una esquizoide incurable victima de un terrible drama familiar.

4. De la familia

Mientras la odisea familiar se desarrolla, entre pasiones insatisfechas, ardores que no queman y esa violencia contra la juventud ejercida por un padre autoritario, Bogotá reparte su ardiente locura al compás de coches bombas colocados por Escobar.

¿Se relaciona la demencia de Agustina con esa Colombia violada y quemada por los Escobar o es fruto de una familia en la cual la violencia es más sutil pero igual de efectiva en su proyecto antihumanidad?

"Delirio" es el tipo de novela que mezcla, cual rico cóctel y sin estereotipos, las más variadas pasiones humanas, desde el ardor por los cuerpos torneados en el gimnasio del Midas a la homofobia ancestral del jefe de una familia bien; de la fruición por el dinero a la incapacidad de una erección del ávido de dólares Araña.

Ay, pero yo, hombre, varón, macho, masculino me quedo atónito mirando más allá de la faldita de Anita, escudriñando muslos arriba, mientras la bella boca de Agustina habla de la sangre que a toda su familia condena al infierno social.

5. De los Protagonistas y sus metáforas

Agustina no es Colombia, pero puede ser su metáfora: marcada por las acciones de sus antepasados, sólo persigue un suave camino hacia el futuro y la tranquilidad, pero fuerzas terribles se lo impiden, fuerzas que en cierto sentido las ha construido ella misma.

La Araña no es metáfora de la Clase Alta: sentado en una silla de ruedas por su propia irresponsable acción sólo se interesa en hacer dinero a toda costa, para lo cual se vale de un clasemediero avergonzado de su origen. O bien mirándolo, sí, sí, la Araña es la actual Clase Alta Latinoamérica. El Midas, ¿es la clase media?, ese biombo que impide que el Araña y Escobar mezclen sus inmundicias.

Y ya que Restrepo guiña un ojo a República Dominicana, en la novela se dice que alguien huye a San Pedro de Macorís con su novio dominicano, me parece estimulante pensar que la presencia dominicana y latinoamericana en la novela es mayor de lo que nos imaginamos: una parte de nuestra clase media se parece al Midas y la alta sigue los pasos de Araña por lo que el futuro dominicano podría parecerse a Agustina, es decir una sociedad de ciudadanía esquizoide, entrando y saliendo de una realidad insoportable y pesada, esperando encontrar algo de aliento en una corbata lo suficientemente roja.

Ah, y la otra parte de la Clase Media, la que no se parece al Midas, ¿nosotros?, será como Aguilar: un profesor marxista, lector de Saramago, convertido en un vendedor ranchero de comida para mascotas. Y el resto de la sociedad será la mascota que entretiene a la historia, pero, cuidado, que hay mascotas que si lo molestan demasiado, un día muerden y muy duro.

Notas

1 Delirio fue Premio Alfaguara de Novela en el 2004.
2 Restrepo, Laura: Delirio. Alfaguara, Bogotá, Colombia, 2004. P. 11.
3 Kundera, Milan. La insoportable levedad del ser. Tusquests Editores, Barcelona, España, 1986. P. 227.

Ramón Tejada Holguín
Suplemento "Areito" del Diario "Hoy"
26 de mayo 2007

¿Novela caótica o la representación del caos?

Ruth Herrera nos está engañando: la novela “Materia prima”, que recién reeditó Alfaguara, no fue realmente escrita por un tal Marcio Veloz Maggiolo, como quiere hacernos creer colocando su nombre en la portada. Yo sé la verdad y se la diré ahora mismo: la escribieron unos personajes que inventaron al escritor, el cual por coincidencia tiene el mismo nombre de ese señor que tantos textos ha escrito.

En apariencia se presenta como una novela “caótica”. Pero, no. Es la representación de un caos. Para llegar a ella hay que atraparla por la espalda, domarla antes de que se encabrite y nos apee de sus páginas, descalificándonos como lectores. La novela parte de “lo real”, que es el barrio y su gente, y llega a lo abstracto que es la materia prima del análisis. De ahí quien lee debe ir a “lo real pensado”, o sea a lo concreto representado.

Es entonces que vemos el barrio, ya no como realidad caótica, sino como el caos que tiene un orden interno, como la sociedad dominicana en pequeño bajo el trujillato. “Materia prima” presenta a Villa Francisca como un espacio socio-político en el que los seres humanos dramatizan con desgano la comedia del ciclo vital (nacer, vivir, morir), pero con sus especificidades e individualidades.

Dice Milán Kundera que “una novela no es una confesión del autor, sino una investigación sobre lo que es la vida humana dentro de la trampa en que se ha convertido el mundo”. Kundera habla de un tipo de novela, admito que es el tipo que me gusta, a cuya estirpe pertenece Materia prima: esas que indagan aspectos de las acciones humanas que las ciencias sociales relegan al rincón más oscuro del cerebro.

Sus personajes son unos insatisfechos e iracundos que explotan contra sí mismos dejando intacto lo que su ira provoca, creen vivir según el azar manda, pero el engranaje trujillista controla su cotidianidad, son la gente de Villa de esa época de sangre y dolor. Su ira era provocada por su entorno impregnado de violencia. Materia prima es el exquisito esqueleto de un texto, las anotaciones y reflexiones que un novelista metido dentro de la ficción le pasa a un novelista metido dentro de lo real, para que organice, encarne, le ponga órganos y sistema sanguíneo.

Parecería que el Archipámpano, Manolo, Persio, Ariel, Veloz Maggiolo, ¿yo?, descubrió, ¿descubrimos?, que el barrio es incapaz de ser aprehendido con las técnicas tradicionales de narrar o por los métodos más usados por los analistas sociales. Como si el barrio de la época fuera una realidad imposible de conocer desde el punto de vista de un sabelotodo, y se necesita la complicidad del lector para construirla en el pensamiento.

“Materia prima” deviene en una novela múltiple: cada quien la construye al leerla. El novelista-personaje, o el real, ha echado manos de las técnicas que Huxley usó en “Contrapunto”, de las que bebió Cortázar en “Rayuela”: nos presenta la novela y narra el proceso de su creación. Autor y novela son personajes de la novela y es el lector activo, quien organiza en su cabeza, como “lo real pensado”, el material que se le presenta. La novela ganó el Premio Nacional en el 1990, su reedición era necesaria.

Ramón Tejada Holguín
El Caribe
1 de Febrero de 2007

Solo de René en cuando

Hay quienes gustan poner etiqueta a diestra y siniestra, quienes sostienen que saben qué es la buena literatura y qué no, pero al final del día la literatura se revela y se rebela de tal manera que sólo el tiempo -que es el mejor de los críticos literarios– dirá qué perdura y qué ha sido paja molida defendida por los grupos de mutuo alabamiento.

Las etiquetas, enmohecidas, se desprenderán del cuerpo literario quedando la obra, el texto, sólo el texto para defenderse en función de su calidad intrínseca.

No sé a quién se le ocurrió decir que René Rodríguez Soriano, escritor forjado en Constanza y la capital de la República que llegó a Miami con voz y talante propios, pertenece a la Diáspora. Hace un lustro, día más día menos, que partió de Santo Domingo de Guzmán.

Antes de etiquetar al escritor habría que responder unas cuantas preguntas para saber si existe algo como un movimiento o generación o grupo de escritores y escritoras que pueden ser agrupado bajo algo llamado “La Diáspora”: ¿Existe un “ethos” común entre escritores de la “Diáspora”? ¿Existen similitudes en su forma de abordar el objeto artístico? ¿Escriben todos y todas en el mismo idioma? ¿Hay temas, talantes, estilos, e ideas comunes? Hasta el momento quienes han hablado del tema sólo han podido establecer que los escritores y escritoras de la Diáspora comparten la condición migratoria. Pero, no es cualquier migrante: ser de la Diáspora significa haber emigrado del país hacía Estados Unidos, no importa si tienes uno o dos años viviendo en algún bucólico pueblito del sur o el centro, o si sobrevives en New York, tampoco es relevante si tenía 7, 15, 45 ó 60 años de edad. Vivir en Estados Unidos y escribir algo es ser de la Diáspora. ¿Hay un movimiento literario más amplio y abarcador en el mundo? Podría asumirse la Diáspora como un movimiento intelectual pero no hay evidencia de que sea un movimiento literario.

Digo que René no es “escritor de la Diáspora” porque cuando salió de Santo Domingo sus temas estaban ya definidos, así como su estilo y la mayoría de sus cuentos ya habían sido escritos. Es pues que él es un escritor nacido en Dominicana que vive en Miami. ¿Por qué escribo de René? Porque acaba de publicar una selección de sus cuentos, o relatos como diría nuestro amigo común Rafael García Romero. “Sólo de vez en cuando” se llama el libro. Es una colección de lo que Eduardo González Viaña, antólogo, y el propio René, entienden que es lo mejor de lo mejor de los textos narrativos de mi “enemigo cordial” Rodríguez Soriano.

LA CRITICA LITERARIA HONESTA Y SERIA HABLA DE LO QUE CONOCE A PLENITUD

En los textos de este libro hay ocasiones en que René se ve influenciado por la brevedad de la poesía -es poeta el muchacho- sus textos nos dicen que la literatura es un juego y su legitimidad le viene dada por el hedonismo de las palabras. Quizás por eso algunos de los “pone etiquetas” autonombrados críticos –qué risa- lo ubican como un cortazariano jugador. ¿Es que no han leído a ese desconocido llamado Felisberto, acaso? ¿No saben quién es García Ponce? ¿Qué decir de ese fabuloso “escribidor” Salvador Elizondo, el de la Crónica del instante? Ni hablar del Carlos Fuentes que nos estremeció hace un tiempo a ambos, o del Cabrera Infante que de manera infame se la pasó jugando con las palabras.

Cortázar parecer ser el único de los grandes jugadores que han leído algunos ese tipo de seudo críticos, en especial esos que pululan en la Internet y poseen una vasta cultura en lectura de solapas de libros y reseñas periodísticas pero no les alcanza el talento para llegar más allá que los correos de amigos y redes de “mutua celebración” metafísica. Esos que agreden el lenguaje, la sintaxis y la ortografía alevosamente, por lo cual sólo saben colocar la etiqueta de cortazariano. El René es un escritor que bebe de diversas fuentes literarias: si un mar bravío alimentó el boom Latinoamericano, René bebió de ellos y con ellos, salvando las distancias temporales, claro.

ENTRANDO EN MATERIA: RENÉ Y SUS PIRUETAS VERBALES

Malabarista de la palabra bien dicha y mejor colocada que abre puertas insospechadas: “Oí tus pasos en la escalera y me escondí apurado en las páginas de un libro, éste que tú al salir pusiste en la cartera.” Pero, no digo que sea un escritor ligero o superficial, que sólo sabe poner vocablos hermosos uno detrás de otros con ritmo y cadencia enervantes. Este joven adulto asume seriamente la idea de que la literatura es una realidad paralela que se construye para que lectores, lectoras y escritor paseen sus respectivos “yo” por realidades alternas que nos permiten sobrellevar un poco menos tensos la “realidad real” y pedestre. Dice René: “Porque él –el animalito–, es verde y tiene la cola roja y –por lo que tengo entendido–, come piedras y no puede comer otra cosa. Cosa que, de acuerdo con los últimos adelantos de la fenomenología orgánica, sería un solemne disparate”, como si quisiera decirnos que la literatura es un juego en donde lo que se dice es negado a continuación sin ningún problema.

René echa mano de su entorno para convertirlo en algo contable, no en sentido de entrada y salida de dinero, que de eso no sabe nada el pobrecito, digo contable en el sentido de narrable, de enumeración, de clasificación, de catalogar lo que ve y siente. Sus referentes -las influencias diría un “cítrico” literario- no son sólo literarios. Provienen de otras artes: la música, el cine, la plástica. Leer, por ejemplo, “Alguien vuelve a llenar la tarde de palomas” es escuchar un sólo de saxofón parado en una esquina de Milano que se parece mucho a una esquina de la Zona Colonial y quedar aturdido sin saber dónde se está. Claro, si usted ha leído al René podrá decir que ese cuento se desarrolla en Roma y que la presencia en el texto es de una orquesta de Jazz. No me importa, porque escribo sobre el ritmo, las cadencias de las palabras usadas por este narrador y no del contenido. Si me da la gana digo que es Florencia y hago uso de la autonomía que da René a sus lectores y lectoras. René no es escritor que impone su visión a nadie, ni al lector, lectora o personaje. ¿Caja de Pandora?

LA SUMA DE TODAS LAS ARTES

Hay textos que se leen como una pieza de jazz de estío mediterráneo, otros son boleros tristes y hay baladas nostálgicas. Puede ser que aparezca algún sólo de guitarra española, puede ser, pero no estoy seguro. Lo que nunca he encontrado en René es un texto que sea música caribeña de la bailable, o unos palos que recuerden nuestra herencia africana. Pensándolo bien, hay algún merenguito “apambichao” en el cual René toca la música en voz queda mientras sus lectoras y sus lectores bailan sin guardarle rencor a nadie. Quizás porque es de Constanza la música interna de sus textos tiene ese ritmo de efecto retardado. ¿Será el clima y la montaña?

En la primera parte del libro, la saga Julia, hay una sinfonía silenciosa. Julia es una mujer orquesta. Es, además, la BB, mohín hoyuelos y esos blancos dientes. ¿Qué? ¿No menciona los dientes el René? Bueno, Julia ya no le pertenece, es nuestra, es mía como lector, y a mí me gustan sus dientes. Los textos de este escritor no tienen una sola lectura, ya dije que son plurisignificantes. Cada quien aporta algo a la historia, al texto, a los personajes. No es de esos escritores que te llevan del punto A al B y dices, guao que historia, no. Si te asomas al libro de René correrás el riesgo de ser parte activa de las historias, las podrás construir y reconstruir a tu antojo, perseguirás a Julia o a Rita o a Laura por las canaletas que separan ficción y realidad. Bucearás sin escafandras por las cañerías de la ciudad sin nombre y sin límite. Hay también su poco de ballet en la última parte, pienso en Laura no sólo por los zapatos, sino por la forma de caminar, de nadar, de volar de ella. ¿Cómo hacen el amor las ballerinas?

La mujer en los textos de René es la protagonista indudable e incuestionable. Hay un enorme faro de teatro que la alumbra en el centro del escenario, y ellas no lo saben, o lo saben y se sonríen con gran picardía. ¿Notaron el cambio del singular al plural? Todas las mujeres de René son “una sola mujer”: una mujer resbaladiza incapaz de ser aprisionada por la cotidianidad de la vida de un escritor. Todas son una sola: esa que se le escapa por una rendija de la realidad real. Hay tristeza. Melancolía. Nostalgia. Saudade. Aunque parezca mentira, así es como yo, que no soy crítico literario –Dios me libre- lo percibo. Qué nadie diga que juego con ventaja porque lo conozco… ya lo dije, somos enemigos íntimos.

¿Qué decir del cine? La mezcla de todas las artes es el cine y René ha querido hacer cine en la Literatura. La voz en off, el manejo de planos paralelos, el uso de la disolvencia para pasar de una escena a otra, cambios de escenas vertiginosos como despiste para el lector que tarda en darse cuenta que la escena ha cambiado. Y todos sus personajes femeninos son una diva del cine italiano de antaño. No, nada que ver con la Anita de la “Dolce Vita” y esa fuente… Es BB la mujer que lo atormenta y se le escapa rauda y veloz en cada narración. El desencuentro con ella es grande, y lo atestigua “Alguien mueve los hilos del azar esta mañana”. Esos ojos de la Brigitte Bardot me asesinan. Pero, René es loco con los hoyuelos de Julia, las piernas de Marlene Dietrich y la voz de Blanca Rosa Gil. ¿Construye René su mujer ideal en noviembre, leyendo estos papeles y con Julia de testigo? ¿Será la novia del monstruo del doctor Frankeinstein pero en clave hermosa?


CONCLUSIÓN: BURURUN BARARAN, ¿DÓNDE ESTÁ LA REALIDAD?

Ya sé que ustedes se preguntan si está presente la realidad real y pedestre en este libro. Hay pinceladas, o quizás esa es la realidad real de él o quizás la realidad es una mujer que se ha transformado en estrella fugaz. La verdad es que no me aventuro a decir nada más, simplemente creo que ese señor vive en mundos paralelos al nuestro y sus narraciones son “un algo” que soñó mañana.

Ramón Tejada Holguín
Suplemento Areito, del periódico Hoy
5 de Junio del 2005