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Razones por las cuales el Presidente Medina decidió no adoptar formalmente el Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular

Por instrucciones del señor presidente de la República Lic. Danilo Medina Sánchez, hago pública la posición del Gobierno dominicano sobre el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, el cual será conocido en la Conferencia Intergubernamental auspiciada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a celebrarse los días 10 y 11 de diciembre en Marrakech, Marruecos.
La iniciativa de trabajar un pacto migratorio está contenida en la Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes adoptada el 19 de septiembre de 2016 por los estados miembros de la ONU en la Asamblea General de ese año como respuesta a los grandes desplazamientos de migrantes y refugiados que se estaban produciendo en diferentes partes del mundo, especialmente desde países de África y del Medio Oriente hacia los países europeos. La idea que motivó esa iniciativa fue el interés de buscar una cooperación internacional amplia entre los estados miembros para enfrentar un grave problema que impacta, y sigue impactando, a múltiples países sin que ninguno pudiese, de manera aislada, dar respuestas eficaces a este complejo fenómeno.
La declaración de Nueva York definió un plan de acción con miras a crear los procesos de consulta y negociación entre los estados miembros para arribar a la adopción del Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular.
Se trata, pues, de una iniciativa que surgió del seno de la ONU con un apoyo inicial por parte de sus estados miembros. Su intención es loable: procurar mecanismos de cooperación para proteger la dignidad humana y los derechos de las personas migrantes, así como para combatir males sociales como el racismo, la xenofobia y la discriminación.
Como país que no solo es receptor, sino también emisor de migrantes, podemos valorar en su justa dimensión la motivación de esta iniciativa. Nosotros queremos que cada dominicano o dominicana que emigra en búsqueda de nuevas oportunidades pueda vivir sin estar expuesto al abuso, al maltrato y la discriminación.
De igual manera, el Gobierno dominicano está comprometido con una política de respeto a los derechos humanos en relación a las personas que emigran hacia nuestro país, aunque sin renunciar a su potestad soberana de hacer valer sus normas migratorias y de proteger sus fronteras.
Esto explica el Plan Nacional de Regularización Migratoria que ha sido ejemplo en nuestra región por la manera ordenada y rigurosa como se ha llevado a cabo, el cual ha permitido que algo más de doscientos mil migrantes hayan regularizado su condición en el territorio dominicano acogiéndose a las diferentes categorías migratorias que contemplan las normas legales sobre la materia. Igualmente, el Gobierno dominicano ha fortalecido su capacidad institucional para realizar las repatriaciones de indocumentados con debido respeto a los derechos humanos de las personas, al tiempo que ha invertido y sigue invirtiendo cuantiosos recursos económicos para mejorar los mecanismos de control y vigilancia de nuestras fronteras.
No obstante, al momento de adoptar una decisión de esta naturaleza y envergadura, el presidente Danilo Medina toma en cuenta, por encima de cualquier otra consideración, el interés nacional a la luz de las condiciones particulares de nuestro país. Su primera y más importante prioridad es la seguridad y el bienestar de los dominicanos, así como la defensa de la Constitución y las leyes.
Es sabido nacional e internacionalmente que nuestro país tiene presiones y desafíos en materia migratoria que transcienden una coyuntura circunstancial; son más bien la expresión de una realidad estructural resultante de la condición prácticamente única en el mundo de una isla con dos países que tienen desbalances  enormes en materia económica, social, medioambiental y de seguridad, lo cual requiere de políticas y medidas que se correspondan con la naturaleza del problema que enfrentamos.
Si bien el pacto propuesto tiene innumerables disposiciones que son bien vistas por el Gobierno dominicano, así como por la gran mayoría de los gobiernos alrededor del mundo, también tienen disposiciones que resultan contrarias al interés nacional. Aunque el pacto no tiene carácter vinculante por no tratarse de un tratado internacional estrictamente hablando, su adopción generaría compromisos al Estado dominicano que podrían socavar su capacidad para hacer valer sus normas migratorias e implementar con eficacia las políticas migratorias que el cumplimiento de esas normas exige. Igualmente, pondría cargas al Estado dominicano que, dado el contexto particular de nuestra isla, podrían desbordar con creces nuestros recursos. Asimismo, el pacto crearía compromisos internacionales que le impedirían al Estado dominicano, o lo limitarían enormemente, para dar respuesta a situaciones que puedan presentarse en nuestra frontera terrestre como resultado de las condiciones estructurales y los procesos prolíticos y sociales que se viven en el país vecino.
El Gobierno dominicano tiene que responder también al sentir nacional. La adopción de un pacto de esta naturaleza, por lo que envuelve y por las implicaciones que tiene, requiere de un consenso básico en la sociedad dominicana que no parece existir en las actuales circunstancias.
Por estas razones, el presidente Medina ha impartido las instrucciones para que el Gobierno dominicano no firme ni adopte el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular. Asimismo, el presidente Medina ha dispuesto que el Gobierno dominicano no esté presente en la Conferencia Intergubernamental que se celebrará la próxima semana en Marrakech, Marruecos, con el fin de aprobar y adoptar el referido pacto.
El Gobierno dominicano comunicará al Secretario General de las Naciones Unidas, por los canales diplomáticos correspondientes, las razones por las cuales el Estado dominicano no firmará este pacto atendiendo a las condiciones particulares de la República Dominicana.

La política migratoria: Entre un espléndido y hermoso carro de carrera y una política pública necesaria


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Hay carros de carrera que pasan de 0 a 100 kilómetros por hora en segundos, por lo que llegan más rápido a la meta que se han propuesto.

Hay quienes parecen creer que las políticas públicas, por ejemplo, una política migratoria, deben ser como los carros de carrera.

Hay quienes piden que se pase de la ausencia total de reglas, normas y leyes en materia migratoria, a la solución total del problema, en tiempo récord.

Eso es imposible: no pueden resolverse cien años de desorden e inequidad en 6 años de gobierno. Además, 6 años no son culpables de lo ocurrido en cien años.

El beneficio de la rapidez del carro de carrera tiene un costo en eficiencia y sostenibilidad, va rápido pero contamina más y es muy caro.


La definición y ejecución de una política pública migratoria implica una inversión en recursos de todo tipo: monetarios, políticos, sociales e intelectuales.

A propósito hay quienes dicen que la política migratoria en el país ha fracasado. Y mal utilizan datos de la Encuesta Nacional de inmigración (ENI 2017) para afirmarlo.

Por ejemplo, el caso de la apatridía. Es totalmente falso que la ENI-2017 haya documentado la apatridia, esa no es más que una interpretación que va más allá de los datos de la encuesta, tampoco la ENI-2017 ha demostrado el fracaso del Plan Nacional de Regularización de Extranjeros.

Pobre ENI, la tienen como la arepa. Unos la niegan y otros la usan para justificar criticas sin bases a la política migratoria.

En primer lugar en los datos suministrados de la ENI-2017 se establece que hay 253 mil 255 hijos o de ambos padres o uno de los padres de origen haitiano. A un genio se le ocurrió decir que todos estos descendientes de inmigrante del país vecino son apátridas.

Los datos de la encuesta publicados no dicen si tienen o no actas de nacimientos, o cualquier documento sea del país de origen de sus padres o del país de residencia.

Hay que notar que muchos de esos hijos e hijas pueden tener "sus papeles", debido a diversos programas que se han llevado a cabo.

En segundo lugar si uno de los padres es dominicano le corresponde la nacionalidad de manera automática, por lo tanto no sería apátrida, porque ese padre o madre puede haberlo declararlo.

En tercer lugar si ambos padres son haitianos, y al menos uno está regularizado (o sea tiene papeles) pueden declarar a sus hijos.

Finalmente en ninguna parte del informe de la ENI-2017 que se dio a conocer se establece que esas personas no tienen documentos o se les haya negado.

Así que en la ENI-2017 no se documenta apatridia, eso es una interpretación y esa interpretación, sin base en los datos, es muy discutible, pero muy discutible. Además es una interpretación, que se iguala a salir a decir que los datos dicen algo que no dicen, una interpretación que no le hace un favor a una encuesta de esa magnitud y elaborada con tanto rigor técnico.

Lo peor es quienes sabiendo que venimos de la ausencia total de una política migratoria a ir perfilando un mayor control fronterizo, estableciendo un plan de regularización y teniendo reglas cada vez más claras para la estadía de las personas extranjeras en el país, salen a criticar lo actual con el argumento de que no ha sido solucionado el problema.

Cuando se analiza la ejecución de una política pública no debe verse "si pasa de cero al final de la meta en tiempo récord". Es decir si soluciona el problema.

Debe verse si va por el camino correcto, si está teniendo frutos, si resuelve problemas previamente existentes y el cómo los resuelve.

El carro de carrera se evalúa por el motor y su nivel de consumo de combustible, pero es más contaminante.

A la política pública que busca solucionar un problema, no debe echársele en cara el pasado que precisamente esa política quiere solucionar.

Preguntas como:"¿Porqué no lo hicieron antes?", son perniciosas para la nueva política pública. Debemos celebrar que se hace ahora, y juzgar a los actuales por sus hechos actuales.

No es que olvidemos la historia, es que la coloquemos en el contexto. No es que obviemos el diagnóstico, es que no metamos a todo el mundo en el mismo saco y terminemos culpando a quienes trabajan en la solución del problema.

Los y las ejecutores de políticas públicas son personas con sentimientos, que funcionan con estímulos, negativos y positivos.

Hay siempre que felicitar las cosas correctamente hechas, así como denunciar y enfrentar las mal hechas.

Felicitar y defender lo bien hecho estimula a ejecutores a mejorar y los coloca en ventaja frente a quienes son adversarios de esa política. Empoderan a lo ejecutores, y le permiten ir cada vez más allá.

Las criticas sustentadas ayudan a mejorar efectivamente las políticas públicas.

Pero, pedirle a una política pública que sea como un carro de carrera, que pasa de 0 a 100 km/h en segundos, puede provocar el fracaso porque es muy difícil solucionar 100 años de descuido e inequidad en seis años de gobierno.

Ramón Tejada Holguín
17 de Septiembre de 2018
Poscast por la Super 7 FM