Una renuncia, dos cartas y múltiples razones

Renuncié a la Comisión Nacional de Ética y Combate a la Corrupción el 1 de septiembre del 2008. El 3 de septiembre en la noche Clave Digital publicó una reseña parcial, vio sólo una arista del problema, de una carta dirigida a las organizaciones de la sociedad civil a las cuales representaba.

Clave Digital no reseña mi renuncia a la CNECC, reseña la comunicación que dirigí a las organizaciones que yo representaba en la CNECC, en la cual les hablaba del porqué de mi decisión de renunciar. Algunas personas me preguntaron la razón de escribir dos cartas y en una, dicen, fui más explicito que en la otra.

Les explico a continuación.

Escribí una carta al Presidente de la República, vía el presidente de la Comisión Nacional de Ética y Combate a la Corrupción (CNECC) porque fui nombrado a través de un decreto presidencial. Mi epístola al Presidente debía conservar las formalidades diplomáticas del caso. La carta la podrán leer más abajo. Como verán, sostengo que se “establezcan mecanismos eficientes para que sus decisiones y acciones (las de la CNECC) sean acatadas por todos los funcionarios públicos”. He ahí la primera pista de una de las razones de mi renuncia.

En la misma esquela al presidente sostengo que la sociedad civil dominicana es múltiple, fragmentada, por lo que “resulta provechoso que otra persona tenga la oportunidad de representarla en mecanismos de esta naturaleza”, he ahí la segunda razón de mi renuncia.

En efecto, era obvia la existencia de una desconexión entre las acciones que yo llevaba a cabo en el seno de la Comisión, y las actividades que las organizaciones civiles llevaban a cabo en lo externo.

En los hechos una de las coaliciones que yo representaba había desaparecido: la Coalición por la Transparencia y la Institucionalidad (CTI) tenía más de un año que no se reunía, y en su última reunión el quórum fue precario, ni siquiera había podido realizar su asamblea eleccionaria. La otra agrupación a la que yo representaba era el Foro Ciudadano, institución que realiza un excelente trabajo en materia de política social y que había delegado en la CTI los aspectos relacionados con la anticorrupción.

En la última reunión que sostuvimos la Coalición, el Foro y yo, la dirección de la CTI se comprometió a elaborar un plan de trabajo para hacer presión de manera que la comisión cumpla con su rol, o en términos de unos meses renunciaríamos. Hace un año de dicha reunión y el plan nunca se elaboró, y nunca volvió a convocarse una nueva reunión.

No acepté representar a las organizaciones citadas de primera intención. Pero, se me aseguró que las organizaciones civiles y un organismo de cooperación bilateral darían apoyo seguro a nuestra "gestión". Sabía que sería una actividad enteramente pro-bono, pero hace mucho que fui picado por el gusanillo de la política y la participación pública, y realmente pensé que sería un espacio para demostrar que en nuestro país podemos ayudar a reducir la opacidad gubernamental.

La CNECC significaba para mí una carga, tanto en términos de tiempo como monetarios. Ningún miembro del Consejo Rector o de la Unidad Técnica cobra salario, viáticos o dieta de algún tipo. Al menos, garantizo que nunca los cobré yo. Pero, se compensaba con la idea de que estábamos realizando una contribución a la reducción de la opacidad. Ese granito de arena que todo ciudadano debería aportar, creía, estaba aportando yo desde la CNECC.

Por eso, luego de entregar la carta al presidente de la CNECC, hombre de reconocida honestidad, escribí a las organizaciones civiles un mensaje explicando las razones por las cuales renuncié de manera individual.

En la segunda misiva digo que no soy iluso, porque desde que entré a la Comisión sabía que ningún gobierno iba a dar transparencia por voluntad propia, sino que debía ser presionado por la ciudadanía y sus organizaciones. Y esa era la labor que creía nos correspondía. He ahí que sostengo que la transparencia no es dádiva, sino conquista. Y he ahí que digo que debemos autocriticarnos, porque no cumplimos ese rol.

Ambas carta las escribí para interlocutores que sabían de qué estaba hablando. Ambas cartas fueron pensadas como comunicaciones internas. Quería esperar las reacciones para hacer el hecho público de manera satisfactoria para las partes y sin que la verdad sufriera.

No tenía ningún interés en criticar a las organizaciones civiles, sé por las dificultades que pasan, no tenía tampoco ningún interés de echar lodo a la CNECC, porque sé que hay personas que hacen un esfuerzo real por mejorar el entorno institucional. La ausencia de voluntad política para combatir la corrupción es un dato que siempre ha existido, desde que se formó la CNECC sabíamos que era así, y si aceptamos el reto es porque, tanto las organizaciones como yo, pensamos que podíamos contribuir en algo en la construcción de la voluntad política.

No soy persona que escurre el bulto, ni busco justificaciones pueriles, acepté un reto y las cosas no salieron como lo esperábamos. Debo revisar mi práctica, es posible casi seguro que cometí algunos errores.

Ojalá las organizaciones civiles vean las cosas en su justa dimensión, y no busquen justificaciones de los errores cometidos, tanto por ellas como por mí. Muchas veces, y eso lo he aprendido en el seno de nuestras organizaciones uno no "es el protagonista de su propia historia".

La CNECC siempre la vi (¿la vimos?) como un escenario más de la lucha contra la opacidad, y en su seno hay aliados importantes. Desde el inicio sabía (¿sabíamos?) las limitaciones de la CNECC, pero pensé que todas las organizaciones entendían las razones por la cual estabamos en la comisión. El objetivo era presionar desde dentro, no abandonar un espacio de lucha.

Creo que la CNECC pudo haber hecho un mejor trabajo en el gobierno, si las organizaciones civiles hubieran presionado más para que las cosas positivas que salían de la comisión fueran respetadas por todos los funcionarios. Sí, nunca confié en que el gobierno por sí solo nos daría la transparencia, pero pensé que éramos capaces de entender lo tortuoso y arduo del camino. Que podíamos "jalar pál mismo lao".

Quizás por eso algunas personas no entendieron las razones por las que escribí dos cartas, y la diferencia de contenido entre ambas cartas. También, otras personas, sobre todo en la prensa, quisieron manipular las cartas para ver sólo lo que querían ver, y obviar todo el panorama pintado en ellas.

Algunos directivos de las organizaciones civiles comparten mi visión crítica de la forma en que muchas organizaciones se movilizan en función de la moda de los financiamientos internacionales, y no en función de los diagnósticos realizados, o de agendas propias. Uno de los problemas de la comisión es que nunca hubo financiamiento para las actividades de las organizaciones civiles que se relacionaban con la comisión.

Una gran parte de las organizaciones civiles hacen un trabajo de importancia, excelente. Pero, es tiempo de revisar nuestros métodos de lucha, no podemos seguir sin agendas claras y colectivas, o sólo siguiendo las agendas de las instituciones que financian las actividades. Al menos habría que saber combinar las agendas de las agencias de financiamiento y las agendas propias.

Sé que se hicieron intento de conseguir un pequeño financiamiento para tener una unidad de trabajo que me ayudara en las actividades de la CNECC. De hecho durante unos 6 meses, de los tres años y medio que fui miembro de la CNECC, las organizaciones de la sociedad civil me nombraron un asistente y se creó una unidad de seguimiento al Plan Nacional de Ética. Pero, la unidad fue efimera, y al asistente sólo se le contrató por seis meses.

Sé las dificultades por las que pasan las organizaciones de la sociedad civil en este momento, y para colmo es obvio el reflujo existente. Quizás la falta de financiamiento, quizás… no sé. Pero, debemos ver el interior de nuestras organizaciones y tratar de mejorar, pensar de manera crítica, así como somos capaces de criticar a los partidos y sus formas organizativas, debemos vernos a nosotros mismos. Se necesita sangre nueva en las organizaciones, ¿qué pasa que no hay sangre nueva? Hay que estimular que una nueva generación tome la antorcha, que asuma el relevo.

¿Nos debemos sentir satisfechos y satisfechas con nuestra participación en la CNECC? No me respondas a mí, busca la respuesta para ti y tú organización. Porque, no sólo le estoy diciendo al gobierno que la lucha contra la corrupción es una ficción en este momento, sino que les digo a mis compañeros y compañeras de la sociedad civil que cuando se acepta el reto de formar parte de un organismo de coordinación entre sociedad civil y gobierno, hay responsabilidades que cumplir, y que debemos saber cumplir, para tener la moral y la autoridad sufienciente para criticar las cosas incorrectas. Huyendo a nada ayudamos, como tampoco entregándonos acriticamente.

Es obvio que en el gobierno la mayoría prefiere la opacidad, quiere conservar la situación actual. Somos una nación diezmada por el clientelismo. Pero, como he dicho muchas veces, una de las desgracias de nuestra nación es la ausencia de una estrategia clara para enfrentar la corrupción, en ese contexto clientelar y rentista en que se mueve el sistema político dominicano.

Consultores internacionales son contratados para repetir experiencias en sus países de origen, pero, ¿han reducido esas experiencias la corrupción en sus países? ¿Se aplatanan esas herramientas que nos traen? ¿Se toman en cuenta nuestras necesidades como nación? ¿Qué de nuestras características culturales? ¿Por qué se crean organizaciones que compitan con las ya existentes? ¿Cómo, cuándo, dónde y con quiénes construyen sus estrategias esas organizaciones que financia la lucha contra la corrupción?

En definitiva, cuando supe que yo me había quedado en una especie de limbo, que no representaba realmente a nadie, y que si bien tengo buenas relaciones y respeto de una parte importante de la sociedad civil, la cotidianidad de la mayoría de las organizaciones y la búsqueda de financiamiento le había reducido su campo de acción, renuncié. Y renuncié pidiendo que se nombrara otra persona como representate de las organizaciones civiles.

Creo en y práctico la transparencia, lo que significa que no me molesta que las cartas se hayan filtrado a la prensa el día tres en la noche. Lo que me molestó fue que se quiso ver una arista de este problema, un lado de este triangulo equilátero...

Yo NO me lavo las manos, y reconozco mi cuota de responsabilidad en todo esto. Eso sí, admito diversos "quizás". Quizás debí ser más proactivo a la hora de plantear las cosas a lo interno de la sociedad civil, quizás debí ser más claro con las organizaciones que financian la lucha contra la corrupción, quizás debí escribir cartas más explicitas al Poder Ejecutivo y a las organizaciones civiles, quizás...

Hay muchos "quizás" en los que sigo pensando, y ojalá podamos reflexionarlos juntos. Y a propósito de quizás, quizás nunca sabremos si la CNECC pudo haber hecho un mejor trabajo de haber las organizaciones civiles cumplido con el compromiso de presionar más y de coordinar más con la representación que tenía a lo interno. Quizás nunca lo sabremos…

Más abajo las dos cartas de renuncia, y háganse su propia idea.


Carta al Presidente

Santo Domingo, República Dominicana. 1 de septiembre de 2008
Doctor
Leonel Fernández Reyna
Presidente de la República
Su Despacho

Vía: Doctor José Joaquín Bidó Medina, Presidente de la Comisión Nacional de Ética
y Combate a la Corrupción

Excelentísimo Señor Presidente:

Por este medio formalmente le comunico mi renuncia irrevocable a la Comisión Nacional de Ética y Combate a la Corrupción (CNECC). Le agradezco sinceramente que me haya considerado para formar parte tanto de la Unidad Técnica como del Consejo Rector, en representación del Foro Ciudadano y de la Coalición por la Transparencia y la Institucionalidad.

Con el debido respeto, le expreso mi opinión sobre el necesario relanzamiento y redefinición de la CNECC, de tal manera que se consoliden los aspectos logrados, y se establezcan mecanismos eficientes para que sus decisiones y acciones sean acatadas por todos los funcionarios públicos.

Entre los aspectos importantes a redefinir, se encuentra la representación de las organizaciones civiles; ya que como usted sabe la sociedad civil dominicana es múltiple, cual Agramón el personaje de la novela “Historia interminable”, por lo que resulta provechoso que otra persona tenga la oportunidad de representarla en mecanismos de esta naturaleza.

Sin otro particular, se despide con sentimientos de aprecio y estima,

Ramón Tejada Holguín
Representante del Foro Ciudadano
y de la Coalición por la Institucionalidad y la Justicia

CC: a los miembros de la CNECC
Dr. César Pina Toribio
Dr. Radhamés Jiménez
Dr. Ramón Ventura Camejo
Dr. Octavio Líster
Lic. Daniel Omar Caamaño
Lic. Julio Aníbal Fernández
Mons. Benito Ángeles
Sr. Celso Marranzini

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Carta a la sociedad civil:


1 de Septiembre del 2008. Santo Domingo República Dominicana
Señores:

Organizaciones de la Coalición por la Transparencia
y la Institucionalidad;
Organizaciones del Foro Ciudadano;

Amigos de las organizaciones de la sociedad civil Dominicana
Sus manos.

Estimados amigos y estimadas amigas:

Hoy, lunes 1 de septiembre del año 2008, he renunciado de la Comisión Nacional de Ética y Combate a la Corrupción (CNECC) de manera irrevocable. Acabo de comunicar mi decisión al presidente de la CNECC, Doctor José Joaquín Bidó Medina, a quien entregué una escueta carta para el Presidente de la República.

Les doy las gracias por haber confiado en mí para representar sus intereses en el seno de la CNECC, y lamento tener que haber tomado esta decisión por mi cuenta, un año después de la última reunión sostenida con representantes de la CTI y del Foro Ciudadano. Algunas personas se sorprenderán por mi decisión; otras, quienes han seguido de cerca mi participación en la CNECC y la relación con el Foro y la CTI, podrán concluir que mi decisión no fue inesperada, y ojalá la mayoría vea mi renuncia como correcta y justa.

¿Razones de la renuncia? Son múltiples, y van desde la obvia inercia de un sector gubernamental, la escasa transparencia de grupos mayoritarios en el Poder Ejecutivo, el poco apoyo brindado a la CNECC, hasta la nula coordinación entre las dos agrupaciones de la sociedad civil a las cuales representaba.

No soy ingenuo. Tampoco soy un iluso. Sé que ningún gobierno de la República Dominicana, clientelar y rentista, dará transparencia y rendición de cuentas a la ciudadanía de manera voluntaria. Si queremos cambios, la lucha contra la opacidad y la corrupción debe convertirse en un fuerte movimiento social incontenible, como agua de río incapaz de ser refrenada, como torrente endemoniado que desborda presas y se lleva de encuentro instituciones opacas y funcionarios corruptos.

Debe ser un movimiento que no teme luchar en cualquier campo de batalla, y la CNECC pudo haber sido un espacio mejor aprovechado. La transparencia y la rendición de cuentas son como las atalayas que deben ser conquistadas a sangre y fuego, o al menos a golpes de estrategias de comunicación y presiones ciudadanas. La transparencia y la rendición de cuentas no son obsequios que el sistema político ofrece a la ciudadanía. Para conquistar atalayas hay que tener un norte claro, una visión de futuro bien pensada, y hay que elaborar estrategias racionales que nos permitan acceder a ese futuro, a ese norte.

La CNECC pudo haber sido un escenario aprovechable, si tan sólo las organizaciones representadas hubiesen trabajado en dos niveles: 1) aprovechando a su representante en esta comisión, haciendo propuestas y trabajando más estrechamente, por ejemplo, con la Ley de Acceso a la Información y el decreto que permite la conformación de comisiones de auditorias sociales y 2) presionando para que las propuestas sean aceptadas, para que se conformen comisiones de auditorias sociales, para que se fortalezcan las RAI, para que los funcionarios respeten las decisiones emanadas de la CNECC. Debemos todos nosotros autocriticarnos en este aspecto: no supimos combinar la lucha a lo interno, con las actividades a lo externo. Cada organización trabajaba su propia estrategia en materia de anticorrupción, y el representante desempeñaba su representación con demasiada libertad, y con muy poca supervisión de parte de las organizaciones representadas.

La última reunión de coordinación en la que participamos las organizaciones representadas y el representante se realizó hace un año, en los salones de CEPAE. Estaban presentes representantes de la CTI y de la Secretaría del Foro Ciudadano. En dicha reunión se decidió elaborar un Plan Maestro para organizar nuestra renuncia de la CNECC.

La filosofía del plan era sencilla: tomando en cuenta el decreto que crea la CNECC y los reglamentos de esta, se comenzaría a mantener un nivel de presión pública sobre la CNECC para que cumpliera con su labor, si cumplía, pues era un éxito y no necesitábamos renunciar, y si no cumplía teníamos los argumentos y la autoridad necesarias para salir. Lamentablemente nunca se volvió a convocar una nueva reunión, y mucho menos se elaboró el mencionado plan.

Finalmente creo que las organizaciones civiles deben definir una estrategia en materia de lucha contra la corrupción común, compacta, clara, definida, tomando en cuenta las necesidades nacionales, y negociando con los organismos internacionales y las organizaciones de cooperación bilaterales sus propias agendas.

Pueden contar conmigo, como siempre, en los temas que manejo y en mi experiencia como investigador, pero, debido a mis múltiples compromisos y a los aspectos indicados tanto en esta carta como en la que escribí al Presidente Fernández, me es imposible seguir en la CNECC y sentirme en paz conmigo mismo, y sentir que estoy cumpliendo con mi deber como ciudadano activo.

Con sentimiento de aprecio y respeto:

Ramón Tejada Holguín

Anexo: Carta de Renuncia de la CNECC

En el corazón del mito americano existe el mito dominicano

Ruth Herrera, editora de Alfaguara, hizo una larga entrevista a Junot Díaz, pero por razones de espacio se publicó una versión reducida, corta, en el Listin Diario. La entrevista completa no tiene desperdicio. Gentilmente Ruth me ha permitido publicar la entrevista in extenso en este País de Alicia.

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Junot Díaz:
“En mi novela el fukú no toma las decisiones por nadie. Solo hace horribles las consecuencias de las malas elecciones.”

“¿Para qué sirve nuestro privilegio si no tratamos de ayudar a la sociedad que hace posibles esos privilegios?”

Entrevista a propósito de la publicación dominicana en Alfaguara de La breve y maravillosa vida de Óscar Wao, premio Pulitzer 2008

Ruth Herrera

SANTO DOMINGO. No sé cómo suena su voz (esto va por la web); sí oigo sus palabras escritas, duras, suaves, neutrales, de doble sentido. Palabras… Lo dijo en una entrevista (una de sus tareas frecuentes en estos días, concederlas): el inglés es brutal, y es el idioma en que escribe; el español es íntimo, y es el que no domina. Si vamos a juzgarle por sus palabras, por sus historias, Junot Díaz, el dominicano que logró un premio Pulitzer por su novela “La breve y maravillosa vida de Óscar Wao” (Alfaguara, 2008), parece un hombre contradictorio, inmerso en el conflicto, en la desazón, en medio de dos razas. O es, sencillamente, un escritor exigente consigo mismo, que hurga en sus personajes y los exprime hasta sus últimas consecuencias, y es lo que refleja.

[Días después, tras un par de jornadas con Junot. Le he oído responder a todo tipo de interlocutores: los que se quedan en la superficie y lo baladí, los que comentan a fondo y sintonizados en los laberintos de la creación. Él no deja pregunta sin respuesta, alguna vez calla de golpe porque va a revelar demasiado. Y resultó que el español le sale con mucha fluidez y soltura (que sí, que lo machaca, que sí, que lo salpica de muchos coños y vainas), aunque luego de muchas horas usándolo, en medio del cansancio, prefiere el inglés porque el español se le está “desintegrando”. Lo que no decae nunca son sus criterios, sus convicciones, su dedo que señala. Esta es la entrevista completa que sostuve con él y que, por razones de espacio, no salió así en el Listín Diario.]

P. ¿Está bien que te entreviste de tú? [Luego de conocerlo, te das cuenta de lo inútil de la pregunta, pero él siempre da buenas respuestas.]
R. Preferiría estar bailando, pero es mucho mejor que estar corrigiendo exámenes. Todavía estoy sorprendido y agradecido de que alguien quiera hablar conmigo acerca de cualquier cosa.

P. De tu primera infancia en Villa Juana a enseñar escritura creativa a las “mentes brillantes” del MIT, dime una sola cosa que has sacado o aprendido en este tránsito.
R. Es una pregunta enorme. Imagino que si algo he aprendido es que me llevo mejor con los jóvenes y los viejitos. Y que si alguien puede hacerte sonreír o lograr que la esperanza vuelva a tu vida, es un joven o un viejito.

P. Viviste una parte de los Doce Años de Balaguer en Santo Domingo, además tu padre fue militar en ese entonces. ¿Puedes relacionar alguna vivencia infantil con tu postura de adulto muy cuestionadora frente a dicho gobernante, que también se plasma en Óscar Wao?
R. Una cosa especial sobre los 12 años era la música. No sé por qué, pero los gobiernos opresores sacan la mejor música de las comunidades que oprimen. Adoro la música de ese período. Mi madre siempre la ponía en nuestro apartamento en New Jersey. Cuando pienso en ser feliz, en estar en casa, recuerdo esos álbumes que ella ponía. Hay, por supuesto, un lado oscuro en mis memorias de los 12 años. Era un niño en Santo Domingo y vi el cuerpo de un pobre izquierdista a quien habían asesinado en plena calle y recuerdo que la policía ni siquiera se molestó en cubrirlo. Se paraban sobre el cuerpo riéndose. La música y la risa guiaron mi mano mientras escribía esta novela.

P. Ya has aclarado que los diez años entre Drown y Óscar Wao se debieron a que escribes muy despacio y aplicándote la extrema autocrítica, por la que botas cualquier cantidad de páginas escritas si no te complacen. Con todo, y con el compromiso de una siguiente obra, ¿fueron angustiosos esos años, qué monstruos tuviste que liquidar?
R. Sí, fueron años duros. Estaba deprimido gran parte del tiempo, pensé que nunca iba a terminar la novela. Pero también hubo buenos momentos. Tuve la oportunidad de viajar. Fui a Japón, viví seis meses en Amsterdam, un año en México. Fui dos veces a Cuba y dos a Australia. Conocí a Juleyka Lantigua (la sobrina de Dr. Rafael Lantigua) y a Tony Capellán, el más grande artista dominicano vivo, y ambos son mis amigos entrañables. Aprendí mucho sobre mí mismo. Es fácil ser buena gente cuando todo te sale bien, pero es difícil ser amable y agradable cuando todo lo que intentas termina en el zafacón. Aprendí a ser humilde. Una persona no puede parecer sencilla cuando está siendo entrevistada o cuando está en una gira de promoción de un libro, pero créeme, pasa diez años escribiendo una novela y aprenderás algo sobre la humildad.


P. Has comentado que Óscar Wao te llegó a la cabeza en una noche de tragos mexicana, pero, ¿te llegó el nombre, derivado del escritor Oscar Wilde, o el personaje que resultó?
R. Como dije: estaba viviendo en México. Debería haber estado viviendo en República Dominicana pero necesitaba alejarme de la familia, de todo, así que me mudé al Distrito Federal. Quería estar donde Diego y Frida y Trotski y el Che y Pichirilo habían bebido tequila. Viví en un apartamento con fundas de basura por cortinas y todo lo que escribía era basura. Una noche que estaba con unos amigos (la mexicana de la que estaba enamorado no estaba, así que me sentía deprimido) la idea me llegó de repente. Shazam. Todo me vino aquella noche. El nombre de Óscar. Su carácter. Su familia De León-Cabral. Después de esa noche todo lo que tuve que hacer fue encontrar cómo contar la historia, y entonces, contarla. Eso me tomó ocho años.

P. ¿Trabajas con un plan o le dejas cancha a la improvisación?
R. Siempre tengo un plan. A la mayoría de la gente no le importa o no lo creería, pero la estructura de Óscar Wao es bastante compleja y requirió gran cantidad de ajustes. Mi inspiración (estructuralmente) vino de la película Zardoz y del ouroboro, la imagen mítica de una serpiente que se come su propia cola. De modo que sí, hay mucho trabajo puesto en esta vaina, pero también me esfuerzo en que mi trabajo se sienta espontáneo, improvisado. Como dijo Frank Sinatra una vez: Si pueden notar que estás trabajando es que no te estás esforzando lo suficiente.

P. En un momento del proceso editorial con esta novela, señalaste lo que parecería una obviedad: Óscar Wao es ficción, no un libro de historia dominicana. Sin embargo, la narración de episodios y la recuperación de ciertos personajes de la historia dominicana construyen fuertes contextos y permiten trazar jugosas comparaciones en la novela. ¿Qué pretendes de la historia puesta al servicio de la literatura?
R. La historia ES una forma de literatura, de ficción. Si digo algo más estaré diciendo demasiado. Y sonaré más tonto de lo usual. Mejor nos lo ahorramos.

P. ¿Y de dónde sale esa imagen postmoderna de Trujillo cayendo bajo las balas de sus matadores como un Tony Montana?
R. Vino de uno de mis parientes que, hablando sobre la muerte de Saddam Hussein, comentó: por lo menos Trujillo murió como un hombre. Fue una típica declaración machista, pero también me hizo reír e inspiró la descripción tipo Matrix de su muerte. El narrador Yunior odia a Trujillo pero por lo menos tiene que reconocer que el tipo mostró cierta valentía personal. Independiente de toda su maldad, al menos tuvo eso.

P. En Santo Domingo hay muchos libros que cuentan los horrores del trujillato y también, aunque menos, del balaguerato, y se leen con avidez. ¿Qué quisiste decir, entonces, con que a los muertos (a esos muertos) hay que envolverlos “en algo medio cursi, en un paquete lindo”, para que la gente los abra [en una entrevista para la revista Qué leer, de España]?
R. Pero ¿qué generación está leyendo esos libros? No veo que a ninguno de esos jóvenes del Colegio Santo Domingo, del Carol Morgan, del New Horizons les importe un carajo lo que pasó durante el trujillato parte 1 ó 2 (que es como siempre he pensado de los 12 años). A pesar de la obsesión con Trujillo en ciertos sectores de la comunidad dominicana, hay una generación completa de jóvenes hartos de escuchar sobre Trujillo. Mi proyecto fue cómo retar a ese grupo que acostumbra leer libros sobre Trujillo y cómo atraer a quienes nunca leerían un libro de Trujillo aunque su vida dependiera de ello. Leerían Harry Potter, ¿pero sobre el tipo que mató a sus abuelos? ¡No way!

P. En el caso de Óscar Wao, y luego de conocer algunos de tus libros favoritos (Texaco, Akira, Ceremony, Dhalgren, Dune), tu narrativa parece en cierta medida construida a partir de la experiencia de un escritor-lector.
R. Del mismo modo que República Dominicana no puede imaginarse sin música, sin béisbol, sin su particular genio implacable, yo no puedo imaginarme sin la literatura. Todos tenemos formas de sobrevivir a nuestra niñez. Mis hermanas eran hermosas y ellas sobrevivieron esa etapa por su belleza y haciendo que todos los muchachos se enamoraran de ellas. Mi mejor amigo sobrevivió siendo sobresaliente en la escuela, siendo el mejor estudiante de todos. Mi amigo Petey (el boricua más blanco del mundo) logró salir adelante jugando béisbol. Yo sobreviví leyendo libros. Cuando leía un libro mi cara fea, la pobreza de mi familia y la promesa rota de Estados Unidos se alejaban. Finalmente ese mecanismo de escape (la lectura) llegó a ser algo más. Llegó a ser mi vida. O tuve suerte o me jodí. Depende del punto de vista.

P. Resulta que la novela sobre un nerd, perdedor, feo, negro, impopular, de futuro incierto, gusta, se lee muchísimo y gana premios literarios. ¿Qué habría dicho Óscar?
R. Es como una novela acerca de un país pequeñito del Caribe que gana el premio Pulitzer. Difícil de creer, ¿no? No estoy seguro de que Óscar hubiera dicho algo. Aunque habría pensado esto: a la gente no le molesta LEER sobre un nerd gordo, feo, de piel oscura. Lo que no quieren es invitarlo para salir a bailar.

P. Óscar Wao y Junot tienen en común un origen y una migración, una raza, una sensibilidad, unos gustos literarios. ¿Qué más hay de autobiográfico en esta novela?R. Solo para fines de record: Óscar nació en Estados Unidos. Yo no. Óscar es de una familia dominico-norteamericana de clase media con raíces de clase alta. Yo soy de los pobres de Baitoa y Estebanía. ¡Mi familia pasó toda la década de los ochenta a base de cupones de alimentos y bienestar social (¡y se preguntan por qué mis hermanos y yo trabajamos tanto!). Pero para contestar tu pregunta: no hay mucho de autobiografía en esta novela. Se desarrolla en NJ pero no en la parte de NJ donde crecí. Cuando era joven también estaba obsesionado con levantar pesas como Yunior, pero solo tomé esteroides un par de veces. Lo más autobiográfico de esta novela es que todos los personajes jóvenes pertenecen a esta clase de juventud dominicana que no se ve en la propaganda turística: listo, culto, “raro”. Los ‘freakis’, los ‘cool’, los ‘nerdos’. Óscar pertenece a este grupo, y lo mismo le pasa a Yunior, a Lola y a muchos de los niños dominicanos con los que crecí. Nosotros no éramos los típicos “dominicanyorks”, ¡y vaya que nos lo dejaban sentir nuestros pares!

P. Tus personajes femeninos convencen. La Inca, Belicia y Lola, las principales. Tal como le preguntan a las escritoras –que se fastidian– cuando crean buenos protagonistas masculinos, ¿cómo te metiste en el ser de tres mujeres de distintas épocas y mentalidades?
R. No soy como algunos de mis “brothers” dominicanos que viven fuera del país. A mí realmente me gusta la mujer dominicana y he estado con ellas toda mi vida. Si tú pasas cada día de tu vida rodeado de mujeres dominicanas, cada día (incluso cuando vivía en Amsterdam estaba saliendo con una dominicana), eventualmente eres capaz de escribir de ellas como personajes. Pero solo si trabajas muy duro y todas tus amigas dominicanas te ayudan a corregir todos tus errores. Pero fue mi niñez con mis dos hermanas, una que se escapó y otra que permaneció, lo que tuvo un impacto enorme en mí.

P. La frase final de la novela evoca otra muy parecida de una novela adaptada al cine en 1979, con mucho éxito.
R. Fue un homenaje en reversa a Joseph Conrad. Su protagonista, Marlowe, viaja al Corazón de las Tinieblas para descubrir “the horror, the horror”. Óscar viaja al Corazón de las Tinieblas de su familia, Santo Domingo, para descubrir “the beauty, the beauty”.

P. ¿No te importa desvelar el final de tu novela?
R. No.

P. En un punto de la novela, Lola, la hermana de Óscar, dice que somos “diez millones de trujillos”. ¿Comparte el autor este criterio?
R. A veces, sí. La mayor parte del tiempo solo pienso que estoy feliz de haber nacido en esta comunidad y no en otra.

P. Algunos lectores de Oscar Wao ya están ubicando a Junot Díaz como un escritor del neo-pesimista dominicano. ¿Cuál es tu visión sobre el país dominicano?
R. ¿De verdad? Esa es una opinión que no comparto. Quizá fumé mucha hierba cuando era joven, pero siempre me he considerado un optimista y creo que la novela, a pesar de todas sus diabluras, también es optimista. Pretender que el mal no existe, que nada malo te va a pasar, no es ser optimista, es ser iluso. Las mejores personas reconocen las fallas o imperfecciones que existen en un lugar, un país, en las personas, y todavía lo encuentra, las encuentra, merecedoras de amor, compasión, afecto, de gran transformación artística. Nunca he confiado en la gente que solo ve el lado bueno de las cosas. Me asustan. Tienes que verlo todo, absolutamente todo: lo bueno, lo malo, lo indiferente y a pesar de eso encontrar en ti la capacidad de tener esperanza, de amar. Eso es humano, eso es optimista. Pretender que todo es maravilloso, solo para mantener tu fantasía de positivismo, es la peor clase del engaño, de miopía. Supongo que debí haber escrito una novela donde no le sucede nada malo a nadie. Pero en esa clase de vida, de mundo, ¿qué importancia tiene el amor y/o el sacrificio?

P. ¿Puede ser el fukú una explicación para las desgracias, el atropello, la corrupción que dominan la vida dominicana? Porque si bien has dicho que no crees en el fukú, en Oscar Wao esta maldición se puede asumir como una explicación de lo que nos pasa.
R. Ni siquiera la novela es tan simplista. Todos en el libro tienen que hacer una elección. Lo mismo sucede aquí en Santo Domingo. Uno tiene que elegir ser amable o ser cruel; ser gentil o corrupto; elegir ayudar, degradar, participar, borrar. Las fuerzas históricas, ya sea en forma de fukú o capitalismo, guían nuestras elecciones, pero no las hacen por nosotros. En mi novela el fukú no toma las decisiones por nadie. Solo hace horribles las consecuencias de las malas elecciones.

P. ¿Por qué has abrazado “la causa” de la explotación de los trabajadores haitianos en República Dominicana?
R. Pensé que todos dominicanos estaban contra la explotación. Bueno, es una broma. Esto probablemente sonará aburrido para cualquiera que no tenga una vena activista en su cuerpo, pero también estoy contra la violencia doméstica, la prostitución infantil y la segregación de facto en la vida nocturna dominicana. Estoy en contra de los partidos políticos que confunden y desorganizan la vida cívica dominicana. ¿Por qué? No sé de dónde viene este impulso. Quizá sería más bonito que no me preocupara por nadie.
No es que nadie haya tratado de ponerme en un batey ni nada por el estilo. Pienso que me involucro en estas “causas” porque como dominicanos nosotros merecemos un mejor legado que el que estamos construyendo. Porque cuando los dominicanos estamos en nuestro mejor momento no tratamos de expulsar inmigrantes ni de culpar a los pobres de todos los problemas que hay en el mundo. Y seamos honestos: los que tenemos casas, carros, los que podemos salir a cenar cada vez que queramos, ¿para qué sirve nuestro privilegio si no tratamos de ayudar a la sociedad que hace posibles esos privilegios? En mi opinión, el privilegio es solo tolerable si se utiliza en mejorar nuestro mundo. (Por favor, no le envíes este artículo a mi madre. Me acusaría de comunista).

P. ¿Qué necesitas para escribir, para “inspirar las facultades” de la creación?
R. Largos periodos de tiempo en calma para trabajar. Muchos libros. Salir de noche con mis amigos. Gente nueva que comparta su vida conmigo.

P. “You don’t have anything if you don’t have the stories”, dice Leslie Marmon Silko en Ceremony. ¿Podría ser la frase definitoria de tu vida?
R. Sí. Pero debes añadir: las historias son el único modo de llenar los vacíos donde nuestras viejas historias han muerto o se han perdido.

P.Como escritor, ¿vives la dicotomía entre las ideas y las personas?
R. No siento mucho esa división. Mi dicotomía es que crecí pobre con los tígueres y me siento cómodo en ese ambiente, pero también tengo una vida intelectual y artística que me pone en un sector de la sociedad “rarificado” que no duraría cinco segundos andando con ese grupo de amigos. Mi dicotomía es ser un dominicano que habla mal el español que conoce la capital mejor que dominicanos con un español excelente que viven con papi y mami en Piantini. Mi dicotomía es ser la persona de piel más oscura en mi familia y la más clara de todos mis amigos.

P. Tal como lo hiciste en su momento con los precandidatos demócratas y el candidato republicano de Estados Unidos, ¿qué libro les recomendaría a Leonel Fernández, Hipólito Mejía y Miguel Vargas?
R. No les recomendaría ningún libro. Les daría pasaportes para que se fueran. Necesitamos algo nuevo para nuestro país. Estos partidos políticos tradicionales no están llenando las expectativas.

P. ¿Qué haces de hobby, que no sea leer?
R. Te confieso que la mayor parte de mi lectura la hago entre 7 y 9 de la mañana. Mis amigos casi nunca me ven leyendo, así que encuentran gracioso que yo casi siempre hable de lo mucho que me gusta leer. Generalmente ellos me ven saliendo. Adoro correr (aunque no lo parece: aumenté treinta libras con el estrés del tour de promoción del libro y porque mi novia estaba intentando terminar conmigo). Me encanta salir a bares y clubes, y estuve metido en el ambiente hiphop ‘underground’ de NYC por un tiempo. Soy un gran fanático del béisbol, así que veo a los Yankees, los Mets y los Medias Rojas cada vez que puedo. Aunque parezco un bruto cuando me conoces, sé mucho sobre películas extranjeras, las veo obsesivamente. (La mejor película extranjera de los últimos cinco años: Ping Pong.) Toda mi juventud trabajé en fábricas, así que todavía disfruto del trabajo físico. Nunca lo creerías al mirarme, pero soy uno de esos a quienes les gusta ayudar a sus amigos a mudarse o hacer proyectos. Seis o siete horas de trabajo físico siempre me relajan. Ni siquiera soy muy bueno jugando a intelectual de tiempo complete. Es triste.

P. ¿Qué te saca de quicio?
R. Cuando en un resort los bartenders dominicanos le sirven a los extranjeros antes de atenderte a ti. No te imaginas cuántas veces he tenido que decirles a esos tipos que dejen de ser Guacanagarix.

P. ¿Cuál sería tu lugar ideal para un hipotético retiro en República Dominicana?
R. Esa es una pregunta difícil. Todavía me quedo en la casa de mi familia en Villa Juana (Calle 21 forever!), pero a ninguno de mis amigos dominicanos de Estados Unidos le gusta visitarme allí. (Mis amigos dominicanos de la isla no le tienen miedo a Villa Juana.) Mi sueño sería vivir como el artista Tony Capellán, en la azotea de uno de los edificios frente al Parque Independencia. Eso me permitiría tener acceso a mis dos mundos: podría salir con la gente ‘cool’ a sus ‘lounges’ de la Zona y sacar tiempo con los tipos pobres que hay en el parque, que trabajan todo el día y toda la noche para ganarse un par de dólares.
Pero tú estás hablando con un hombre que no tiene hijos. Si tuviera hijos estaría en uno de esos residenciales cerrados, como el promedio de los dominicanos de clase media, aterrorizado.

P. Por último, ¿qué les llama la atención de la novela a lectores de Nueva Zelanda, por ejemplo, donde estuviste de promoción en este año?
R. Lo que más parece impresionarles a los neozelandeses es la idea de que en el corazón del mito americano existía un mito dominicano. Que no puedes entender el Nuevo Mundo sin entender un lugar como República Dominicana.

Ruth Herrera
Publicada el 3 de Septiembre del 2008