PARTIDOS Y CIUDADANÍA: LAS DOS CARAS DE LA PARTICIPACIÓN POLÍTICA


BORRADOR

Ramón Tejada Holguín

PARTIDOS Y CIUDADANÍA: LAS DOS CARAS DE LA PARTICIPACIÓN POLÍTICA

Los Partidos: La cara visible que recibe los embates de la crítica

En febrero del 2000 Seymour Martin Lipset escribió en la revista "Letras Libres" que la democracia es impensable sin la existencia de partidos políticos que "compitan por los puestos públicos", ya que "la oposición intenta reducir los recursos disponibles para quienes están en los cargos y aumentar los derechos disponibles para quienes están fuera del poder". O sea, los conflictos entre el partido en el gobierno y los de oposición ayudan a establecer normas y reglas democráticas que van en beneficio de toda la sociedad.

En República Dominicana los políticos, tanto del gobierno como de la oposición, tienden a hacer alianzas para escatimar las conquistas logradas por la ciudadanía. Muchas veces los acuerdos entre los partidos buscan restringir el campo de acción de la ciudadanía o se unen los grandes contra los más pequeños. Así ocurrió con el cambio en la forma de distribución de los recursos que la JCE les reparte en el año 2005.

El partido potencialmente más afectado, el PLD, prefirió aceptar el cambio para beneficiar al PRSC en aras de una gobernabilidad entendida como acuerdo de aposento para beneficio de una casta política que cada día se aleja más de la sociedad a la que debe representar. El comportamiento de los políticos dominicanos parecería desmentir al profesor Lipset, pero no. Lo cierto es que aquí no hay verdaderos partidos políticos, apenas llegamos a protopartidos, a lo que él llama "formaciones personalistas", lo cual se convierte en un grave obstáculo para el llamado proceso de consolidación de la democracia.

El PLD es quizás el que más se acerca a un partido moderno, el fracasado intento de Vargas de construir un nuevo PRD tenía elementos de construcción de un partido moderno. El PRSC parece un fracaso viviente. El elemento aglutinador del PRSC era Balaguer y no el socialcristianismo; como lo demuestra la incapacidad de ese partido para mantenerse unido tras la muerte del patriarca otoñal. Pero, a pesar de todo, hasta el momento el PRD y el PLD son, también, formaciones personalistas.

Observemos sus respectivos congresos y convenciones ¿cuáles han sido los temas de discusión? ¿Cuáles son los nuevos rumbos propuestos? ¿Cuáles las ofertas que le hacen a la sociedad? Lo grave es que en ocasiones la disidencia que dice representar a las bases es más caudillista, como es el caso de De Camps con respecto al PRD o más clientelista y rentista como es el caso de Inchausti en el PLD.

En otro texto, Lipset definió las elecciones como la "lucha de clases democrática", pensando que los partidos representaban los intereses de clases sociales distintas. Si bien hay dirigentes políticos que tienen un discurso fresco y nuevo, en general, los protopartidos dominicanos parecen no molestarse en decir que representan a diferentes sectores sociales, o por lo menos a actores cuyos intereses y proyectos de futuro son distintos.

Un breve análisis de las estructuras dirigenciales de los partidos  demuestra que carecen de una visión de futuro, que los intereses que representan son más bien difusos, por no decir que se representan a sí mismos y que entre ellos no difieren substancialmente en sus formas “clientelares” de relación con la sociedad. Esto es lo que llaman la crisis de representatividad. No es que los partidos estén en crisis, es que cada día representan menos a la sociedad dominicana, o a sectores de la ciudadanía de esa sociedad.

No se crea que "opciones alternativas" carecen de estos elementos. Obsérvelas y verá cómo se asoma en sus figuras prominentes el caudillismo, el autoritarismo, y la misma concepción de las masas dominicana como un  "partía" de gente clientelista que solo quiere el darme lo mío. Solo basta observar que todos los intentos de construir opciones alternativas que aglutinen a la gran cantidad de pequeños partidos y de movimiento que aúpan personalidades terminan accidentados en el muro de enormes egos.

¿Qué hacer frente a la crisis de representatividad de los partidos? ¿Nos cruzamos de brazos y nos preocupamos por las salidas individuales? ¿Nos lanzamos a una loca carrera contra la participación política desprestigiando a la política? ¿A la carencia de opciones viables? Creo que el secreto está en los modelos de ciudadanía que existen y en el modelo de ciudadanía que se debe promover.

Entre la ciudadanía y el desencanto ilustrado

Esta es la otra cara que en ocasiones parece ocultarse en la penumbra: la de la ciudadanía. Una carita que puede estar “pintada color esperanza” o ser una faz dura que escribe en mayúscula su frustración infinita inyectando el veneno del desaliento a diestra y siniestra. Sí, afirmo que la ciudadanía es la principal agencia del cambio político, para lo cual hay que ser capaz de asociarse, de juntarse, de agregarse. Ni la mala res, ni gente con complejo de héroes solitarios, o heroínas lanzas en ristres, construyen la democracia. La posibilidad de cambio va a depender de la forma en que los ciudadanos y las ciudadanas se relacionan con la política y del nivel de participación social que son capaces de soportar.

Desde nuestra óptica la ciudadanía tiene cuatro grandes formas de relacionarse con la política y la participación social. Dependiendo del modelo de ciudadanía que se generalice en una nación habrá mayores o menores probabilidades de que se desarrolle un tipo de organización partidaria con mayores compromisos con la democracia y el bienestar colectivo.

“Aquí no vale la pena exigir sus derechos”

El primer modelo de ciudadanía es el que he llamado “inmóvil apático”. A este modelo pertenecen las personas que no les interesa la participación de ningún tipo, sólo se recuerdan de la política para maldecirla y echarle la culpa de todos los males, los errores del Gobierno les sirven para justificar su abstención electoral y cómoda indiferencia social. Los errores de las organizaciones civiles son el pretexto para decir que todos son iguales y justificar su dejadez. Este tipo de ciudadanía contribuye, con su inacción, al mantenimiento de lo que ella misma dice que está mal, su oposición a la política es una cómoda posición política.

El desencanto como opción intelectual

El segundo modelo está formado por lo que podemos llamar la ciudadanía “desencantada militante”. Este modelo es preferido por cierto tipo de personas con formación académica, muy informadas, con acceso a la tecnología más moderna, desde sus sillas frente a las computadoras esparcen el virus del desaliento y el fracaso hacia los cuatros puntos cardinales.

En este modelo se pueden encontrar varios subgrupos. Hay quienes participan en organizaciones sociales pero dicen abominar de la política. Tienden a ver las virtudes sólo en la organización en la cual militan y controlan. Todo aquello que no está bajo su mando o no se somete a sus designios es satanizado. Poseen una visión autoritaria de la sociedad y su incapacidad para la participación y agregación en grupos está muy relacionada con la creencia de que sus ideas son las únicas que pueden salvar el mundo y a los demás, su incapacidad para sumar les sume más en la frustración y el desaliento. Ven a los partidos como devoradores de la honestidad y grandes corruptores, se olvidan que en general los grandes beneficiarios de la corrupción se encuentran entre cierto tipo de empresariado evasor, rapaz y depredador.

Otro subgrupo de los “desencantada militante” son personas que no participan en nada y se la pasan despotricando contra quienes desean actuar. Poseen una teoría que justifica su inacción. Son profesionales de la desmoralización y expertos en frustrar cualquier iniciativa. En dominicano se diría que todo les hiede y nada les huele. Un pequeño obstáculo es, para ellos, la evidencia viviente de que todo esfuerzo carece de sentido. En general son sumamente irresponsables a la hora de juzgar las acciones de los demás y no les importan las consecuencias de sus palabras. Se regocijan en su negatividad. Se relamen de gusto cuando logran desilusionar a alguien.

Disfrutan ante el fracaso de las iniciativas positivas porque les justifica su pasividad. Estos “desencantados militantes” tienen como base de apoyo a los “inmóviles y apáticos” y juntos hacen una contribución de primer orden en el mantenimiento del clientelismo político y la corrupción vía la inacción política o la palabrería de desaliento. No se debe confundir el modelo de ciudadanía “desencantado militante” con la criticidad. En ocasiones el desencantado quiere revestir el discurso justificador de su inacción y pasividad con un aire crítico, pero sus palabras sólo son el pretexto para mantener su desmovilización política y social. Este tipo de ciudadanía es típico de ciertos sectores de la llamada clase media dominicana con aire europeizante o pasión estadounidense.

Hay que decir que en ocasiones el modelo “desencantado militante” es provocado por una frustración partidaria, o por alguna otra experiencia organizacional. En ocasiones son sectores que han sido desplazados de algunas de las esferas de privilegios. Es el modelo que tiene mayor tendencia al autoritarismo y a propiciar regímenes de fuerza que pretenden adecentar la sociedad, pero su objetivo es controlarla.

Un cliente que no tiene la Razón

En tercer lugar tenemos a la ciudadanía activa, pero que se moviliza de manera clientelista en beneficio individual e inmediato. Son los representantes del “dame lo mío ahora”. Este tipo de ciudadanía estimula la desigualdad y la exclusión, así como la consideración de la política como actividad de las elites. Esta es la ciudadanía que actualmente se encuentra más generalizada en la sociedad dominicana. Es la que piensa que los puestos públicos son patrimonios de quienes son elegidos y de sus partidarios, algunos poseen carnés de todos los partidos con mayores probabilidades electorales. La política es, en este modelo de ciudadanía, la fuente primigenia de los privilegios y la mejor vía para el arribismo.

La ciudadanía con la carita pintada color esperanza

En cuarto lugar está la ciudadanía activa no clientelista. Entiende que mejorar el entorno institucional que le rodea va en beneficio propio. Lucha porque sus intereses formen parte del interés general y busca el establecimiento de reglas del juego claras, precisas e iguales para todos. Por eso tienden a juntarse con las personas que piensen igual a ella, o a sumarse a grupos que defienden los mismos intereses económicos, sociales y políticos que ellas. Saben que las reglas del juego cuando son claras, aceptadas por las mayorías y usada como el principal criterio para el trato equitativo para todos y todas son más sostenibles en el tiempo y serán más beneficiosas para sí y su descendencia. Este modelo de ciudadanía es crítica, a veces ácida, en ocasiones incómoda, insoportable, pero entiende la sociedad como proceso de construcción colectiva, porque la búsqueda de privilegios individuales construye una selva peligrosa.

Se podría decir que cada uno de estos modelos de ciudadanía no se presentan en estado puro en la realidad, en ocasiones hay mezclas extrañas, combinaciones inexplicables. Lo importante, creo, es promover el modelo de la ciudadanía activa no clientelar, porque es la ciudadanía que representa la energía creativa de la democracia, la que estimula y viabiliza el cambio, la que posibilita la redefinición del pacto social que nos da vida. Este es el tipo de ciudadanía que la nación necesita se haga mayoritaria. Es la que se encuentra en minoría ahora mismo y es la que debe ganar la batalla en nuestras mentes y almas.

Sólo de René en cuando

Hay quienes gustan poner etiqueta a diestra y siniestra, quienes sostienen que saben qué es la buena literatura y qué no, pero al final del día la literatura se revela y se rebela de tal manera que sólo el tiempo -que es el mejor de los críticos literarios– dirá qué perdura y qué ha sido paja molida defendida por los grupos de mutuo alabamiento.

Las etiquetas, enmohecidas, se desprenderán del cuerpo literario quedando la obra, el texto, sólo el texto para defenderse en función de su calidad intrínseca.

No sé a quién se le ocurrió decir que René Rodríguez Soriano, escritor forjado en Constanza y la capital de la República que llegó a Miami con voz y talante propios, pertenece a la Diáspora. Hace un lustro, día más día menos, que partió de Santo Domingo de Guzmán.

Antes de etiquetar al escritor habría que responder unas cuantas preguntas para saber si existe algo como un movimiento o generación o grupo de escritores y escritoras que pueden ser agrupado bajo algo llamado “La Diáspora”: ¿Existe un “ethos” común entre escritores de la “Diáspora”? ¿Existen similitudes en su forma de abordar el objeto artístico? ¿Escriben todos y todas en el mismo idioma? ¿Hay temas, talantes, estilos, e ideas comunes? Hasta el momento quienes han hablado del tema sólo han podido establecer que los escritores y escritoras de la Diáspora comparten la condición migratoria. Pero, no es cualquier migrante: ser de la Diáspora significa haber emigrado del país hacía Estados Unidos, no importa si tienes uno o dos años viviendo en algún bucólico pueblito del sur o el centro, o si sobrevives en New York, tampoco es relevante si tenía 7, 15, 45 ó 60 años de edad. Vivir en Estados Unidos y escribir algo es ser de la Diáspora. ¿Hay un movimiento literario más amplio y abarcador en el mundo? Podría asumirse la Diáspora como un movimiento intelectual pero no hay evidencia de que sea un movimiento literario.

Digo que René no es “escritor de la Diáspora” porque cuando salió de Santo Domingo sus temas estaban ya definidos, así como su estilo y la mayoría de sus cuentos ya habían sido escritos. Es pues que él es un escritor nacido en Dominicana que vive en Miami. ¿Por qué escribo de René? Porque acaba de publicar una selección de sus cuentos, o relatos como diría nuestro amigo común Rafael García Romero. “Sólo de vez en cuando” se llama el libro. Es una colección de lo que Eduardo González Viaña, antólogo, y el propio René, entienden que es lo mejor de lo mejor de los textos narrativos de mi “enemigo cordial” Rodríguez Soriano.

LA CRITICA LITERARIA HONESTA Y SERIA HABLA DE LO QUE CONOCE A PLENITUD

En los textos de este libro hay ocasiones en que René se ve influenciado por la brevedad de la poesía -es poeta el muchacho- sus textos nos dicen que la literatura es un juego y su legitimidad le viene dada por el hedonismo de las palabras. Quizás por eso algunos de los “pone etiquetas” autonombrados críticos –qué risa- lo ubican como un cortazariano jugador. ¿Es que no han leído a ese desconocido llamado Felisberto, acaso? ¿No saben quién es García Ponce? ¿Qué decir de ese fabuloso “escribidor” Salvador Elizondo, el de la Crónica del instante? Ni hablar del Carlos Fuentes que nos estremeció hace un tiempo a ambos, o del Cabrera Infante que de manera infame se la pasó jugando con las palabras.

Cortázar parecer ser el único de los grandes jugadores que han leído algunos ese tipo de seudo críticos, en especial esos que pululan en la Internet y poseen una vasta cultura en lectura de solapas de libros y reseñas periodísticas pero no les alcanza el talento para llegar más allá que los correos de amigos y redes de “mutua celebración” metafísica. Esos que agreden el lenguaje, la sintaxis y la ortografía alevosamente, por lo cual sólo saben colocar la etiqueta de cortazariano. El René es un escritor que bebe de diversas fuentes literarias: si un mar bravío alimentó el boom Latinoamericano, René bebió de ellos y con ellos, salvando las distancias temporales, claro.

ENTRANDO EN MATERIA: RENÉ Y SUS PIRUETAS VERBALES

Malabarista de la palabra bien dicha y mejor colocada que abre puertas insospechadas: “Oí tus pasos en la escalera y me escondí apurado en las páginas de un libro, éste que tú al salir pusiste en la cartera.” Pero, no digo que sea un escritor ligero o superficial, que sólo sabe poner vocablos hermosos uno detrás de otros con ritmo y cadencia enervantes. Este joven adulto asume seriamente la idea de que la literatura es una realidad paralela que se construye para que lectores, lectoras y escritor paseen sus respectivos “yo” por realidades alternas que nos permiten sobrellevar un poco menos tensos la “realidad real” y pedestre. Dice René: “Porque él –el animalito–, es verde y tiene la cola roja y –por lo que tengo entendido–, come piedras y no puede comer otra cosa. Cosa que, de acuerdo con los últimos adelantos de la fenomenología orgánica, sería un solemne disparate”, como si quisiera decirnos que la literatura es un juego en donde lo que se dice es negado a continuación sin ningún problema.

René echa mano de su entorno para convertirlo en algo contable, no en sentido de entrada y salida de dinero, que de eso no sabe nada el pobrecito, digo contable en el sentido de narrable, de enumeración, de clasificación, de catalogar lo que ve y siente. Sus referentes -las influencias diría un “cítrico” literario- no son sólo literarios. Provienen de otras artes: la música, el cine, la plástica. Leer, por ejemplo, “Alguien vuelve a llenar la tarde de palomas” es escuchar un sólo de saxofón parado en una esquina de Milano que se parece mucho a una esquina de la Zona Colonial y quedar aturdido sin saber dónde se está. Claro, si usted ha leído al René podrá decir que ese cuento se desarrolla en Roma y que la presencia en el texto es de una orquesta de Jazz. No me importa, porque escribo sobre el ritmo, las cadencias de las palabras usadas por este narrador y no del contenido. Si me da la gana digo que es Florencia y hago uso de la autonomía que da René a sus lectores y lectoras. René no es escritor que impone su visión a nadie, ni al lector, lectora o personaje. ¿Caja de Pandora?

LA SUMA DE TODAS LAS ARTES

Hay textos que se leen como una pieza de jazz de estío mediterráneo, otros son boleros tristes y hay baladas nostálgicas. Puede ser que aparezca algún sólo de guitarra española, puede ser, pero no estoy seguro. Lo que nunca he encontrado en René es un texto que sea música caribeña de la bailable, o unos palos que recuerden nuestra herencia africana. Pensándolo bien, hay algún merenguito “apambichao” en el cual René toca la música en voz queda mientras sus lectoras y sus lectores bailan sin guardarle rencor a nadie. Quizás porque es de Constanza la música interna de sus textos tiene ese ritmo de efecto retardado. ¿Será el clima y la montaña?

En la primera parte del libro, la saga Julia, hay una sinfonía silenciosa. Julia es una mujer orquesta. Es, además, la BB, mohín hoyuelos y esos blancos dientes. ¿Qué? ¿No menciona los dientes el René? Bueno, Julia ya no le pertenece, es nuestra, es mía como lector, y a mí me gustan sus dientes. Los textos de este escritor no tienen una sola lectura, ya dije que son plurisignificantes. Cada quien aporta algo a la historia, al texto, a los personajes. No es de esos escritores que te llevan del punto A al B y dices, guao que historia, no. Si te asomas al libro de René correrás el riesgo de ser parte activa de las historias, las podrás construir y reconstruir a tu antojo, perseguirás a Julia o a Rita o a Laura por las canaletas que separan ficción y realidad. Bucearás sin escafandras por las cañerías de la ciudad sin nombre y sin límite. Hay también su poco de ballet en la última parte, pienso en Laura no sólo por los zapatos, sino por la forma de caminar, de nadar, de volar de ella. ¿Cómo hacen el amor las ballerinas?

La mujer en los textos de René es la protagonista indudable e incuestionable. Hay un enorme faro de teatro que la alumbra en el centro del escenario, y ellas no lo saben, o lo saben y se sonríen con gran picardía. ¿Notaron el cambio del singular al plural? Todas las mujeres de René son “una sola mujer”: una mujer resbaladiza incapaz de ser aprisionada por la cotidianidad de la vida de un escritor. Todas son una sola: esa que se le escapa por una rendija de la realidad real. Hay tristeza. Melancolía. Nostalgia. Saudade. Aunque parezca mentira, así es como yo, que no soy crítico literario –Dios me libre- lo percibo. Qué nadie diga que juego con ventaja porque lo conozco… ya lo dije, somos enemigos íntimos.

¿Qué decir del cine? La mezcla de todas las artes es el cine y René ha querido hacer cine en la Literatura. La voz en off, el manejo de planos paralelos, el uso de la disolvencia para pasar de una escena a otra, cambios de escenas vertiginosos como despiste para el lector que tarda en darse cuenta que la escena ha cambiado. Y todos sus personajes femeninos son una diva del cine italiano de antaño. No, nada que ver con la Anita de la “Dolce Vita” y esa fuente… Es BB la mujer que lo atormenta y se le escapa rauda y veloz en cada narración. El desencuentro con ella es grande, y lo atestigua “Alguien mueve los hilos del azar esta mañana”. Esos ojos de la Brigitte Bardot me asesinan. Pero, René es loco con los hoyuelos de Julia, las piernas de Marlene Dietrich y la voz de Blanca Rosa Gil. ¿Construye René su mujer ideal en noviembre, leyendo estos papeles y con Julia de testigo? ¿Será la novia del monstruo del doctor Frankeinstein pero en clave hermosa?


CONCLUSIÓN: BURURUN BARARAN, ¿DÓNDE ESTÁ LA REALIDAD?

Ya sé que ustedes se preguntan si está presente la realidad real y pedestre en este libro. Hay pinceladas, o quizás esa es la realidad real de él o quizás la realidad es una mujer que se ha transformado en estrella fugaz. La verdad es que no me aventuro a decir nada más, simplemente creo que ese señor vive en mundos paralelos al nuestro y sus narraciones son “un algo” que soñó mañana.

Ramón Tejada Holguín
Suplemento Areito, del periódico Hoy
5 de Junio del 2005

¿Quién dijo que conciliación e impunidad son sinónimos?

En apariencias el Poder Ejecutivo ha mostrado capacidad para la concertación con el Poder Legislativo y los demás actores del sistema político dominicano. Ha cedido en cuestiones podrían parecernos cruciales en términos políticos y otra que afecta significativamente las finanzas del partido de gobierno. Por ejemplo, retiró de la observación a la ley que modifica la forma de reparto de los recursos públicos entre los partidos. Ha corrido el riesgo de ser visto como muy débil ante las exigencias del Congreso dominicano, como tomar medidas para reponer cancelados en la administración pública, ámbito de su exclusivo ámbito. Al reponer a los cancelados por presión del Congreso está admitiendo implícitamente que cometió un error al cancelarlos. ¿Estamos en presencia de una nueva etapa en la cual la búsqueda de la gobernabilidad y el respeto a los ámbitos de decisión de cada poder del estado se colocan por encima de los intereses partidarios?

Hay quienes pueden pensar que el Congreso, en especial el Senado, parecería que adquiere conciencia de cuál es su papel en una democracia: convertirse en el contrapeso del Poder Ejecutivo, legislar, limitar el poder del mandatario. No se trata de complacer al Presidente, sino de que éste se sepa vigilado por ese poder que representa al verdadero soberano, es decir al pueblo. No está el Congreso para decir “corroboro”, como en la época de Trujillo. Defiende, el Senado, a médicos que no defendió cuando Mejía era el presidente, pero que ahora defiende. Por suerte, se dirá, ahora los defiende. ¿Se puede decir que el enfrentamiento existente entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo, con el Senado como cabeza, forma parte de un proceso de crecimiento y maduración de la democracia dominicana?

Soy de los que piensan que los dos poderes deben negociar, reconocer sus ámbitos de competencia y si cada quien cumple su rol, estoy convencido de que saldrá lo mejor para la nación. Qué lindo, ¿no? ¿Se oyen los mil violines de la paz y el progreso dominicano cuando se leen estas palabras? Pero, esa es una visión que se queda en las apariencias, en lo que debe ser, en lo que queremos que sea. Pero, por desgracia no es lo que es. La realidad, la cruel y terrible realidad que no desea ser encajada en la teoría, es otra. En términos teóricos siempre es bueno tener un Congreso independiente del Ejecutivo, pero eso es lo que parece, lo formal en las actual coyuntura, hay que ver cuáles son las diferencias, lo que motiva las diferencias entre los dos poderes hic et nuc.. O sea, veamos el contenido de las diferencias y no observemos sólo las formas.

Cuando colocamos la lupa, nos damos cuenta que no hay un enfrentamiento entre poderes del Estado que cumplen, ambos, con sus funciones. No es de cara al soberano pueblo que se está negociando, ni reivindicaciones sentidas por éste. Se están negociando préstamos, bonos para que el gobierno construya de un metro a cambio de no desatar los demonios de la lucha contra la corrupción administrativa en la que mucha gente, de los tres partidos, tiene mucho que perder.

En su discurso ante la Asamblea Nacional el presidente Fernández fue tímido al hablar de sus logros, porque celebrarlos mucho significaba enfrentar directamente al gobierno anterior y los Senadores en su mayoría responden al Pepehachismo que se ha reciclado como corriente institucional. Pero, hoy es imposible explicar la gran importancia de la recuperación de la confianza en las autoridades sin hablar de la responsabilidad del gobierno de Hipólito Mejía en la perdida de la confianza.

Hacer mucha algarabía con la estabilidad macroeconómica –logro principal de estos seis meses - significa enrostrarle su incapacidad al equipo económico anterior, al cual defiende el Senado con uñas y dientes a pesar de los hoyos en que metieron el país.

El Presidente tampoco habló del tema que durante la campaña fue el más sensible: la corrupción. Sin embargo, pudo exhibir el sometimiento de los involucrados en RENOVE, la devolución de los autos de lujo en manos de la Policía. Pudo haber señalado que la presencia de Francisco Domínguez Brito como Procurador General y la de Manuel Hernández como Fiscal del Distrito Nacional sugieren que se dará riendas sueltas al ministerio público en la lucha contra la corrupción. Pudo decir que este gobierno ayudo para que se descamisara el mayor cargamento de cocaína de los últimos diez años. No lo hizo porque quiso presentarse como conciliador y capaz de negociar. Pero, el Senado pudo exigir mayor nivel de investigación en los casos de corrupción, pudo pedir el presidente del Senado que el caso PEME no sea desestimado. No lo hizo. Ni el presidente Fernández, ni el presidente del Senado Bautista se refirieron a los temas más sentidos y necesarios. La corrupción en ambos discurso estuvo ausente.

Lo grave es que, en este contexto, la lucha contra la corrupción se presenta como un arma política en manos del Ejecutivo. Cuando Mejía saca la cabeza, se filtra a los medios de prensa la situación de los invernaderos y se debaten situaciones que involucran a familiares y colaboradores cercanos. Hoy estos hechos están acallados, y nadie presento una querella formal ante el Departamento de Prevención de la Corrupción Administrativa.

Definitivamente, hay que decirlo: el enfrentamiento Poder Ejecutivo y Poder Legislativo puede parecer un ejercicio democrático, pero en sus consecuencias terminará siendo una escaramuza que garantizará la impunidad para los del anterior gobierno. Cuando hay impunidad para los anteriores se estimula las acciones corruptas de los actuales, que no desean quedarse atrás. Usted amigo o amiga que lee esto tiene un gran poder llamado voto, déle buen uso en el futuro, o simplemente nos iremos a la misma porra.
El Caribe
y Clave Digital
8 de marzo 2005

La privatización del salitre y el derecho al ocio

Necesitamos tener la mente fresca, en el caso de los que trabajan con el cerebro, y los músculos relajados y dispuestos a la faena en el caso de quienes hacen labores manuales. Pero, la ciudad, el país completo en ocasiones, es contrario al sosiego. Hay que plantearse seriamente la defensa del derecho a lo lúdico. No desdeñemos el ocio. Debemos verlo como una forma de cargar las baterías para poder enfrentar los retos colectivos y personales con más fuerza y firmeza de carácter.

¿Acaso no hay derecho a que un domingo de aguacero uno pase el día yendo de la cama a la cocina, libro en sobaco o trago en mano? Ay, pero cuánto cuesta meterle el pico a un buen libro.

Quienes confeccionan los impuestos parecen creer que los textos son artículos suntuarios. En un país de escaso hábito de lectura, se desincentiva el placer de un buen libro. Ni qué decir del aumento de las bebidas espirituosas, que bien usadas nos dan el solaz necesario para olvidar la basura que atosiga la ciudad.La reducción de los salarios reales, y todas esas cuestiones monetarias que uno cree que no afectan la economía del placer, pero que sí lo hacen porque para esto y todo lo demás no hay tarjeta ni préstamos rápidos, los bancos prestan para cosas serias y a tasas de intereses inaccesibles. Olvidemos libros y tragos, que alguien dirá que esas son veleidades “pequeñoburguesas”. Veamos televisión que es barato casi gratis. Pero no. Si como a mí, a usted le gusta ver películas, está frito. Olvídese del entretenimiento bueno, económico y asequible porque lo primero que necesitará son los servicios de una compañía de cable, que no está a chele, ya que encontrar buenas películas en la televisión nacional a la hora que usted dispone para verlas le resultará difícil. ¿Frivolidades de clase media otra vez? ¿Será que en la nación sólo las clases altas y medias tienen derecho al goce?

Si no tiene cable sólo le queda divertirse con la gran cantidad de cómicos que aparentan ser gente seria y dicen cualquier barbaridad sobre cualquier tema que desconocen y hacen enjundiosas entrevistas que resultan tragicómicas. Ah, pero si es un dichoso clase media y tiene cable y en el cable encuentra una buena película, o un excelente programa en uno de esos canales de Historia, es probable que la energía eléctrica, sin aviso previo, le dice adiós en el momento más interesante o se daña no sabe usted que fuente del telecable que para colmo es el único que tiene servicio en su barrio y su atención al cliente compite en ineficiencia con las peores o el cable no tiene generador propio o a su inversor se le acaba el agua.
Dios mío, ¿se han puesto a pensar en cuántas cosas hay que estar pendiente hoy en día para poder divertirse unos minutos? Para lograr unos momentos de ocio y paz hay que trabajar demasiado, a menos que usted tenga no se cuantos empleados a sus servicios que hagan las cosas por usted.

Quizás lo que hay que hacer es ver los programas de humor y ciencia-ficción, sí, esos programas de la mañana, la tarde y la noche –están a todas horas- en los que unos políticos parlotean de la situación que usted vive y sueltan una cháchara sobre una cosa esotérica y misteriosa llamada economía, según la cual cuando un arcano llamado macroeconomía se mantenga bien estable, el “boroneo” hacia la microeconomía provocará que los pobres también tengan todo el derecho del mundo al ocio, a ver una buena película, a tomarse unos tragos con quien les venga en ganas y donde deseen e incluso a leer libros.

En fin, ya que en el hogar no hay ambiente para el placer, podría uno salir a la calle tras alguna deliciosa actividad al aire libre, gratis, porque el cine, cenar fuera, ir a bailar son cosas prohibidas, lamentablemente. Por lo tanto, en lo que ese “socialismo neoliberal” que proclaman los economistas que economizan lo suficiente para divertirse llega hay que disfrutar de la quietud del mar cuando se mira desde el malecón porque pronto una isla nos privatizará hasta el salitre.

Ramón Tejada Holguín
Clave Digital,
22 de febrero 2005

De Fraudes, economistas que no forman equipos y declaraciones que deben ser economizadas

Julio Ortega Tous, presidente del Consejo de Asesores Económicos del Gobierno, negó que la “quiebra” de tres bancos haya tenido que ver con la crisis económica y agrego: "nosotros tuvimos que aclarar que realmente la crisis bancaria fue el resultado de una política económica y una práctica de gestión que se vinieron incubando en los dos años anteriores".

Leí la declaración una y otra vez, con cierto estupor. Busqué otras fuentes para saber si efectivamente tal habían sido sus declaraciones, todas la confirmaron. Hasta las palabras que usó el Presidente de Asesores Económicos me aturdieron. Habló de “quiebra de bancos” y “crisis bancarias” y no de “fraudes bancarios”. Ni quiebra, ni crisis implican responsabilidades penales, mientras que cuando hay fraudes, hay culpables a los cuales hay que someter a la justicia.
Siempre se dijo que existía la posibilidad de que las personas responsables de los fraudes bancarios fueran enjuiciadas porque los organismos internacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) presionaban al gobierno para que lo hicieran. Pero Ortega acaba de decir que el equipo económico les aclaró a estos organismos que no hubo fraudes bancarios sino que a consecuencia de una crisis económica algunos bancos colapsaron y se fueron a la quiebra.

O sea que los bancos quebrados no tienen cuota de responsabilidad en la crisis económica, ni los banqueros son responsables de lo ocurrido con sus bancos. Varias preguntas me asaltaron, así como me sentí asaltado por los culpables de los fraudes bancarios: ¿No habrá presión internacional para juzgar a los culpables de los fraudes? Sí, escribí fraudes bancarios ¿Significan estas declaraciones que “el equipo económico” nos lleva pá lante camino hacia la impunidad?
No sé bien a cuáles organismos internacionales se refería el presidente del Consejo de Asesores Económicos del Gobierno, pero parece que al menos uno llamado Fondo Monetario Internacional –FMI- no pudo ser convencido por la sapiencia de los economistas (¿se deberían economizar sus palabras?) que asesoran al gobierno.

El 1 de febrero del 2005 el FMI distribuyó una nota de prensa sobre la firma del acuerdo con la República Dominicana. Hay una parte donde se dice que "la República Dominicana está emergiendo de una crisis económica causada por el descubrimiento de un fraude en el sector bancario en 2003-2004". O sea que si bien el gobierno intentó convencer a los organismos internacionales de que "las quiebras" de los bancos, o la Crisis bancaria fue causada por el gobierno anterior y fueron consecuencias de la crisis y no factores causales, el FMI piensa que "los fraudes" bancarios fueron las principales causas de la crisis.

La nota está en inglés y dice textualmente: "The Dominican Republic is emerging from the economic crisis caused by the uncovering of a banking sector fraud in 2003-04. This, together with the failure to implement key elements of the Fund-supported program, had undermined confidence and set off a vicious circle of economic deterioration" ( Ver la nota completa en : http://www.imf.org/external/np/sec/pr/2005/pr0518.htm ) Parece el presidente del Consejo de Asesores Económicos del Gobierno tampoco pudo convencer a todos los miembros del equipo económico, ya que según declaraciones del Superintendente de Bancos, Rafael Camilo, “el colapso de los bancos en los años 2003 y 2004 se debió a fraudes, pero la administración trabaja para establecer un sistema de supervisión para evitar que esto vuelva a ocurrir” (Periódico Hoy, viernes 4 de febrero: http://www.hoy.com.do/app/article.aspx?id=35761).

Eso es reconfortante y preocupante a la vez. Reconforta saber que el Superintendente de Bancos estás consciente de la necesidad que hay de impedir que un hecho como ese vuelva a ocurrir. Preocupa saber que hay indicios de que el “equipo económico” del gobierno se encuentra dividido en estas cuestiones. Uno de los factores que contribuyó a agudizar las consecuencias de la crisis en la República Dominicana, según mi humilde parecer, fue la inexistencia de un equipo económico articulado, trabajando con una sola meta y un solo norte.

El desorden económico del gobierno de Hipólito Mejía se relaciona mucho con estos hechos. ¿No aprendimos la lección? ¿No sabemos lo necesario de tener un equipo económico que habla con una sola voz, que trabaja como una maquinaria engrasada y cuyas contradicciones no deben ser ventiladas en público?

Pero, retornando al tema que nos ocupa y reconociendo que no soy una persona tan ducha como el Presidente de Asesores Económicos en esos asuntos de la economía pregunto: 55 mil millones de pesos usados por las autoridades pasadas para “salvar” a los ahorrantes del BANINTER, más del 80% de los cuales eran grandes ahorrantes, ¿no tuvieron que ver con la crisis económica? 23 mil millones que costó el caso BANCREDITO, ¿no tienen que ver con la crisis económica? La chilata de más de 7 mil millones del MERCANTIL, ¿no tiene que ver con la crisis económica?

Como lego creo que los fraudes bancarios por sí sólo no explican la magnitud de la crisis económica. Otros factores contribuyeron a ella y algunos de esos factores pueden ser asumidos como responsabilidad del gobierno de Hipólito Mejía. La inversión que hizo para lograr controlar el Congreso Nacional y así modificar la Constitución, la irresponsabilidad en el uso del erario, el endeudamiento externo, la corrupción, la ausencia de un equipo económico bien articulado, el clientelismo y el rentismo, son elementos a tomar en cuenta.

Pero, indudablemente que los fraudes bancarios jugaron un papel de primer orden en el agravamiento de la crisis económica. Los informes elaborados por el FMI sobre los casos de los fraudes bancarios sugieren que las autoridades no ejercieron correctamente su labor de regulación y supervisión de las entidades financieras. Pedimos castigo ejemplar para los culpables de los fraudes bancarios y sus cómplices. Tanto para los funcionarios públicos que se hicieron de la vista gorda, como para los banqueros que engordaron sus bolsillos.

Ramón Tejada Holguín
Clave Digital
08/febrero/2005

Inseguridad Ciudadana

La sensación de inseguridad que experimenta la ciudadanía amenaza la calidad de la democracia. Directores de medios y representantes de otros sectores han llegado a justificar el uso indiscriminado de la violencia de parte de la policía, las ejecuciones sumarias, los linchamientos, la violación a los derechos de las personas y las cortapisas a la libertad de transito de la ciudadanía residente en los barrios pobres. Argumentan que la delincuencia debe ser combatida con mano dura, y reclaman castigos más drásticos. La experiencia histórica y el análisis de lo que ocurre en otros países han demostrado que el endurecimiento de las penas no ha detenido la incidencia de la criminalidad en ninguna parte del mundo.

Uno de los problemas es que se combate lo que se desconoce. No se está observando las características de la delincuencia, la criminalidad y la violencia para buscar la forma más idónea de combatirlas, se actúa con prejuicio. La policía y ciertos sectores de la clase media, la alta y sus representantes tienen un perfil del delincuente que coincide con el perfil de los pobres. De ellos dicen que debemos cuidarnos. Un pobre caminando por los barrios de ricos a ciertas horas es proclive a ser victima de la policía o a ser visto con temor. Esa visión tan simplista de la delincuencia no ayuda al desarrollo de estrategias viables para su combate.

Hay que asumir la labor de luchar contra el crimen con las herramientas que la criminología y las ciencias de las conductas sociales nos ofrecen. Si se estudia el fenómeno, se verá que las acciones necesarias para enfrentar un problema de tal magnitud no son sólo de corte policial, represivo o de la justicia, el problema va más allá. Pensemos en el caso de las enfermedades, ¿es posible administrar una buena medicina si se carece del diagnostico acertado de la enfermedad? Lo mismo aplica al problema social que nos atañe, si se desconocer las causas de la criminalidad, la delincuencia y la violencia las armas usadas serán de seguro ineficaces.

La criminalidad y la violencia no flotan en el aire, no nacen por generación espontánea. Las ciencias sociales son una excelente herramientas para la búsqueda de sus raíces profundas. Robert K. Merton, por ejemplo, ha intentado establecer elementos de continuidad entre una teoría como la funcionalista, que enfatiza el consenso como elemento definitorio de lo social, y el marxismo, que asume el conflicto como lo definitorio. En el contexto de dicho intento analizó el concepto de anomia, el cual brinda un marco muy interesante para el análisis de la delincuencia, la criminalidad y la violencia.

Según Merton, en las sociedades modernas la anomia es causada por la desconexión entre "la estructura reguladora de la sociedad (las 'normas institucionalizadas') y los objetivos culturales de la sociedad". Es decir, si la sociedad crea cierta definición del bienestar y del éxito, los cuales se miden en función de la disponibilidad de bienes materiales, especialmente suntuarios, de las personas, tales como carros de lujo, ir a los lugares más caros, usar ropa de diseñadores renombrados, pero no ofrece los medios institucionalizados para lograrlos ese bienestar y ese éxito, las personas darán poca importancia los medios y mayor importancia al bienestar y al éxito económico. Es decir hay que tener dinero y éxito a toda costa, haciendo lo que sea, ese es el mensaje de una sociedad con esas características. Resumiendo: si se coloca más el acento en el éxito económico y menos en lograr ese éxito por medios aceptados y legales, las probabilidades de comportamientos criminales, delincuenciales y corruptos para llegar a ese éxito aumentan. Sí, la ciudadanía "inventará" medios para llegar al éxito, esto es, podrá utilizar vías no legales, tales como el crimen, entre el que destaca la venta de drogas, o la corrupción política.

El nivel y tipo de criminalidad y delincuencia de una sociedad hablan de las características de ella. La delincuencia, la criminalidad y la violencia tienen raíces sociales profundas, relacionadas entre otros aspectos a la exclusión, la desigualdad y falta de oportunidades. La democracia, se supone, parte del reconocimiento de la existencia de grupos disímiles, y debe definirse como la creación de un ambiente que permita que los seres humanos desarrollen sus capacidades al máximo.

En ese sentido, las formas de combatir la criminalidad, la delincuencia y la violencia deben partir de una teoría sobre sus causas profundas, sus complejas causas sociales, económicas e incluso sicológicas. Como se puede ver, hacer más seguras las calles, reducir la delincuencia y el temor a ella, no es sólo un accionar de corte represivo, policial o exclusivo de la justicia. Es más compleja la solución del problema, como múltiples y profundas son sus raíces.

Ramón Tejada Holguin
El Caribe
27/enero/2005

Dos anécdotas reveladoras

Tres jovencitas se practican el sexo oral unas a otras mientras el público enardecido las estimula y sugiere posiciones extravagantes. Ellas son la imagen del espejo para el gentío que las aguijonea para que hagan lo que ellos quisieran hacer y no se atreven. Al menos no en público, porque en el ámbito de lo privado la búsqueda del placer carece de limites y no es alcanzado por la gazmoñería de quienes son capaces de lo inimaginable cuando no son vistos o vistas. A las chicas se le apresa y se les castigará de seguro. Pero, el gentío no fue investigado, ni al Ministerio Público le interesa saber la razón del morbo colectivo que se apoderó de la juventud que frecuenta la Lincoln.

Hay algarabía y el erotismo está por doquier. El chofer del vehículo de lujo, según unas de las crónicas publicadas dice: “ellas son quienes quieren ser” y se mantiene incólume ante el espectáculo. ¿Quiere decir que el sexo define a estas jóvenes? Se equivoca. Ellas son quienes las masas que las aplauden quieren que ellas sean y la pornografía muestra tal como son a todas las personas participantes. Esa masa de la Lincoln pide circo, porque el pan lo tiene seguro. Las jovencitas y su venerable público han sido construidos por los adultos y las adultas; son sus hechuras en más de un sentido.

La faena se realiza en una de las vías frecuentadas por la prole de la élite económica y social. Quizás ellas son trabajadoras sexuales contratadas por el dueño del vehículo que lo tiene todo y busca emociones fuertes y nuevas, o son adolescentes de los barrios pobres que han aprendido a vivir de lo único que tienen y es deseado por los riquitos que en otros espacios las despreciarían: sus cuerpos. La acción se efectúa para el esparcimiento de un sector de la sociedad dominicana crecido en la opulencia y la insensibilidad social.

¿Y si estas chicas son las mejores metáforas de los políticos y las políticas del país? La multitud que las aclama sería la imagen de esa parte del empresariado dominicano que controla el sistema político. Sí, ellas se desnudan, se muestran como son, dan riendas sueltas a sus deseos, para que la muchedumbre bien vestida se sienta decente, pero al mismo tiempo disfrute del espectáculo, e incluso lo provoque, lo desee. La concurrencia se regocija, se sabe dueña de la Lincoln, así como sectores del empresariado se saben dueños de la República y disfrutan el “striptease” político. Sexo y poder. Ellas muestran sus apetitos sexuales para regodeo de un público que se siente superior, los políticos muestran sus apetitos de poder para burla de una elite económica que sabe que tiene la sartén por el mango.

¿Debemos escandalizarnos, sentirnos asqueados? ¿No es esto tan terrible como la evasión de impuesto, el lavado de dinero, la crisis bancaria o la compra de congresistas y políticos para que legislen a favor de unos cuantos? ¿Hay continuidad entre las acciones de los padres y madres a nivel del país y las de los hijos e hijas a nivel de la Lincoln? Una sociedad hipócrita condena a quienes la reflejan tal cual es porque teme a su propia imagen, porque esa imagen puede decirle que no es quién cree que es. Es complejo el asunto y la censura moral no es suficiente para saber qué pasa en la nación.

¿Dije la nación? Otro hecho, también protagonizado por jóvenes, juventud divino tesoro, es reflejo de una República Dominicana diferente a la de la Lincoln: la de los excluidos. En el barrio hay banderas para enterrar a “Cowboy”, el protector de los débiles. Defensor de los indefensos.

Paradójicamente, entre los excluidos la Bandera es todavía un símbolo importante, que se respeta; por eso entierran al que creen que es su héroe con ella. Préstele atención a la anécdota, para la gente Niño Cowboy no es un delincuente común, es una suerte de Robin Hoop postmoderno, que defiende el barrio de los desmanes de la autoridad y las bandas rivales.
El territorio del barrio es diferente al de la Lincoln, el espectáculo es distinto, también. Pero, pertenecen al mismo sistema de partículas, ambos conforma las tendencias hacia la que se mueve la República Dominicana. En la Lincoln se trata del placer, de hacer en público lo que se permite en privado. En el barrio se trata de sobrevivir. En la Lincoln la autoridad es invisible y discreta, debe proteger, no interrumpir, la diversión de los cachorros y las cachorras de la elite, sólo aparece cuando no hay velo tras el cual esconder los hechos. En los barrios pobres la autoridad es temida, su presencia significa posibilidad de abuso y es casi ubicua. En el barrio a Niño Cowboy se le respeta y se le da lo que le corresponde porque sustituye a esa autoridad protectora.

Otro símbolo ambiguo tenemos aquí. Mientras en la Lincoln quienes tienen todo buscan emociones fuertes, en el barrio quienes se sienten excluidos, quienes parecen ser invisibles para la política social, quienes no existen para las clases altas, irrumpen en el espacio público con violencia, queriendo hacerse visibles, queriendo ser parte de la sociedad que los excluye.
Ese funeral es el reflejo de otro mundo que coexiste con el oropel de quienes llevan el placer encima de un auto de lujo. Eso sí, ambos mundo están más conectado de lo que parece. Uno da placer al otro, ¿cuál es cuál?

El funeral es la manera que esa otra juventud distinta a los espectadores y espectadoras de la Lincoln usa para hacerse notar, para ser tomada en cuenta. Es que a esa gente excluida, la de los barrios, se les ha esquilmado el goce y las oportunidades de desarrollar sus capacidades al máximo, por lo que irrumpen en la vía pública diciendo existimos, somos dominicanos y dominicanas, respetamos nuestros símbolos, queremos ser parte del engranaje. Pero, en la Lincoln no hay banderas y si las hay, búsquenlas con barras y estrellas pegadas en las defensas de los automóviles de lujo.

Las dos anécdotas dan para conocer nuestro futuro, sí nuestro futuro como nación. Dos extremos que son símbolo de las dos juventudes, la opulenta y la pobre, que construirán la sociedad del mañana. Hay quienes se lavan las manos, ¿y usted?

Ramón Tejada Holguín
El Caribe
20/enero/2005

Las primarias de la discordia

Para debatir las ideas no hay que insultar, tampoco decir que las personas que piensan diferente a uno son ingenuas y manipuladas por sectores conservadores con inconfesables intenciones. Antes de lanzarse con ímpetu y energía apabullante hay que fajarse a estudiar las ideas del otro y la otra, digerirlas, entenderlas y luego enfrentarlas en el mismo terreno de las ideas. Argumentos contra argumentos. La gran batalla del pensamiento y la inteligencia. No hay que traer a colación el árbol genealógico de nadie para decir que no tiene razón.

Quizás con este artículo me estoy convirtiendo en carne para la diatriba. Acepto el riesgo, con responsabilidad y estoicismo, hasta cierto punto, con un dejo de diversión. Así que os digo mi opinión: la Ley de Primarias, tal y como ha sido promulgada no contribuirá al fortalecimiento de los partidos, por el contrario, acentuará más sus debilidades, lo que reducirá la eficacia del sistema partidario como sostén de la democracia. Digo que tal como fue promulgada la ley de primarias, porque creo que la mejor forma de elegir las candidaturas es el método de las primarias, pero organizadas por los propios partidos, a través de métodos democráticos y reglas aceptadas por las militancias partidarias.

Está opinión se basa en el siguiente análisis.

En primer lugar debemos conocer los antecedentes internacionales de dicha ley. ¿Es cierto que como ha dicho uno de sus más connotados defensores estamos con esto emulando a los Estados Unidos? Falso, allí las primarias la organizan los mismos partidos, allí las primarias surgieron como una necesidad del partidismo, allí las primarias se forjaron junto a la democracia. Pero, además, allí hay una cultura política distinta a la nuestra y el partidismo no tiene los mismos problemas que aquí tenemos.

Otro lugar mencionado como ejemplo es Uruguay. A mediados de diciembre el presidente de la JCE Luis Arias, recibió una comisión del Centro de Asesoría y Promoción Electoral –Capel- que estuvo integrada por los señores José Thompson, director ejecutivo y Ricardo Valverde, oficial de programas del Instituto Internacional de Derechos Humanos –IIDH-, sobre esta visita Arias dijo: ‘‘Ellos están conscientes de la que las Primarias constituyen un riesgo para la Junta Central Electoral, que vayamos madurando las implicaciones que eso tiene porque no hay ningún país que tenga esa experiencia como queremos nosotros hacerlo y nos hablaron del caso de Uruguay que es un país distinto donde hay menos partidos políticos y que también allá el tribunal tuvo problemas con las primarias’’ (Listín Diario, 17 de Diciembre del 2004. Sección La República)

¿Por qué dije que reducirá la eficacia del sistema partidario? La democracia dentro de los partidos no se puede decretar, no se puede imponer. Debe ser una construcción de las propias militancias partidarias. La democracia se construye con el trabajo cotidiano de la misma, no en momentos puramente electorales y en la lucha por las candidaturas. La Ley de Primaria sólo desea “democratizar” un aspecto de los partidos: la elección de las candidaturas a los cargos electivos. Pero, el problema de los partidos en el país es más profundo que la elección de sus candidaturas, por lo tanto esta ley no basta para hacer más o menos democrático un partido.

A pesar de las buenas intenciones de algunos de quienes la concibieron y de quienes la defienden, la Ley de Primarias incentiva la haraganería y el secuestro de la voluntad de la mayoría a lo interno de los partidos de parte de las mismas elites que ahora tienen el poder. No le quita a las elites partidarias la potestad de influir en las elecciones para las candidaturas, al contrario les ofrece un barniz democrático a sus decisiones ¿Quiénes decidirán las candidaturas que irán a las primarias para optar por la candidatura? Las mismas elites. ¿Acaso los partidos harán una primarias internas para elegir las candidaturas que optarán por las candidaturas y que luego serán colocadas en las boletas que irán a las primarias de la JCE? No, no es un trabalenguas, es que las elites seguirán teniendo la sartén por el mango. En caso de que se hagan primarias internas democráticas para elegir a quienes participarán en las primarias públicas organizadas por la JCE, entonces hay duplicación de esfuerzos y gasto innecesario de energías.

Los argumentos de quienes tienen buenas intenciones es que la ley ayuda a la creación de de un nuevo liderazgo dentro de los partidos, más democrático y cercano a las personas. Yo creo en la necesidad de ese liderazgo, pero la ley no ayuda para nada. La ley es el intento de un liderazgo que se siente incapaz de relevar al liderazgo actual dentro del partido y lo quiere derrotar librando la lucha fuera del partido. Es un error, porque librando la lucha fuera del partido debilita al partido y deja intacto el poder de las elites partidarias, como vimos más arriba. Ese nuevo liderazgo debe ganarse dentro del partidismo existente o en la construcción de un nuevo partido. No debe decretarse, es batallando a lo interno, definiendo un programa y una visión colectiva del partido. La ley de primaria coloca el acento en el candidato o candidata, lo que contribuye con el individualismo y la construcción de liderazgos personales y no colectivos, partidarios.

¿De qué manera estimulará el individualismo y colocará el acento en el candidato y no en el partido? La Ley tal como fue promulgada es confusa, pero es claro que para votar por la candidatura dentro de un partido no hay que ser miembro de ese partido, cualquiera que esté en el padrón electoral puede votar en cualquier partido. El problema de la Ley, por lo tanto no es sólo la dificultad de su aplicación y lo efectivamente costoso que resultará para el Estado y por lo tanto para quienes pagamos impuestos. Además la constitución de la República es clara de hablar de la libertad de asociación, y la ley la vulnera puesto que quiere obligar a los partidos a elegir sus candidaturas de una manera en específico y sólo de una manera. Hay que admitir que quienes pertenecen a una organización política tienen el derecho de ponerse se acuerdo sobre la forma de elegir sus candidatos y sólo los miembros activos deben tener el derecho a votar por esas futuras candidaturas.

La ley permite la ingerencia externa en el seno de los partidos, lo cual en vez de ayudar a su proceso de institucionalización provoca tendencias implosivas y explosivas, ya la gente no tendrá que competir a lo interno del partido sino a lo externo. Eso debilita el partidismo, ya que la competencia entre los candidatos se hace frente a toda la población y no frente a la militancia.
Finalmente, esta ley le da demasiado poder a la JCE, las luchas internas de los partidos se trasladarán a lucha contra la JCE, la que en un tiempo acelerado deberá decidir sobre las múltiples querellas tradicionales en toda elección partidarias. Pero además presenta otro problema, la JCE electoral es elegida por el Senado de la República, y con la Ley de Primarias la JCE tendrá muchas influencias en la elección de las candidaturas a senadores o senadoras dentro de los partidos… ¿Me explico? Esta Ley puede ayudar a tener miembros vitalicios de la JCE.

Nota: una versión reducida de este artículo se publicó en El Caribe el 13 de Enero del 2005, con el titulo “¿Decretar la democracia?

Clave Digital,
18/enero/2005

Los perros hueveros de la política criolla

A los perros hueveros les queman el hocico y siguen comiendo huevos. Como si ser hueveros formara parte de sus almas perrunas. El refrán se usa para decir que hay gente cuya tozudez los lleva a repetir los mismos errores, o como indicador de que hay conductas, generalmente negativas, que son difíciles de cambiar.

Esta sentencia no me agrada, porque creo en la humanidad y pienso que cada hombre y cada mujer es capaz de modificar su comportamiento, de eliminar eso que en el campo llaman "malas mañas". Aunque a veces me rindo ante las evidencias, en especial cuando pienso en algunos congresistas dominicanos. Volviendo al tema de los perros hueveros, creo que hay que tomar en cuenta otro aspecto: ellos están supuestos a cuidar a las gallinas y lo que hacen es robarles sus huevos y no dejan que los empollen evitando así el nacimiento de hermosos gallitos quiquiriquís. A veces pienso que algunos congresistas son como los canes amantes de los huevos y en vez de vigilar lo que se pone a su cuidado lo usan para beneficio propio e insisten en las mismas mañas no santas. ¿Será que la humanidad puede redimirse, pero hay políticos y congresistas que están hechos de otra materia?

Cambiando un poco, sólo un poco de tema. A principios de la semana pasada el vicepresidente del Senado, doctor César Matías, y los senadores perredeístas Pedro Antonio Luna y Enrique Seijas, dijeron que las elecciones congresuales y municipales y las presidenciales debían unificarse porque "la celebración de elecciones cada dos años perjudica la economía y el desarrollo nacional".

El argumento está más gastado que los jeans de un adolescente. Es el mismo que se ha usado desde que en el 1994 se hizo la separación de las elecciones. Pero, además es baladí, carente de fundamento y desmentido por los propios congresistas. ¿No pensaron en el costo de las elecciones cuando en el Senado votaron a favor de la Ley de Primarias de los partidos? Si se aplicara el adefesio de Ley de Primarias, estas resultarían mucho más onerosas que cualquiera de las elecciones presidenciales o las congresionales y municipales. Es decir, que con la aprobación de dicha ley elevan a más del doble el costo de cada elección y someten a la nación a mítines y campañas por más tiempo, y ahora quieren hacer las elecciones juntas porque dizque resultan costosas. Me daría un ataque de risa si no fuera por lo patético de la propuesta, y la seriedad con que los congresistas del PRD plantearon el asunto.

Vamos a pensar por un momento que el argumento del costo de las elecciones es el que sinceramente les interesa a los señores senadores mencionados. Hay otras maneras de reducir el costo de las elecciones, sin reformar la Constitución. Por ejemplo, revisando la ley de primarias, dando a la JCE la facultad de supervisarlas y de ser tribunal que vele por el cumplimiento de los estatutos de los propios partidos, y que los mismos partidos organicen sus primarias.

Las elecciones congresionales, municipales y presidenciales son costosas porque los partidos políticos y sus candidaturas no respetan la ley electoral y rechazan todo tipo de reglamentación que abarate el coste de las mismas.

Si se regulara el uso de la televisión y la radio para que quienes sean candidatos o candidatas tengan tiempos similares en el aire para sus spots y no se deba gastar tanto en este renglón y si se respetaran los tiempos estipulados en las leyes para iniciar las campañas se dejaría de gastar más de lo debido y no se seguiría sometiéndonos a costosos precampañas y campañas extenuantes.

Si se deja de contaminar las ciudades con caros y ruidosos camiones provistos de enormes altoparlantes vociferando consignas inaudibles, si se dejara de invertir en filtros computarizados para vendernos candidatos cual si fueran estrellas de cines sin arrugas, con ficticias sonrisas las elecciones fueran más baratas y tranquilas.

En fin que los responsables de hacer los procesos electorales caros son quienes irrespetan la ley electoral y la JCE que no hace cumplir las leyes electorales.

Ya se ha hecho una tradición que cada año para estas fechas algunos y algunas congresistas planteen que se unan las elecciones y se aumente el periodo constitucional actual, para quedarse dos años más sin necesidad de ir a elecciones. Y casi siempre es por las mismas razones: el temor de perder. En el caso actual, ¿esta posición se relaciona al hecho de que el partido de estos senadores perdió en las presidenciales y ellos temen correr la misma suerte? Para no tener que volver al tema de los perros hueveros, le pido que lea el primer párrafo de nuevo. Gracias

Ramón Tejada Holguin
El Caribe
05/enero/2005

Sobre el Metro, el olor a yaniqueque frito y yo

Como dicen en México, me pelo por subirme a un Metro. Me fascina el del Distrito Federal. Algunos fines de semanas, en mis años de estudiante insolvente, lo tomaba con la sola intención de conocer estaciones, ora me dirigía a alguna de la que me habían hablado porque tenía un mural de tal pintor, ora a una en la que había un joven que guitarra en mano entonaba canciones de las que brotaban la mejor tradición del albur mexicano, ora simplemente vagaba con la esperanza de ser el Colón de una estación exquisita.

Cada estación tiene sus características, diría casi personales. Las hay acogedoras, intelectuales, tumultuosas, divertidas y asaz plásticas. En “Baldera” había un puesto de quesadillas, que de sólo recordarlo la nostalgia sacude todas mis papilas gustativas y el agua invade mi boca. A la salida de Copilco, en Eje Diez, hay un busto de Pedro Henríquez Ureña, estuve allá cuando se desveló. La estación “La Raza” es como un gran planetario con su “Sala de Conexión Espacial” y sus “Hologramas”. No recuerdo si era en “Auditorio” o “Bellas Artes” que se exhibían fotografías y maquetas de casi todos los metros del mundo.

Soy fanático de los Metros, pues, y no lo niego, como otros lo son de un equipo de pelota o un partido político. Sí, me pelo por subirme a un tren subterráneo y conocer sus paradas. Conozco el de varios países, pero sigo encantado por el del Distrito Federal. Quizás porque allá pasé dos años de becario feliz pero precario, o porque algunas veces con Julián, Raydel, Vladi, Gilliana, Rita y Jhon Jairo andaba vaya usted a saber por cuantas estaciones emocionales, sobre todo algunos de esos jueves de maravilla. Admito, pues, que por nostalgia personal, fascinación artística y razones culinarias soy proclive a defender la idea de construir un Metro en nuestro país, empezando por el Gran Santo Domingo de Guzmán. Especialmente cuando veo que uno de los graves problemas del transporte es la forma mafiosa en que se manejan gran parte de las rutas en las cuales la libertad de transito y negocio han desaparecido. Las paradas de las guaguas y carros públicos son campos de batalla entre “guagueros”, chóferes del concho, pasajero y vehículos privados.

Eso sí, estoy de acuerdo con que debemos ver su construcción a la luz de la realidad dominicana, de la situación económica, social y las prioridades nacionales. Cuando uno lo piensa desde esa óptica el sueño de estaciones de Metro con espacio para el arte se desvanece y da paso a la cruda realidad. Este sistema de transporte resulta oneroso para el gobierno del Distrito Federal, el precio del pasaje es de apenas dos pesos mexicanos (unos 6 pesos dominicanos), pero el costo real es de alrededor de 6 pesos mexicanos (unos 18 pesos dominicanos -a precios de 2005, época en que se escribió este artículo-). El subsidio del Metro es de más del doble de lo que se recauda por concepto de pasaje. Estamos hablando de una ciudad en la cual la energía eléctrica es una de las más baratas del mundo, el país al que pertenece es productor de petróleo y tiene diez veces la población de Santo Domingo de Guzman. Si tiene diez veces la población de Santo Domingo significa que el transporte masivo puede ser más rentable, debido hay que hay una mayor demanda.

En ese sentido hay unos datos que me parecen extraños. El presidente de la Oficina del Metro dice que a un precio de entre 5 y 10 pesos, en un país sin petróleo, en el que no hay energía suficiente para las casas y las industrias, que los apagones están a la orden del día, en el que el precio de los kilovatios es casi el doble de México el Metro será rentable. Lo interesante es que según su promotor tendrá la capacidad para transportar 45 mil personas por hora, eso en un solo sentido. En “Indios Verdes”, que es la estación de mayor afluencia de pasajeros en el Distrito Federal y es uno de los extremos de la línea que tiene su otro extremo en la Universidad Autónoma de México (UNAM), entre enero y noviembre del 2004 la afluencia diaria en ambos sentidos fue de 150 mil 909 personas. El Metro de México trabaja 19 horas por lo tanto el flujo promedio por hora en dicha estación es de 7 mil 943 personas. ¿Necesitamos realmente nosotros la capacidad de transporta 45 mil personas por hora en un sentido, en un solo corredor, que si sumamos los dos sentidos podemos decir 90 mil por hora en ambos sentidos?. Insisto en ciudad México hay 10 veces la población del Distrito Nacional y la provincia de Santo Domingo juntos. Por lo que las cifras sobre la capacidad del Metro en Dominicana por lo menos pueden ser calificadas de pretenciosas.

Creo que es obvio que me convencieron quienes dicen que la construcción de un Metro en Santo Domingo de Guzmán no es urgente por lo que no se debe continuar la espiral de endeudamiento del pasado gobierno para invertir en ella. Hay otras prioridades en el plano de la educación, la salud y la vivienda. El propio PLD nos dijo durante la campaña recién pasada que no era cierto que todavía teníamos capacidad para endeudarnos, como proclamaban los economistas y congresistas del gobierno de Hipólito Mejía.

También estoy convencido de que no será rentable. Pero no sólo por la experiencia del Metro del Distrito Federal. New York tiene más habitantes que toda la República Dominicana y su Metro es subsidiado por el gobierno de la ciudad y allí el precio es el equivalente a 45 pesos dominicanos. O sea que una ciudad mucho mejor organizada que la nuestra, cuyo Metro es centenario, el mismo no ha logrado dejar beneficios. Ya vimos que en el Distrito Federal tampoco es rentable. Quizás la pregunta sea, ¿para quién será rentable “nuestro” Metro? No sé de economía pero cuestiono: si es una inversión rentable, ¿por qué no la hace el sector privado? Ese sector que según la orientación teórico metodológica e ideológica de la mayoría de los economistas del gobierno es el creador de riqueza, ¿porqué no asume directamente las riendas de construcción del Metro? ¿Hay muchos riesgos? Entonces, ¿cuál es la razón por la que debe el gobierno, con el dinero de los contribuyentes que no evaden impuestos, asumir los riesgos? ¿Cómo puede un gobierno que no tiene para cubrir el costo del Régimen Subsidiado de la Seguridad Social embarcarse en una obra de tal magnitud? El propio Presidente ha insistido en que no hemos dejado atrás la crisis económica sino que estamos camino a la salida. ¿No podría ser el Metro un obstáculo en la carretera?

Hay un aspecto poco tratado por los críticos del Metro, es el político. Creo que la insistencia en su construcción podría tener consecuencias políticas negativas para el PLD y la reelección del Presidente Leonel Fernández (en esto me equivoqué). Muchos sectores favorables a la modernización y gentes de la que hacen opinión pública se han sentido heridos en su sensibilidad política, ya que se ha dicho que se busca consenso sobre el Metro después de que tienen un equipo trabajando hasta con los planos para las excavaciones. Es evidente que no hay la voluntad de buscar consenso, sino que se está tratando de convencer a la gente, lo cual irrita más a los sectores de la sociedad dominicana que tienen capacidad de raciocinio. “Nos están metiendo el Metro por boca y nariz”, me han dicho algunos. La oposición que ha despertado el proyecto no ha detenido los trabajos de la Oficina del Metro. Con el agravante que la gente lo ve como un proyecto del doctor Fernández y la mayoría de los votantes no se beneficiarán del mismo. ¿Se entiende? Un presidente y su partido que aspiran a quedarse en el poder deben pensar en obras que beneficien a la mayoría de los votantes y las votantes y no sólo a la antigua ciudad capital.

De todas maneras, creo que comprendo al presidente, porque a mí también me gustan los metros, como ya dije. Esas limpias y hermosas estaciones, espacio para el arte y la cultura. Sería lindo ver allá abajo a un hombre o una mujer tocando una bachata de despecho con su guitarra al ristre y la cachucha en el suelo esperando por su propina. Imaginen el olor a yaniqueque recién frito saliendo de una estación del Metro de Santo Domingo de Guzmán. Pero, debemos admitir que, de ninguna manera, nuestros deseos y sentido artístico deben imponerse a quienes tienen otras prioridades como educación, salud y vivienda. La insistencia en la construcción del Metro puede erosionar substancialmente la percepción de la figura del Doctor Leonel Fernández, ya que mucha gente percibe que esta obra forma parte de sueños faraónicos y pretensiones de vivir en una burbuja que recrea el mundo desarrollado y deja fuera la realidad de ser un país pobres de innumeras necesidades que deben ser satisfechas antes de montarse en el Metro. Por eso, admito que me convencieron y contra toda mi pasión por los Metros, las estaciones, las manifestaciones artísticas y culinarias que en ellas pueden encontrarse soy de los que se oponen a la construcción de un Metro en la República Dominicana en este año del señor del 2005.

Ramón Tejada Holguín
Clave Digital
15 de febrero 2005

Y dale con el Metro: Preguntas y dudas kilométricas

Los defensores del Metro no han logrado convencerme. Cada nueva andanada de datos y opiniones favorables siembra en mí más preguntas y dudas que certeza y apoyo. En casi seis meses realizaron los estudios pertinentes y necesarios, y dicen tener la capacidad para empezar en cualquier momento. Además, tienen la seguridad absoluta de que es la más barata y viable de las opciones para resolver el caos del transporte en la ciudad. ¿Debemos admirar la rapidez de la Oficina del Metro? ¿Por qué no se presentan quienes estuvieron a cargos los estudios y nos explican la metodología aplicada, la duración de los estudios y las razones por las cuales se descartaron las demás opciones?

En seis meses se analizó todo el flujo de vehículos del Distrito Nacional y Santo Domingo, de este a oeste, de norte a sur, del nordeste al sureste, del sureste al norte etcétera. ¿Se estudiaron los flujos durante las 24 horas del día, como debe ser y durante los siete días de la semana, como debe ser? ¿Se colocaron contadores de vehículo por todos los corredores?, yo no miré ninguno, ni pisé alguno. En seis meses se decidió que el lugar preciso, porque ayudaría a descongestionar la ciudad, sería el corredor de la Máximo Gómez.

En seis meses se dice estar seguro de que el problema del transporte en el país no es el de la gran cantidad de vehículos privados, no es las mafias del transporte, no es la ausencia de corredores de guaguas que ofrezcan un servicio de calidad. En seis meses hemos decidido que esta ciudad necesita un Metro, lo que en otros países ha tomado años, lo hemos hecho en seis meses.

Era de esperarse ese nivel de eficiencia en la administración pública, es una tradición que el sector público dominicano haga las cosas con ese nivel de rapidez y calidad, o ¿no? En seis meses ya hasta decidieron dónde se ubicarán las estaciones y se está hablando con los dueños de los terrenos, y eso que el Senado de la República no ha aprobado préstamo alguno para esta actividad. ¿De cuáles bolsillos o cajas fuertes saldrá el dinero?

Es inevitable que visto el poco tiempo dedicado al estudio uno se pregunte ¿fueron realmente evaluadas bien las otras opciones que podrían ser más económicas? Como por ejemplo el famoso transmilenio de Bogotá, una especie de guagua gigantesca que corren por carriles privilegiados. Talvez se estudiaron antes del 16 de Agosto, porque de lo contrario la oficina administrada por el Ingeniero Diandino Peña se habría llamado Oficina para la Solución del Transporte Masivo (OFISOTRAMA) y no Oficina del Metro de Santo Domingo (OFIMETSANDO). ¿Crónica de un Metro anunciado?

Si se hicieron los estudios antes del 16 de agosto habría que decir que quienes lo estudiaron son gente muy desprendida, porque un estudio de factibilidad como el que se necesita hacer para optar por un Metro cuesta varios millones de pesos. ¿Quiénes hicieron los estudios, de qué países son, cuáles son sus experiencias previas? Y si se descubre que la gente que estudió la opción del Metro son la mismas o están relacionadas a las mismas que desean construirlos, si son de nacionalidad brasileña, ¿podría ser legitimo pensar que esas personas no serían del todo imparciales y estarían predispuestas a decir que el Metro es la mejor opción?

Si partirá de la frontera con Villa Mella y recorrerá el corredor equivalente a la Máximo Gómez, ¿cómo se resolverán los tapones de la 27 de Febrero, de la Kennedy, del Malecón, de la Independencia que van de forma perpendicular a lo que sería el Metro? ¿En 40 años más? ¿No sería mejor, más barato un sistema de autobuses?

Si el problema es el corredor de la Máximo Gómez, ¿por qué permiten que la Universidad Autónoma de Santo Domingo –UASD- mantenga un tramo del posible corredor de la Tiradentes cerrado? ¿Por qué se permiten las paradas informarles de las guaguas? ¿Por qué se permiten los tumultos y aglomeraciones en las paradas?

Uno de los argumentos que se esgrimen para defender el proyecto del Metro es el caos existente en el transporte público y que la gente parece haberse acostumbrado a un transporte ineficiente y caro. Ese elemento, desde mi óptica centimétrica, es el reconocimiento de que se es incapaz de organizar el transporte en la ciudad. Si se reconoce que se ha sido incapaz de organizar las rutas existentes, ¿qué garantías tiene la población de que el caos no será llevado al interior de la tierra?, ¿no sería lo mejor enfrentar las mafias del transporte y organizar la superficie antes de abrir túneles?

Otro aspecto que siembra dudas kilométricas es el problema de las competencias, de las responsabilidades de las instancias estatales. Los sistemas de transporte masivo forman parte de las responsabilidades de las autoridades de las ciudades en la que funcionan, ¿por qué en nuestro país es el Poder Ejecutivo que se involucra en la construcción de un Metro? ¿Por qué no se ha coordinado con los ayuntamientos de los municipios que se verán afectados o beneficiado por el Metro? ¿No sería mejor apoyarlos para que resuelvan el problema del transporte público y el uso de las rutas? ¿Se sabe el costo de las propiedades que será necesario comprar o expropiar y se concertó con sus dueños? ¿Se consultaron las juntas de vecinos, las salas capitulares?

Los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional –FMI- tienen como condicionalidades que se eliminen subsidios como el del Gas Licuado de Petróleo, como el existente a la energía eléctrica y ya nadie niega que el Metro será subsidiado y constituirá una carga para el Estado, ¿por qué mientras se buscan vías para desmontar subsidios, se quieren construir un Metro que demandará un subsidio extraordinario? ¿Será un suicidio político la construcción del Metro?

La Oficina Metropolitana de Servicios de Autobuses –Omsa- es subsidiada e ineficiente. Se podría decir que es un fracaso andante. ¿Se investigaron las causas por las cuales la Omsa es ineficiente? Desde que se creó, en la Omsa influyen o son nombrados como gerentes empresarios del transporte, gente que no puede estar interesada en que el sector público ofrezca un servicio eficiente y más barato que el sector privado, ¿no sería mejor que el Estado deje de poner la Iglesia Católica en manos de Lutero en estas cuestiones del transporte?,¿se entiende?, el sector privado no se va a clavar el cuchillo, así jamás será eficiente, cómodo y barato el transporte manejado por el sector público, porque desde dentro será boicoteado. ¿Se podría repetir la historia con el metro?

No voy aquí a preguntarme sobre las prioridades nacionales. No diré que el gobierno ha destinado en el Presupuesto Nacional lo suficiente para incluir en el Régimen Subsidiado de la Seguridad Social a alrededor de 150 mil personas, cuando más de 2 millones serían los potenciales beneficiarios de los mismos. Con lo que se hace el Metro, podemos solucionar gran parte del problema de la Seguridad Social. Ya sé que me dirán que la Seguridad Social no es rentable, que o lo será en el largo plazo y no se está claro al respeto.

La Seguridad Social permite dar buena salud a los pobres y quizás ellos podrán trabajar mejor, por lo que si se puede decir que la Seguridad Social será rentable en el muy largo plazo. Es claro que un pueblo en salud significa un pueblo más productivo. Pero, al margen de esa observación hay que decir que el Metro tampoco es rentable, es menos rentable, es nada rentable y así lo evidencia el hecho de que el 99% de los metros del mundo son subsidiados. ¿Somos los dominicanos y las dominicanas más eficientes que quienes administran el 99% de los Metros del mundo y podemos ser capaces de construir un Metro rentable?, ¿más rentable que dar salud para la población pobre?

Hay quienes dicen que no importan las preguntas que me haga, el Metro irá, porque así está escrito desde el 16 de Agosto cuando se tomó la decisión de colocar al frente de la Oficina del Metro al ingeniero Diandino Peña, con rango de Secretario de Estado sin cartera, o con el Metro como cartera y responsabilidad. En ese caso, propongo a las organizaciones barriales y populares, a las asociaciones de comerciantes que se verán afectadas, a la Coalición por la Transparencia y la Institucionalidad y el público en general que nos amparemos en el decreto 39-2003 que crea las Comisiones de Auditoria Social y organicemos la Comisión de Auditoria Social del Metro de Santo Domingo, que podría estar presidida por el sacerdote Jorge Cela -lo propongo sin su permiso- estudioso de la problemática urbana, de reconocido compromiso con el ordenamiento urbano de la ciudad y de una impecable trayectoria ética. ¿No les parece bien hacer ese ejercicio de ciudadanía?

Esta comisión deberá, como dice el artículo 6 del decreto 39-2003:

1. “Contribuir con las diferentes instituciones estatales encargadas de dar seguimiento a la correcta inversión de los fondos públicos, para que las obras se construyan conforme a lo planificado y presupuestado y al programa de ejecución o cronograma de la obra”. De esta manera se hará más difícil que el precio se dispare como se dispararon los de otras construcciones similares.

2. “Llevar a cabo visitas de inspección a la obra y registrar las observaciones en el formulario respectivo”.

3. “Verificar la calidad de la construcción de la obra, documentando las fallas técnicas que se detecten”.

4. “Comunicar a la oficina estatal que otorgó la obra o que la realiza, al Departamento de Prevención de la Corrupción Administrativa, a la Fiscalía correspondiente, y a cualquier otra instancia que estime conveniente, las irregularidades técnicas o de administración que detecten en la supervisión de la obra, así como las informaciones o denuncias que en este sentido reciban de parte de la comunidad.”

5. “Integrar un archivo con la documentación generada en la supervisión de la obra”.

6. “Elaborar un informe final al término de la obra y previo al recibimiento formal por parte del gobierno, dando cuenta a la comunidad, a la institución gubernamental responsable, al Departamento de Prevención de la Corrupción, a la Fiscalía correspondiente, al Gobernador provincial, al Ayuntamiento, y a todas las oficinas e instancias interesadas, el resultado de su trabajo de supervisión y vigilancia”.

Hay un reglamento sobre cómo se puede conformar una Comisión de Auditoria Social, el cual se encuentra en la página Web de la procuraduría, en el siguiente enlace: http://www.procuraduria.gov.do/prevencion/publicaciones/comisiones_auditoria_social.htm. Como decía el profesor Juan Bosch: llevemos el gobierno a su propia legalidad.

Ramón Tejada Holguín
Clave Digital
01 de marzo 2005