Hubieres, movimientos sociales y ley de tránsito terrestre

Las actividades vitales que la gente debe realizar en las sociedades actuales son imposibles si en las ciudades no existen formas eficientes para trasladarse de un punto a otro, por ejemplo de la casa al trabajo, a los lugares de ocio y recreación. La ciudadanía necesita de un transporte público o privado eficiente, eficaz y a precio justo. El transporte es un producto de primera necesidad, como los servicios de agua y electricidad, por ejemplo.


El servicio de transporte, debe ser tratado como un bien público y es una responsabilidad estatal regirlo, disponerlo, proveerlo (ya sea por vía pública o privada, o ambas) y garantizar que sea una contribución al bienestar común, a la vida colectiva digna.

Por décadas tanto las rutas, el orden y la calidad del transporte en la República Dominicana estuvieron descuidados, con autoridades sectoriales intentando, precariamente gestionarlos sin éxito, tratando con paliativos un fenómeno enorme y complejo que involucra a la totalidad de la población del país.

El transporte ha sido caótico, agotador, extenuante, insuficiente, precario e inseguro.

Desde que la administración del presidente Danilo Medina asumió la gestión del Estado hubo conciencia de que los esfuerzos que se venían desarrollando con la provisión de servicios de transporte y la ampliación y mejoras de vías eran insuficientes, pero había una base para trabajar. 

Por eso, además de continuar con procesos en curso: el Metro, la OMSA y la inversión en infraestructura, se acometió la tarea de que tuviéramos un marco institucional y regulatorio que nos diera instrumentos de gestión sin los cuales el transporte seguirían siendo caótico e incapaz de satisfacer las necesidades de las personas.

El marco consensuado en la Ley de Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial, 63-17, es precisamente el instrumento imprescindible para que nos dotemos de un sistema que dé respuesta sana a los desafíos de este proceso complejo y enorme.

Se avanza, se ha unificado el criterio del sector, se realizan los estudios de rigor, se ha comenzado a dar orden y a ejercer la autoridad necesaria.
 
Muchos de los involucrados en el sector mostraron desconfianza y resistencia. Pero, fueron convencidos de venir a la mesa de negociación y entender que vamos en transición hacia algo nuevo que será de beneficio para todos.

Unos pocos se resisten a abandonar la forma en que explotan a los usuarios,  en que explotan a sus choferes y en que explotan el espacio público, porque son parte y se han beneficiado del caos en el transporte.

El tránsito y transporte van a cambiar la sociedad dominicana, y el Estado va a organizarlos y gestionarlos sin ceder al chantaje de los que persisten en sostener el calamitoso escenario en que hoy se benefician.

Ya tenemos reglas, se está abordando con rigor y sin demagogia las soluciones y se está fundamentando una autoridad y regulación racionales, dialogantes, sensibles, pero investidas de la jerarquía y el sentido de responsabilidad necesarios para hacer de nuestras calles y avenidas un bien público que había estado secuestrado.

 El transporte será servicio público dirigido al bien común de usuarios y proveedores, con dignidad, con reciprocidad y con responsabilidad. Necesitamos construir en ese sector una conducta colectiva que nos transforme y que exprese los valores de comunidad y solidaridad que son imprescindibles y contra los cuales quieren actuar aquellos que siempre encontrarán excusas para no abandonar su poder de abusar, extorsionar y actuar sin respeto por nada ni por nadie.

Hacer cumplir la Ley de movilidad, transporte terrestre, tránsito y seguridad vial, 63-17, demanda del concurso de la ciudadanía y de todos los sectores conscientes, principalmente los organizados que dicen defender a la ciudadanía.

Hay grupúsculos partidarios y sectores de la disminuida marcha verde; así como otros que se dicen luchadores sociales que parecen hacer política partiendo de la idea de que toda lucha dirigida contra una autoridad constituida, sea el Congreso o el Poder Ejecutivo, es por definición legítima y debe ser apoyada. Uno diría que no reflexionan seriamente en las consecuencias negativas de ciertas luchas para los mismos pobres que dicen defender.

Observemos el apoyo que se le brinda a Hubieres, por ejemplo, incluso uno de esos grupúsculos lo ha proclamado como candidato a la presidencia.

¿Por qué no protestan por la forma gansteril con  que maneja el transporte urbano e interurbano en el país? ¿Por qué no luchar por una mayor institucionalización del transporte masivo? Se necesitan reglas claras en el transporte de pasajeros, y el final de la impunidad e inmunidad de ciertos empresarios del transporte que se dicen a sí mismos sindicalistas.

Pero, hay quienes creen que irrespetando la institucionalidad se es revolucionario, como si ignoraran que las revoluciones crean sus propias institucionalidades.

Esa forma esquizoide de hacer política es lo que más ha bloqueado el crecimiento de los movimientos sociales.

Que conste, creo que el país necesita un movimiento social fuerte y racional, capaz de actuar en lo sociopolítico, como diría Gramsci, basados en la construcción de la hegemonía de los grupos subalternos. O sea, que tenga como norte constituir una autoridad política y moral que enfrente la hegemonía de los grupos que hoy tienen la sartén por el mango. 

La apuesta al enfrentamiento pueril es el bloqueo principal de la constitución de lo nuevo, en la política dominicana. Hubieres representa todo lo viejo y caótico del transporte.

Ramón Tejada Holguín
22 octubre 2018
Podcast por la @Super7FM


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Un presupuesto realista que coloca a la economía al servicio de la gente y no viceversa


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El Director de Presupuesto Luis Reyes, ha sido bien claro, la Ley General de Presupuesto del Estado Dominicano para el 2019, fue elaborada teniendo como norte la necesidad de mantener la estabilidad fiscal y macroeconómica de la nación, que sea un instrumento de desarrollo pero que refleje correctamente el nivel de  los ingresos del estado, sin dejar de atender las necesidades básicas de la ciudadanía dominicana.

Sin lugar a dudas es un presupuesto ajustado a la capacidad de pago del Estado Dominicano, además busca fortalecer el clima favorable a la inversión, tanto nacional como extranjera, que existe en el país.

No se debe olvidar que todo presupuesto de todo país se ve afectado por diversas variables externas. Formular un presupuesto realista no es cuestión voluntarista de gente que dice, ahora voy a bajar los precios de los hidrocarburos o de los artículos de primera necesidad sin tomar en cuenta los ingresos reales del estado y la situación externa que condiciona cualquier presupuesto. Esas promesas son pura demagogia.

¿Cuáles son las situaciones externas que se deben tomar en cuenta para elaborar un presupuesto realista y que tenga la economía al servicio de la gente y no viceversa, y sin demagogia?

Primero, se prevé que nuestros principales socios comerciales, Estados Unidos y la Unión Europea, van a crecer a una tasa menor que años anteriores; lo que puede afectar nuestro intercambio comercial con ellos.

En segundo lugar, los precios internacionales del petróleo se ha ido incrementando, para el presupuesto del 2018 se había contemplado que el barril costaría 49 dólares promedio, hoy está a 72, para el próximo año se prevé que se mantendrán en ese rango o, tal vez, ligeramente más alto. Si bien, se ha estado trabajando para depender menos de los derivados del petróleo en el plano de la generación eléctrica, tanto que al 2016 solo el 29.9% de la energía se producía con derivados del petróleo y cuando se enciendan las plantas de Punta Catalina esta dependencia será mucho menor. Pero, en términos de transporte, los precios del petróleo tendrán impacto en el país indudablemente.

En tercer lugar,  el aumento de las tasas de interés de la Reserva Federal de los Estados Unidos (que es como quien dice su Banco Central) no golpean de manera directa el pago de los intereses de la deuda porque nosotros tenemos contratado un 87 % de la deuda del gobierno a tasa fija; pero hay unas implicaciones, en la medida que la tasa de interés en los EE.UU. aumenten eso puede provocar salida de capitales, y la reacción que pueden tener las autoridades monetarias es de ajustar las tasas de interés locales y eso podría tener efecto en términos del crecimiento y el empleo.
Ante esa situación el gobierno dominicano hace los ajustes correspondientes para afrontarla y lo hace con el sentido de responsabilidad que siempre ha sido su norte, sin demagogia y con claridad.

Las medidas que se propone tomar frente a este panorama internacional son:

Racionalizar y mejorar el gasto como viene haciéndolo, esta vez reduciendo aun más gastos prescindibles y reasignando a renglones imprescindibles como está haciendo en este momento, que ha decidido reasignar entre 12 mil y 20 mil millones para el manejo del déficit eléctrico, visto el imprevisto ocurrido con las plantas de ciclo combinado de AES Andrés.

El gobierno seguirá reduciendo la deuda social acumulada de forma tal que casi la mitad del presupuesto del 2019, un 45% para se exactos, está concentrado en servicios sociales: o sea para educación, para salud a través de SENASA y el Ministerio de Salud Pública y otras instituciones, para reducción de la pobreza a través de sus diversos mecanismos, 45% del presupuesto destinado a la ciudadanía.

En tercer lugar, seguirá reduciendo el déficit fiscal, atacando el problema de la brecha financiera que tenemos.  Se es consciente de que es necesario alcanzar un punto en el cual la deuda comience a disminuir como proporción del PIB; el presupuesto de 2019 disminuirá significativamente el déficit fiscal en punto cinco por ciento del PIB. Se busca que pase de 2.2 por ciento al 1.7 por ciento del PIB.  Monto que pocos países se han planteado en ausencia de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Se ha afirmado que la deuda aumentará en 2019 en más de 4 mil millones de dólares, pero eso es una confusión, o tal vez no es una confusión y alguien se quiere hacer el confuso y decirlo, el incremento NETO de la deuda será de 1,700 millones de dólares, porque una parte del financiamiento previsto, de esos 4 mil millones de dólares será para pagar vencimientos. Cuando se calcula lo que se va a pagar en intereses y amortizaciones, que son 86 mil millones de pesos, de los cuatro mil millones, quedarían dos mil doscientos millones.  En términos netos aportaría setenta y cinco mil millones, que es la diferencia entre ingresos y gastos que tiene el Gobierno. Se tomaría prestado 75 mil millones de pesos para cubrir el déficit, y ese es el incremento real de la deuda, setenta y  cinco mil millones de pesos, que es el equivalente a  mil setecientos millones de dólares.
 
Si se baja el déficit fiscal a menos de un 1.7% del PIB, o se lleva a cero el déficit fiscal del gobierno central, como ha sido propuesto por algunos sectores de manera demagógica, se tendría que disminuir la inversión pública de 121 mil millones de pesos a 40 ó 50 mil millones de pesos, o eliminar el 4% del PIB a Educación, lo que de ninguna manera beneficiaría al país.

De modo que, el Gobierno eligió seguir un camino distinto a lo sugerido, o sea ir cerrando la brecha financiera al mismo tiempo que se va reduciendo la deuda social acumulada durante décadas con los sectores más vulnerables de nuestra nación.

Ramón Tejada Holguín
Lunes 15 Octubre 2018
Podcast por la @Super7FM