Con humildad presento lo que pueden ser los 7 desafíos que tienen las organizaciones de la sociedad civil en la actual coyuntura.
1: Alejarnos del “proyectismo”. Las organizaciones necesitan sus propias estrategias de intervención, pero hay quienes participan cuando hay "proyectos" financiados.
2: Es bueno hacer sinergia con el Estado, pero hay que alejarse del peligro de caer en el “consultorismo”, es decir evitar que la participación en los mecanismos consejos y comisiones sea una forma de conseguir consultoría de parte de Organizaciones No Gubernamentales.
3 Abandono de la manía concupiscente del consenso y el “tó debemos estar juntos”. Hay áreas de coordinación como la anticorrupción, pero no en todo se debe estar juntos. Hay la necesidad de articulación de “tanques de pensamiento” de los sectores más excluidos y que ayuden al diseño de estrategias. ¿Qué organización política les representa, y cuáles tienen más oído para el mundo empresarial y de los sectores medios?
4: Resignificar lo político. Una tendencia peligrosa, dentro de las organizaciones de la sociedad civil, es el desprestigiar a la actividad política y creer que la buena participación se hace desde las esferas civiles, mientras que lo malo se encuentra en el mundo político. El universo de las organizaciones políticas y el de las organizaciones civiles se alimenta de seres socializados en la sociedad dominicana. Hay buenos y malos en todos lados.
5: Trascender la visión de que necesitamos más reformas institucionales, como si requiriéramos más leyes que engrosen las filas de los papeles que no se cumplen, ni se cumplirán. Usemos lo que hay: Ley de función pública, Ley de acceso a la información, Ley de presupuesto, Ley de compra y contrataciones del estado, decreto que crea las comisiones de auditorías sociales, Ley que establece el sistema nacional de planificación, entre otras. Las organizaciones civiles y sus representantes hemos participados de una u otra forma en el debate sobre ellas. Algunas leyes apenas se cumplen, otras se violan sistemáticamente, y a pocas le hemos dado un seguimiento constantes, o “gardeo a presión”, como se dice en el Basketball. Dejemos de pedir nuevas leyes y dediquémonos a hacer que se cumplan las existentes.
6: Necesitamos un diagnostico claro, sin temor, no complaciente de nuestra sociedad, del tejido social, del sistema político clientelar, y de las organizaciones civiles en general.
7: Finalmente tenemos el desafío de concentrar nuestras fuerzas, no seguir dispersos y quejándonos de que el otro no quiere aceptar que nuestra idea es la mejor, sin darnos cuenta que somos el otro de ese otro. Hay que dialogar entre nosotros, pero, tomando en cuenta lo diverso y plural de la sociedad civil. Muchas veces en el seno de los debates dentro de las organizaciones civiles decimos, “nosotros esto”, “nosotros aquello”, pero no nos interrogamos seriamente ¿de qué nosotros hablamos?
Ramón Tejada Holguín
El Caribe
10 agosto 2010
Alicia persigue un conejito blanco por vericuetos inenarrables: en el trayecto descubre un país de maravillas que ella transforma y a ella la transforma. Demandar la construcción de una sociedad democrática es igual: se construye la democracia y el trayecto nos descubre nuevos espacios para la acción colectiva. Alcanzar la meta es el fin del relato, pero el relato social es interminable. Desde el País de Alicia es mi persecución del conejito de la democracia, en este país de ambiguas maravillas.
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Una vuelta de tuerca necesaria
El domingo 25 de julio, a la 1:45 de la tarde nos dirigimos a celebrar el día del padre con la familia de Ruth, quien va a mi lado; manejo de Este a Oeste por la Avenida México, el semáforo de la intercepción con Máximo Gómez está verde para mí. De repente y de la nada, un Alférez de Navío adscrito a la DNCD, manejando un Toyota Tercel 1983 (datos que obtuve después) decide que la luz roja del semáforo nada significa, que a su majestad no se le aplica. En fracción de segundos veo ese bólido que viene directo a mi puerta, súbito mi pie acelera en un vano intento de esquivarlo, me impacta en el extremo de la puerta de atrás del lado del chófer, trato de controlar mi vehículo, no lo logro: nos estrellamos contra el muro de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD).
La vida es frágil, débil es el hilo que la separa de la muerte. Eso es así en el mundo entero; pero en República Dominicana las existencias de quienes manejamos dependen de los pies y las poquitas y disfuncionales neuronas de conductores insensatos e irrespetuosos de la ley. De la experiencia sobrevivimos sin fracturas; pero magullados y con un sentimiento de rabia e impotencia infinitos. La rabia de saber que nuestras existencias dependen de la irresponsabilidad de quienes tienen una relación mínima con el poder estatal, y cuyo papel es, precisamente, defendernos, proteger la nación y nuestras casas, y se creen impunes. Nos empleamos a fondo y el establecimiento de la culpabilidad y los asuntos legales se resolvieron a nuestro favor: habrá reparación monetaria. Pero, ¿quién me repara las noches de insomnio?, ¿qué puede subsanar el terror súbito de ver cómo un muro de concreto espera mi incontrolable vehículo conmigo y mi esposa adentro? ¿Los fuertes dolores del pecho, del cuello, espalda y sus posibles secuelas? ¿Quién nos garantiza que esto no volverá a ocurrir?
Cada quien puede vivir como le venga en ganas y disponer de su vida como le plazca; pero nadie tiene derecho a que sus acciones y placeres pongan la vida de otras personas en riesgo. Alguien solidarizándose con nosotros nos dijo: "Los Amet se hacen de la vista gorda con militares, policías y funcionarios y a uno le ponen multas por hablar por celular". Quien viola la ley, merece el castigo contemplado en la misma. Si la Amet se hace de la vista gorda con choferes, funcionarios y militares, no significa que hay carta blanca para violar la ley. No se trata de querer ser como el milico, funcionario o chofer de carro público. La forma en que se organiza y maneja el tránsito es la metáfora de cómo se organiza y maneja la sociedad dominicana. Necesitamos una vuelta de tuerca. Aunque suene a cliché debo decir que en las cuestiones del tránsito, quienes luchamos por la institucionalidad, debemos predicar con el ejemplo: respetar la ley y luchar para que se aplique a todos y todas por igual.
Ramón Tejada Holguín
3 agosto 2010
El Caribe
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