¿Demasiados servidores públicos por personas?

El domingo 29 de enero Nelson Suárez en un reportaje para el diario Hoy revela que "el Estado tiene un funcionario público activo por cada veintiún habitantes". Algunas personas han puesto el grito al cielo porque entienden que el principal problema de la Administración Pública Dominicana es la excesiva cantidad de servidores y servidoras del sector. De ser cierto la acción urgente del Ministerio de Administración Pública (MAP) sería la reducción de la "empleomanía estatal". Pero, ¿es ese el principal problema?

El autor del reportaje sostiene que "no tengo suficientes elementos de juicio ni datos comparativos para decir si la proporción población/empleados públicos del país es excesiva, adecuada o deficiente, pero lo que sí me arriesgo a afirmar es, que los resultados en términos de suministro de servicios públicos a la ciudadanía por parte de la Administración Pública, no son eficientes (relación costo-beneficios) ni eficaces (relación gasto-resultados)."

Pronto aparecerá algún candidato que dirá que reducirá el número de funcionarios y funcionarias. Pero, los diagnósticos y datos del Servicio Público Dominicano sugieren que ese no es el principal problema que enfrenta el Estado para lograr la eficiencia y eficacia de los y las empleados municipales, del Congreso, del Poder Judicial, del Poder Ejecutivo y de las organizaciones descentralizadas. Preguntémonos: ¿cuántos médicos de ambos sexos, enfermeras, paramédicos por habitantes necesita un país?, ¿cuándo profesores y profesoras por estudiantes de primaria, secundaria, universitaria?, ¿cuántos técnicos de ambos sexos necesita un municipio, un juzgado o el Congreso para funcionar correctamente?. En países en donde no se ha desmantelado el estado de bienestar como en Suecia la relación es de ocho habitantes por funcionario. En Finlandia, Letonia y Malta, son nueve por cabeza. En Bélgica y Francia son doce, y en España son diecisiete.

Desde este punto de vista, creo que plantear el tema de reducir los empleados públicos es obviar los problemas de fondo y elude debatir los temas substanciales. En el país existe una Ley de Función Pública buena, que establece mecanismos que pueden ayudar a la eficiencia y eficacia. Un reclamo de la ciudadanía debería ser la exigencia del cumplimiento de dicha ley y el fortalecimiento de las instituciones que la ley crea (por ejemplo el Ministerio de Administración Pública -MAP-). La ley habla del necesario funcionario de carrera y establece las formas de lograr un servicio público eficiente y eficaz.

Un tema trascendental que se obvia constantemente es la necesidad de salarios competitivos para los y las servidores públicos, ya que existe un gran nivel de inequidad salarial. O sea hay altos cargos que ganan sumas escandalosas, y técnicos cuyos salarios no les permiten sobrevivir. Hay un ministro que calculando su salario y las dietas y comisiones que recibe por su participación en juntas y directorios llega al millón de pesos mensuales, pero hay técnicos del mismo ministerio que apenas logran llegar al mes. Una administración eficiente demanda suficientes empleados, satisfechos y motivados, para dar un buen servicio.

Ramón Tejada Holguín
El Caribe
Perspectiva Ciudadana
1 de febrero 2011

¿Qué democracia apoyan?

 Según el Barómetro de las Américas (Lapop), la ciudadanía dominicana muestra un gran apoyo a la democracia, ya que en febrero del 2010 el 67% decía apoyar la democracia. Este nivel de apoyo solo se ha reducido en siete puntos porcentuales entre el 2008 y 2010. Quienes participamos en organizaciones sociales y políticas dominicanas nos quejamos del poco nivel de ciudadanía que existe en la nación, del clientelismo y del autoritarismo que permea todas las instituciones, y de la existencia de una ciudadanía de baja intensidad, es decir, que cumple a regañadientes con sus deberes y pelea poco por sus derechos. Sin embargo, la Lapop dice que el apoyo a la democracia es fuerte, e incluso que no se ve afectado por la crisis económica y otras amenazas.

En la página 43 del documento dado a conocer hace dos semanas se sostiene que "las variables relativas a la crisis económica, el ingreso familiar, el desempleo, la evaluación de la situación económica personal o nacional, y la riqueza" no influyen en el nivel que los dominicanos y las dominicanas apoyan la democracia. O sea que, a pesar de los pesares, seguimos apoyando la democracia.

El dato reforzaría mi optimismo como activista a favor de la democracia, deseo con todas mis fuerzas que sea así. Pero, como sociólogo político, debo señalar las limitaciones del indicador elegido para hablar de apoyo a la democracia. ¿Cómo se llega a la conclusión de que el apoyo a la democracia es tan mayoritario? Con los resultados del nivel de acuerdo con una sola frase.

A las personas se les decía: "Puede que la democracia tenga problemas, pero es mejor que cualquier otra forma de gobierno". Y a seguidas se les cuestionaba: ¿Hasta qué punto está de acuerdo o en desacuerdo con esta frase?" La gente podía elegir de 1 a 7, mientras más se acercara a uno es menos apoyo, y a 7 es más apoyo. Pero, ¿qué entiende la gente por democracia? ¿Qué significa preferir la democracia por encima de cualquier forma de gobierno? ¿Hablamos de lo mismo cuando decimos "democracia"? En una encuesta que realicé para el CIES en el año 2003, encontramos que el 53% de las personas entrevistadas entiende que la característica más importante de la democracia es la protección estatal a los más débiles, el 40% que es "salario e ingresos justos" y solo el 6% sostuvo que democracia significaba competencia entre partidos.

Si relacionamos los datos de las dos preguntas y las dos encuestas podemos elaborar la hipótesis de que las personas apoyan un ideal de democracia, y no el régimen actual; un ideal que les proteja de las consecuencias de las crisis económicas y les garantice cierto bienestar económico. Apoyan una democracia ideal vista desde el punto de vista material y no como régimen político.

No apoyan la democracia real, tal cual la tenemos. Por lo tanto, el apoyo a la democracia no implica que exista una ciudadanía consciente de sus deberes y respetuosa de las leyes y que exija sus derechos en cualquier circunstancia.  No necesariamente apoyan esta democracia.

Ramón Tejada Holguín
El Caribe y Perspectiva Ciudadana
25 Enero 2011