Ley de Partidos y Primarias

El país necesita reglamentar los partidos políticos y el proceso electoral, para lo que se necesita una ley de partidos y otra electoral que establezcan reglas del juego claras para el desempeño de estos.

Es cierto, ninguna ley va a resolver todos los problemas del sistema político y electoral. No hay panacea, pero las leyes son marcos que establecen comportamientos determinados para actores específicos, y esos comportamiento tienden a institucionalizarse.

En ese punto de vista, si bien la Ley de Partido no es la panacea, no es lo que va a resolver todos los problemas, es obvio que promoverá comportamientos que terminaría convirtiéndose en costumbre y mejorarán el desempeño partidario. Estemos claros que todos los sistemas o formas de elección tienen sus ventajas y desventajas.

Pensemos en las características del país y el sistema de partidos y en función de eso elijamos la herramienta que mejor que convenga al sistema. Tomemos en cuenta la realidad de los partidos políticos, no el cómo quisiéramos que fueran, sino lo que son. 


En los último 12 años no ha existido un proceso electoral interno sin trauma. 

Hablo de todos los partidos, bueno salvo los partidos personales, esos partidos de líder único como Alianza País o APD u Opción Democrática, que solo tienen un candidato y jefe partidario. 

Rápidamente pensemos en los partidos mayoritarios y veamos si tienen un equipo de personas que pueda hacer las voces de comisión electoral en la que todos los que están enfrentados en la candidatura puedan decir "depositamos mi confianza en ustedes".

¿Quiénes pueden hacer papel de juez si todos los involucrados tienen intereses y apoyan a uno de los candidatos?

Por lo que sería bueno tener un juez exterior, en este caso la Junta Central Electoral (JCE) que organizaría las primarias.

En los partidos políticos dominicanos se solapan los puestos de candidatos y los de dirigentes partidarios, es decir, carecen de un grupo de personas cuya principal labor es el funcionamiento partidario. Ideal sería que la dirección partidaria se convierte en quien dirige día a día la cotidianidad del partido y pueda servir como un tercero que puede convocar a los demás. Pero, los últimos 12 años demuestran que eso no ha sido posible.

Es un hecho objetivo que en nuestro país ninguno de los partidos tienen la capacidad para organizar un proceso electoral sin trauma. La opción de primarias abiertas y simultáneas, o sea, realizada el mismo día, en el mismo horario y con el padrón de la JCE es la mejor en el contexto de la situación actual del sistema de partidos políticos dominicanos.

No digo que la opción de primarias abiertas y simultáneas es la mejor forma en sentido general, sostengo que es la mejor para la República Dominicana en el contexto actual.

El contexto se caracteriza por: a) incapacidad sistemática de organizar elecciones internas, b) distanciamiento de los partidos de sus bases y anquilosamiento de las direcciones, c) ausencia de circulación de las élites partidarias, d) Mecanismo rígidos para llegar a los puestos de dirección y a las candidaturas. Estas situaciones y otras, provocan cierto distanciamiento entre los partidos y la sociedad en general.

Las primarias abiertas y simultáneas ayudaría a que la ciudadanía se sienta mejor representada por los partidos. Estoy convencido que se lograría un fortalecimiento en los partidos políticos.

En cuanto a lo monetario, es imposible que un proceso de esta naturaleza tenga un costo mayor que las elecciones nacionales. Argentina tiene primarias abiertas y no hay evidencias de que tengan un costo mayor, además, una proporción importante del dinero para organizar las primarias puede salir de la cuota de los partidos. A estos en años electorales se les asigna el 0.5% de los ingresos nacionales, una proporción de eso puede usarse para financiar las primarias abiertas y simultáneas.

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Diminutos espacios homogéneos

Hay quienes crean espacios diminutos en los que solo caben quienes comparten las mismas ideas.

Las redes que ponen en contacto con el mundo y la diversidad son usadas para excluir y satanizar. 

Es como si la homogeneidad deviniere en espíritu de la época.

Paradójico: en un mundo con tantos medios y redes para expresar y confrontar ideas, hay tendencia a una sordera elegida, autoimpuesta. 

La conversación parece ir hacia un olímpico desencuentro con la racionalidad y la reciprocidad verbal.

Vemos a la sinergia huir despavorida por la boca y lengua de quienes creen tener la razón absoluta, y condenan a quienes no son como ellos y ellas.

No hay primera piedra que tirar, sino ideas que enfrentar y contrastar, conclusiones a la cuales llegar en base a un dialogo franco.

La democracia es debate, convergencia de lo disímil, ideas sin dueños o dueñas que se enfrentan... con argumentos. Ideas que no debe importar quien las postule, sino su validez intrínseca.

Hay amistades y cariños que la historia, no la histeria, deberá absolver, que no absorber.

Propicio es este momento para escuchar a Dave Mason y su We Just Disagree: "No hay un tipo malo, ni hay un tipo bueno, es que simplemente no estamos de acuerdo”