Los requisitos para formar nuevos partidos contenidos en la Ley de Partido son justos, y la Ley de Partido es constitucional.

La pasada semana leí dos baladíes argumentos contra la Ley de Partido, ambos, creo, que son falaces e injustos. El primero es que la Ley de Partido “se la pone difícil a las nuevas agrupaciones”; como quien dice que debería ser más fácil formar un partido, o que se debería hacer como con las empresa, ventanilla única.


En República Dominicana hay demasiados partidos. Hasta ahora existían reglas flexibles para la formación de nuevas agrupaciones políticas, había quienes pensábamos que eso era correcto, porque puede permitir que el sistema político no se estanque, que no se perpetúen en el poder partidos anquilosados y arterioscleróticos.

En teoría los nuevos pueden jugar el papel de ser portadores de ideas renovadoras, de defender intereses de sectores vulnerables y minoritarios, y ser la cantera en que se forjan nuevos liderazgos, lo que hace que los partidos del sistema deban competir con estos y por lo tanto renovarse también. Suena bonito, ¿no?

Desde esa óptica podemos decir que no se recomienda poner trabas a la formación de nuevas organizaciones políticas.

Empero, las reglas en materia electoral tienen sus pros y sus contras, y se puede argumentar que la flexibilidad no ha permitido la construcción de nuevos liderazgos. Sino, todo lo contrario. Sí, ha sido todo lo contrario, lo nuevo se convierte en lo viejo más rápido que inmediatamente.

Hay evidencias de que la mayoría de las organizaciones políticas minoritarias y las que se forman terminan siendo carne del clientelismo, aderezo para una ensalada de oportunismo y venta de lealtades. No es ocioso señalar que, además, quienes han tenido el control de la JCE en el pasado; también se han lucrado con la formación de partidos y las reglas establecidas no eran respetadas del todo.

Muchos de los llamados partidos emergentes se comportan como apéndices de los partidos con mayores posibilidades electorales, como lunas que giran alrededor de los partidos más grandes y de mayor tradición.
 
Algunas de esas organizaciones son en realidad MIPYMES (o sea Micro, Pequeñas o Medianas Empresas) que aportan beneficio para sus dirigentes y otras nunca han transitado un espacio en solitario, algunos son partidos familiares, Castillos de señores conocidos.

¿Es correcto que a los partidos nuevos se les pida que expliquen  sus principios, propósitos y lineamientos, y que elaboren sus estatutos? Claro que sí.

¿Que se les pida que digan quiénes son sus directivos y el nombre y lema del partido y otros requisitos similares? Claro que sí

¿Es correcto que se les pida declaración jurada de que consiguieron real y voluntariamente un número de firmas equivalente al dos por ciento de los votos válidos emitidos en las últimas elecciones? Claro que sí, deben tener militantes para ser partidos reconocidos y no deben engañar diciendo que la firma no es un compromiso de apoyo. Quién firma se asume como simpatizante del partido.

¿Es correcto que se les pida pruebas de que el partido político tiene organismos de dirección provisionales operando y funcionando en, por lo menos, cada uno de los municipios? Claro, que sí, sino tienen gente en cada municipio cómo presentará candidaturas.

¿No es correcto que se les pida el presupuesto de ingresos y gastos del partido con indicación detallada de los aportes recibidos y sus fuentes, así como de los egresos realizados hasta la fecha de solicitud; nombres y cargos de las personas autorizadas a recabar y recibir fondos a nombre de la organización política y de las que aprueban los desembolsos y detalles del manejo de fondos? Claro que sí, es un ejercicio de transparencia y que reducirá el financiamiento ilícito y proveniente de lavado.
 
¿Es correcto prohibirles “concurrir aliados en el primer proceso electoral ante el cual se presentan? Es muy correcto. O vamos a seguir permitiendo que se creen partidos rémoras, sin identidad, que solo saben ir aliados de los más grandes, para vivir de ellos.

¿Es correcto que se les pida que obtengan por lo menos un uno por ciento de los votos válidos emitidos en las últimas elecciones nacionales ordinarias? Sí, estamos cansados de eternos candidatos que una y otra vez buscan el reconocimiento electoral, reciben dinero de del gobierno y por más de 20 años la gente evidencia que no les votaría.

¿Es correcto que se les niegue el reconocimiento a partidos que hay sido reconocidos dos veces, que pierden el reconocimiento y vuelven a intentarlo? Claro que sí, por las mismas razones anteriores.

Como podemos ver lo que pide la Ley de Partido para la formación de nuevas agrupaciones polititicas, son requisitos justos, correctos y en el mediano plazo ayudarán a mejorar el entorno político.

La según barbaridad que escuche esta semana, la dijo el activo presidente de la Junta Central Electoral, que interviene demasiado en las cuestiones partidarias, casi siempre apoyando la visión de un tendencia muy especifica. Ha dicho que colocar en la Ley de Partido el requisito de que para ser precandidato hay que tener un tiempo militando en un partido es inconstitucional.

El señor Presidente de la JCE obvia un aspecto muy importante. No hay problemas en que una persona que no sea militante del partido vote dentro de su proceso electoral; pero en el caso de las candidaturas, llevar personas extra partidos debilita la cohesión interna y desestimula la militancia. Además, abre la puerta para que el dinero pueda más que la militancia y el compartir los principios partidarios en la conformación de las precandidaturas. En otras palabras, la selección de quiénes deben ser los precandidatos en una primarias abiertas debe recaer sobre la militancia, y todo el que desee ser precandidatos debe tener un tiempo de militancia dentro del partido que permita decir que al menos conoce el proyecto de sociedad a que aspira el partido.

Los partidos políticos para fortalecerse, deben tener dirigentes y candidaturas que compartan la misma visión del tipo de sociedad que promueven, para lograr mayor cohesión interna y respeto a la militancia, no puede permitir que cualquier persona que no sea militante y que no comparta los principios del partido sean precandidatos.

La Ley de Partido actual no es perfecta, más se acerca a lo que el sistema político dominicano necesita hoy día.


Ramón Tejada Holguín
24 septiembre 2018
Podcast por la @super7fm
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