Como dice Fito Paez: yo vengo a ofrecer mi corazón

La sociedad dominicana camina por terreno pantanoso y parecería estar llena de podredumbre y lodo hasta las rodillas. La corrupción, la compra y venta de conciencia y de plumas y de bocas campean por sus fueros. La inmundicia es un buitre que sobrevuela las almas. La mentira y la traición son premiadas cual hazañas loables e imitables. Nosotros, ilusos e ilusas impenitentes, buscamos "un tranquilo y seguro camino al futuro", como dijo D.H. Lawrence. Pero el futuro se observa como nebulosa indescifrable. No queremos este presente de democracia secuestrada, sin embargo nos acongojamos frente a la incertidumbre de lo que el porvenir podría depararnos. Cierto sentimiento de desamparo y desprotección nos embarga.

Estamos en medio del camino con un gran temor: nos da pánico el futuro porque no sabemos de qué tendremos que defendernos, ni si tendremos las fuerzas suficientes para enfrentar los retos y desafíos por nuestra cuenta y riesgo. Por eso siempre estamos buscando los culpables fuera de nosotros mismos. Hay quienes desean protegerse de la incertidumbre lamiendo las migajas que politicastros dejan caer mientras pasean sus enormes y largas colas llenas de babas e inmundicias. Hay quienes sostienen que los políticos nos han sumido en estas tinieblas porque actúan en función de sus intereses personales. Otros dicen que los políticos son seres humanos comunes y corrientes, hechuras de nuestra cultura, por lo tanto son proclives a los exabruptos y a la discusión insensata tanto como cualquiera.

Hay quienes culpan a nuestra cultura, a esos dominicanos que gustan de la chercha, del espectáculo y del circo, esos que prefieren el chisme al dialogo, que actúan con indiferencia, o que forman parte de las redes clientelares que han perneado la sociedad de arriba abajo y de abajo hacia arriba. Otras sostienen que los culpables son los empresarios que sólo piensan extraer las riquezas nacionales para usufructo personal, sin importarles el medio ambiente, sin importarles la pobreza que padece la gran mayoría del país. No falta quien culpa a la globalización y el mercado internacional, a los gringos, a la sociedad civil, al comunismo ateo y disociador... en fin, hay una gama de culpables, sólo tiene usted que elegir su culpable favorito.

Buscar culpables es una de las tareas más tranquilizadoras que existe, ya que culpando a otros nos eximimos de responsabilidad a nosotros mismos. Pocas veces nos preguntamos qué hacemos para que las cosas sean diferentes. De qué manera la indiferencia ciudadana, el desencanto y la inacción son tan culpables como el más favorito de los culpables. Ahora me viene a la memoria Fito Paez, y digo que él tiene razón cuando canta "¿quién dijo que todo está perdido? / Yo vengo a ofrecer mi corazón". No se trata de buscar culpables simplemente, hay que buscar los corazones necesarios para unirse al coro que nos permita construir la forma de salir del atolladero en que estamos, de evitar el lodazal que se nos viene encima. No basta culpar a otros, a fin de cuentas quien encuentra culpables y no hace nada es cómplice.

Ramón Tejada Holguín
El Caribe
23 de noviembre

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